Elegir falda o pantalón desata la revolución en universidad tailandesa

Demanda de grupo de transexuales por dejar el uniforme obligatorio ha generado debate.

Por Miguel F. Rovira, EFE
Ju. 07 de febrero de 2013, 08:32
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 BANGKOK.- La revolución por la igualdad de género se abre paso en las universidades tailandesas de la mano de estudiantes lesbianas y transexuales que exigen poder elegir vestir en clase el pantalón o la falda que completan el uniforme reglamentario.

El germen de esta rebelión surgió en la Universidad de Thammasat, en Bangkok, cuando un grupo de estudiantes transexuales con una trayectoria académica excelente amenazó con boicotear la ceremonia de graduación, si la junta rectora les obligaba a subir al estrado a recoger el diploma de la licenciatura vestidos con el uniforme universitario de varón, o sea con pantalón negro y blusa blanca.

La solidaridad de casi la totalidad del alumnado con el grupo de estudiantes transexuales agravó el problema de la universidad, que había organizado una ceremonia de graduación con la pompa y boato que establece el protocolo cuando esta es presidida por el heredero al Trono, el príncipe Maha Vajiralongkorn, o cualquier otro miembro de la familia real tailandesa.

No está del todo claro si el centro universitario, considerado uno de los mejores del país, entendió que se trataba de un innegable derecho de los estudiantes transexuales o si, bien, quiso así evitar un desaire al príncipe que ya había hecho un hueco en su agenda.

Pero la universidad solicitó autorización a la Comisión de Enseñanza y a la Oficina de la Casa Real para que aquellos jóvenes pudieran acudir a la ceremonia portando falda en vez de pantalón.

Tras conceder permiso a la universidad para dar la libertad a sus estudiantes de vestir un uniforme u otro, las autoridades educativas se apresuraron a precisar que aquel se había extendido en un caso especial y que no significaba que automáticamente se aplicaría en el resto de los centros universitarios de Tailandia.

Con contundencia, Pirom Kamolratanakul, rector de la universidad nacional de Chulalongkorn, aseguró que mientras estuviera al frente de esta institución docente considerada la de mayor reputación, no permitiría vestir falda a los estudiantes inscritos como varones en el registro oficial y que lo mismo regiría en el caso del pantalón para aquellas alumnas que constasen que eran mujeres.

"Aquí se respeta la tradición", dijo el rector a la prensa local. La obligatoriedad de vestir en las universidades y escuelas del país el uniforme específico, siguiendo el dictado estético de las autoridades educativas, perdura desde la década de los 40 del pasado siglo y fue introducida por el dictador de entonces, el mariscal Plaek Pibulsonggram.

Dice la normativa que incumplir la obligación de vestir el uniforme dentro del centro conlleva el riesgo de expulsión e incluso en el de no admisión en ningún otro del país.

El ejemplo de lo ocurrido el pasado agosto en la Universidad de Thammasat ha servido para expandir la idea de lucha por la igualdad de género entre las comunidades de personas transexuales y lesbianas de familias tailandesas con recursos económicos y la posibilidad de cursar estudios universitarios en cetros públicos o privados.

Decenas de estudiantes homosexuales de la universidad capitalina de Suan Sananda Rajabhat han emprendido esta semana una campaña de protestas con la finalidad de exigir igualdad de derechos para todos los géneros.

Las estudiantes lesbianas de esta universidad denuncian que en el centro se trasgreden sus derechos básicos al obligarles a acudir a clase vestidas con falda cuando ya tienen el aspecto de hombre, mientras que quienes son transexuales tienen autorización para elegir entre el uniforme masculino o el femenino.

"Yo solo me pongo la falda después de entrar en la universidad y antes de salir de esta me la quito para ponerme mi pantalón. ¿Qué hay de malo en vestir el uniforme de chico cuando ya parezco un chico? ", dice Jinda Pigulgaew, estudiante de tercer año de magisterio.

En Tailandia, las personas transexuales resultan muy visibles en la sociedad, tanto en la más cotidiana como en la del espectáculo, aunque sus derechos no están reconocidos, y aunque legalmente no pueden cambiar de sexo se estima que cientos lo hacen cada año en las clínicas del país en las que no es necesario completar antes los tramites burocráticos que se requieren en otras naciones.