Carolina Leitao: “Las mujeres no necesitan padrinos, necesitan tomarse los espacios”

La flamante alcaldesa de Peñalolén dice que tuvo dos escuelas: con Orrego aprendió que para avanzar hay que arriesgar y con Labbé, que hay que elegir las batallas que se quieren dar.

Por María José Errázuriz L.
Ju. 31 de enero de 2013, 08:13
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Su hija de 10 años se mueve por las oficinas de la municipalidad mientras ella está ocupada en reuniones, una tras otra. Cada cierto rato le sonríe y recuerda que van a almorzar juntas y que en la tarde estarán en primera fila en la función de teatro que habrá en la casa cultural.

Desde que asumiera como flamante alcaldesa de Peñalolén en diciembre, Carolina Leitao (39), ha visto cambiar su vida, de una forma quizás menos radical que hace dos años, cuando tras una intervención quirúrgica gástrica, logró bajar de peso y recuperar su salud.

Asegura que su nueva relación con la comida no fue impedimento para desarrollar tranquila y sin ansiedad (de tener que comer todo lo que le ofrecieran) los ‘puerta a puerta’ que emprendió en la dura campaña electoral.

“Fui feliz, porque antes hubiera caminado dos cuadras y habría caído agotada. El tema de la comida es más complejo en las reuniones, pero ya aprendí pasar directo al té, llenarse de agua. Ahora, igual pruebo cosas, en vez de comerme toda la sopaipilla, me como la mitad.. y a veces me pasaba al revés, que entre puerta y puerta tenía que parar para comprarme un yogurt porque me daba fatiga”, cuenta, graficando los cambios que ha implicado la intervención.

Abogada, por tres períodos concejala en Providencia, tiene una extensa carrera política, en el segundo plano, y que inició en el gabinete del ex diputado Gutenberg Martínez y continuó como asesora del ex alcalde Claudio Orrego. A Peñalolén llegó como la encargada de erradicar la toma en los terrenos de Nasur y se quedó a cargo del área de vivienda, desarrollando en paralelo su función fiscalizadora sobre Cristián Labbé.

-¿Ser concejala en Providencia fue la mejor escuela que pudiste tener?
(Se ríe) “Fue bueno porque aprendí a definir cuáles iban a ser mis batallas. Ser concejal de oposición hincha pelota no era mi estilo; no quería ser conocida por estar molestando al alcalde. Por eso me concentré en las cosas que realmente tuvieran sentido como cuando compró la mesa de Pinochet, o sus desalojos de liceos. Las otras batallas las dimos al interior, consciente de que era minoría porque así lo habían decidido los vecinos”.

-¿Tú mayor crítica a Labbé es su pasado pinochetista o su extremo machismo?
“Mi principal crítica hacia él es su extremada soberbia. El no entender que los tiempos habían cambiado, el creer que se las sabía todas y la poca capacidad de escuchar. Creo que uno puede ser fanático en algo, pero llega un momento, cuando todas las voces te hablan, en que hay que sentarse y reconocer que se está equivocado. Creo que él se equivocó, se siguió equivocando y persistió; nunca dio su brazo a torcer”.

-Estabas simultáneamente en dos municipios. ¿Te hacía ruido estar en uno con muchos recursos y después en otro como mucha vulnerabilidad que atender?
“Más que ruido, me permitió comparar muchas cosas. Políticamente, la diferencia entre el rol del concejal y el alcalde es infinitiva porque uno administra y gasta y otro sólo fiscaliza, pero no puede generar política pública. En Peñalolén gestionaba y en Providencia estaba totalmente limitada.
“Si bien todo implicó más pega, sin horario, sin fines de semana porque Orrego es bien intenso, pude percibir las diferencias abismantes, en términos de recursos, entre un municipio y otro. Peñalolén y las comunas populares son castigadas por tener vecinos que no pagan contribuciones ni tienen vehículos que son los ingresos por patentes. Hay un error en el diseño y se castiga con eso la pobreza”.

-Has asumido una de las comunas populosas, ¿tras Orrego, la vara quedó muy alta?
“Siempre le pregunté a la gente a que se referían cuando hablaban de continuidad del proyecto. Les preguntaba ¿qué es hacer lo mismo? Y al final lo más valorado es la capacidad de innovar que tenía él, hacer trabajo en terreno y posibilitar la participación de todos, con dirigentes vecinales agotados. La vara alta tiene que ver con un estilo más que la gestión misma”.

-Viendo tu caso personal, ¿crees que las mujeres tienen que tener padrinos en política? Tu elección está ligada a Orrego.
“No creo que necesitemos padrinos, lo que necesitamos es que nos permitan tomarnos esos espacios que podemos ocupar. Siempre es más fácil cuando alguien te da la oportunidad de mostrarte, en mi caso, he trabajado 8 años en Peñalolén y me gané este espacio trabajando en la calle, junto a Orrego, en temas conflictivos. Efectivamente, Gutenberg me dio el empujón al ofrecerme ser candidata a concejal y después Orrego me trajo para acá, pero al final uno tiene que ganar la elección”.

