Koke Santa Ana: La fama de un borracho gracioso

Desde que se hizo conocido con los videos de las “42 frases”, el actor vio cómo su popularidad crecía, lo que le significó más trabajo en lo suyo y un sinnúmero de curiosas y descaradas propuestas de affair. Varias de éstas, hechas por personas con varias copas de más. “El copete no es para todo el mundo”, asegura.

Por Ángela Tapia. F., Emol
Mi. 06 de febrero de 2013, 08:30
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Matías Quilodrán, El Mercurio.

Matías Quilodrán, El Mercurio.

“Hice de todo. Lo único que me faltó fue ser actor porno”, cuenta Koke Santa Ana (29 años), el actor que el año pasado, prácticamente fue lanzado a la fama por la productora Woki Toki, para protagonizar los más exitosos videos de "las 42 frases".

El censista fue el que puso en el mapa de la web a Koke, actor de la Escuela de Consuelo Holzapfel y compañero, entonces, de Tomás Verdejo (“Los 80”), y quien no tenía mucho contacto con el mundo de internet, desempeñando su oficio, más que nada, en teatro y televisión.

“Llevo cuatro años viviendo en Santiago”, cuenta el viñamarino, que dejó sus tierras para venirse a la capital, porque no le salía a cuentas viajar para cada casting que había, de los cuales, en la mayoría no lo llamaban. “Y ahora con esto, me llaman solos. Es muy gracioso”.

Su currículum también cuenta con varios roles de extra en teleseries -y personajes de hombres golpeadores en las recreaciones de los matinales- y por poco, el trabajo de vedetto. Hoy recuerda: “Tenía como 18 años, pero me miraron con cara de risa y me mandaron al gimnasio, porque era muy flaquito”.

Al momento de hacer el video que le trajo tanta popularidad, trabajaba en una empresa que vende planes de celulares, pero al mes lo echaron por pedir permiso para hacer de censista. Poco importó. Luego, el borracho, el oficinista, el parrillero y el conductor ebrio le asegurarían más tranquilidad a fin de mes.

“A las dos horas del primer video de las frases, ya lo habían visto miles de personas, y me empezaron a llamar de los diarios, pero yo no entendía nada. Me invitaron hasta a ‘Quién quiere ser millonario’ (…) Siempre he sido súper nulo con las tecnologías, pero me di cuenta de la importancia de YouTube hoy en día; es la nueva tele. Hoy la gente elige qué ver ahí y decide si quiere que otra persona lo vea.  Por eso hoy las empresas se tiran a internet, porque se dieron cuenta que es la mejor publicidad”, dice el personaje que solo en el video del borracho, ya tiene más de 5 millones 500 mil visitas.

-¿Te da miedo quedarte como el actor de las frases?
“No, porque siempre me van a encasillar con lo que estoy haciendo, y creo que aún falta que lo hagan con veinte personajes más. Durante un año fui el que le tenía que pegar a la señora y ahora soy el  que dice frases graciosas”.

Hoy, aunque debe lidiar con la idea de que la gente crea que siempre anda curado, por lo que le piden constantemente una frase en la calle, está feliz de que se le hayan abierto las puertas para poder contar con papeles en “Infieles” o “El teatro en Chilevisión”, mientras trabaja en Vía X para un nuevo programa de humor.

-Para hacer los videos de los borrachos, ¿te ayudó la observación de la realidad o la experiencia propia?
“La propia. Me acordaba de esas borracheras que me mandé en Valparaíso. Las ‘maraquinwis’ salieron en el minuto y se transformó en hit. ‘¡Ahí va el maraquinwis!’, me gritan a veces. Y algunas mujeres incluso me dicen que son ‘maraquinwis’. Es como un insulto disfrazado. Una vez, en Casablanca, fui a un evento donde elegían la Miss Maraquinwi. Se subieron tres minas al escenario, y una bailaba y se agachaba, mostrando hasta lo que había comido. ¡Y ganó poh!”.

-Llama la atención a algunas mujeres que entre las frases típicas del borracho se incluyera el llamar a “unas maraquinwis”…
“(Ríe) Hay gente que se identifica con eso. Pero no tiene por qué ser alguna mujer pagada. Puede ser incluso una amiga que es más generosa de cuerpo”.

-Hay gente que se identifica con eso, y otra, que lo hace con el que toma hasta morir.
“ Sí. Pero la verdad es que encuentro bien positivo el alcohol. Te desinhibe y si lo haces con moderación, no hay problema, a diferencia de las drogas. He tenido muchos amigos metidos en la coca y en rehabilitación, y es triste, quedas marcado. En cambio, el copete te relaja, te atreves a decir cosas como que te gusta alguien, cosas inocentonas de las que te puedes reír. Por eso creo que a los videos de los curados les fue tan bien. ¡Quién no tuvo el abuelito curado! Es divertido que la mamá, que no toma nunca, se cure con un pisco sour. Al final te terminas riendo un mes de eso. Yo apoyo al curado gracioso”.

-¿Y cuál es el pesado?
“El que llega choro a pedir una frase, el jugoso, o minas que se curan y te ofrecen cosas. Una cabra una vez, cara de palo, me dijo que fuéramos a una pieza, toda curada. Le dije que no, pero ella le contó a todo el mundo lo de la invitación. ¿Te imaginas al otro día la vergüenza que todos te recuerden lo que hiciste, y que para peor, te dijeron que no? Yo no prendo así, de forma tan evidente. Soy más romántico”.

-Parece que  comprobaste que la fama suele ser afrodisíaca.
“Sí. Me pasa que esas minas que no me pescaban antes, a las que les tenía que inventar un motivo para poder llamarlas, o me colgaban, ahora me llaman para que nos juntemos, es heavy. También están las chicas que ahora son bien patudas. Una me escribió la otra vez: ‘Tú que estás codeándote con gente tan famosa, deberías salir con alguien normal. ¿Salgamos juntos?’. Yo no sé, tal vez creen que uno les podría decir que sí. Pero cuando son tan patudos, ni respondo. Dame un hijo, me dijo la otra vez un gallo”.

-¿Pololeas?
“Sí, hace un año y algo”.

-¿Tu polola no se pone celosa de tanta niña ofreciendo cosas?
“No, pero últimamente estamos peleando harto por tonteras. Así que puede ser en parte por eso. Pero soy súper fiel, nunca he puesto el gorro. Me lo han  puesto a mí ene veces. Tampoco he terminado con alguien, siempre me han pateado. Me acuerdo que una vez me pusieron el gorro al lado mío, y le decía: ‘Por favor, no hagas eso, ¿ya? ¡Estoy acá al lado!’. Ella me contestaba, súper curada, ´’pero mira, si tiene un aro en la lengua’. Al otro día tenía que contarle lo que había hecho, porque ni se acordaba. Pero ya no estoy en esas. Ahora me valoro más. Creo que antes tenía muy baja autoestima y me buscaba este tipo de mujer”.

-Llamabas la desgracia.
“Claro. La gente aparece porque la buscas. Esas mujeres que alegan que todos sus pololos han sido malos, es porque los buscan. Hay que abrir los ojos y ver qué es lo que quieres para ti. Cuando me pasó eso, tenía 22 años, y mis amigos me llamaban para decirme que tenía que controlar a mi polola, porque les ofrecía irse con ella para la casa, y yo la defendía: ‘¡Es que con los copetes no se acuerda!’, como los huevones”.

-Viste que el alcohol tan bueno no es…
“Lamentablemente, hay personas que se borran. El copete no es para todo el mundo. Yo abogo por el que toma con moderación y que no maneja su auto. Hay que saber controlarse para no terminar mal”.

-¿Cuál es tu vicio privado?
“Siempre he sido muy supersticioso. Sobre todo, antes de actuar; me propongo manías. Recojo todas las monedas de peso, no paso debajo de las escaleras y escapo de los gatos negros. Soy obsesivo compulsivo también. Cuando chico tenía TOC muy desarrollados. Podía estar mucho rato haciendo la cama, porque sentía que quedaba mal y la volvía a hacer. Así que ahora evito hacer ese tipo de cosas”.

-Excusas baratas para no ordenar tu casa.
“¡No, soy súper limpio! Antes de comer, ya lavé la fuente donde cocinaba. Me gusta cocinar. Hago porotos granados, empanadas… Vivo con mi polola y dos amigos. También tengo pescaditos, que me relaja mucho mirarlos”.