-¿No crees que las mujeres en política son subvaloradas? Las electas han sido elevadas a categoría de emblemáticas o milagrosas.
“En general, en la vida y en la política, soy poco quejumbrosa. No me quejo sobre los espacios de las mujeres, más bien creo que cuando tienen voluntad de tomarse espacios, se los toman. Cuando uno quiere liderar tiene que estar dispuesta a pasar por el desierto; esto no tiene tanto que ver con que no te den la pasada, sino que el sistema político es poco amigable con las mujeres. Tomar la decisión de meterse en esto tiene un costo personal y familiar que muchas no asumen. Hoy las mujeres que quieren estar, han tenido oportunidad de hacerlo”.

-Trabajaste en las redes ciudadanas de la campaña de Michelle Bachelet y hoy estás con Orrego. ¿Tu corazón está dividido?
“Más que dividido, tengo claro que con Orrego hemos construido una amistad en estos años. Con la Presidenta siento un cariño especial porque me invitó a trabajar en su comando, pero yo soy una concertacionista y creo en los proyectos colectivos. Si mañana la/el candidato es ella u Orrego, u otro, yo voy a estar detrás porque será mía, propia”.

-Muchos apuntan a la renovación de la política y que Bachelet no es eso, precisamente.
“Creo que, como en todas las cosas, en la política hay atributos que son importantes. Hoy se puede decir que uno es la renovación de cara, pero creo que este gobierno ha sido tan malo que la gente tiene una añoranza respecto del gobierno de Bachelet. Piñera prometió renovación e innovación y creo que el resultado es que la gente le tiene miedo a eso porque ha sido mala la experiencia.
“Efectivamente, estamos divididos entre la renovación y la estabilidad de algo conocido. Por eso la imagen de Bachelet tiene que ver con la experiencia y Orrego con la innovación y capacidad de soñar nuevas cosas. Ambos atributos son positivos y la gente tiene que valorar cuál le importa más”.

-¿Hay muchos en tu partido que no están dispuestos a dar la pelea de innovar?
“No, porque hay gente que vive de la estabilidad y no está dispuesta a arriesgar y si hay algo que aprendí con Orrego es que si se quiere avanzar hay que estar dispuestos a arriesgar y tomar decisiones difíciles, poco populares. Hay varios en mi partido que prefieren el statu quo y no arriesgar nada”.

-Dices que Labbé no escuchaba. ¿Crees que ése es uno de los problemas que tiene la política hoy, además del statu quo?
“Absolutamente, la falta de empatía y conexión con la gente es total. Cuando la gente ve los temas que se abordan en política se pregunta qué tiene que ver eso conmigo, con lo que me pasa. Creo que hay una falta de conexión –que no se da a nivel de alcaldes porque uno está en terreno- con la ciudadanía grande, pero, ojo, eso no puede implicar que no se hable del binominal u otras cosas, porque si bien la gente no entiende de eso, sabemos cuál es su trascendencia”.

-¿Cuál es la salida a esto, que algunos ya llaman crisis?
“Creo que hoy hay una crisis de representatividad, pero se aborda de distinta manera. Primero, falta educación cívica, esto no es un problema sólo de los políticos, sino también de las personas. Cuando la gente vota por alguien probadamente corrupta, o por alguien que no tiene competencias para el cargo, la responsabilidad no es sólo del elegido, sino también del elector que tal vez no se informa bien al momento de sufragar."

-¿Y del partido que lo postuló? Porque por algo llegó a candidato.
“Es que legalmente puede serlo si la persona ya cumplió la pena y no fue inhabilitado. Y no tiene que ver sólo con corrupción, sino que también con violencia intrafamiliar o ser de la farándula… No descalificó a estos últimos a priori, no tiene nada de malo ser de ese mundo, pero sí el ser votado sólo por ser de la farándula o salir en la tele. Ahí se muestra un problema del civismo y de política, de ambos.
"A los partidos por supuesto que le cabe una gran responsabilidad, por ejemplo en Peñalolén tenemos la situación de la renuncia de la concejala Carla Ochoa, donde yo no dudo de sus buenas intenciones, pero aquí claramente la UDI tiene una responsabilidad al llevar una candidata sólo por cálculo electoral, sin considerar las implicancias y las funciones del cargo, estas son las cosas que lamentablemente contribuyen al desprestigio de la política.
“En esto es muy importante la imagen, el sistema está muy desprestigiado porque hay muchos parlamentarios que dan un mal ejemplo y a los alcaldes nos pasa lo mismo. Esto chorrea y salpica para todos lados”.