Alejandra Castellón: "En la historia de Chile se viven emergencias todos los días"

La encargada de uno de los programas más queridos de Desafío Levantemos Chile, "A mí sí me importa", asegura que cada vez que logran realizar un proyecto, especialmente los más difíciles, sienten la presencia de Felipe Cubillos y el resto del equipo que murió en el accidente de Juan Fernández.

Por María José Errázuriz L.
Ju. 21 de febrero de 2013, 08:25
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Amalia Cubillos, el rostro de Desafío Levantemos Chile tras la muerte de su padre Felipe, se ha tomado un descanso, pero las oficinas de la fundación siguen a toda máquina trabajando y en ellas se respira entusiasmo, adrenalina y pasión.

Una decena de jóvenes, casi todos vestidos con una polera blanca y la estrella de Desafío, se mueve en la casa-container que luce en sus paredes exteriores las fotos en blanco y negro de los voluntarios que murieron, junto a Cubillos, en el accidente de Juan Fernández, en septiembre de 2011.

Uno de esos colaboradores, comprometidos, es Alejandra Castellón (28), publicista, que aterrizó en la ONG en junio de 2011 y hoy está al frente de “A mí sí me importa”, un programa que Felipe siempre presentaba con la historia de un niño, un poeta y una estrella de mar.

El paso del tiempo no ha implicado olvidar los consejos del fundador. Alejandra asegura que sienten la presencia de Felipe cada vez que un proyecto difícil, que ha implicado mucho trabajo, logra concretarse. “Ahí es cuando sentimos que están presentes… cuando vemos algo como inalcanzable y se nos abren las puertas, sentimos que están ahí”.

Tienen claro que el terremoto y la urgencia de éste han sido superados, pero, como sostiene convencida, “en la historia de Chile, las emergencias se viven todos los días; todos los días algún chileno vive un terremoto y en eso estamos enfocados”.

-¿La emergencia social en este país los hace mantenerse vigentes?
“Felipe siempre dijo que el terremoto de 2010 sólo abrió una ventana que nos muestra el terremoto diario que viven los chilenos; los que viven en campamentos, los que están en situaciones vulnerables y que nadie ve, ni la televisión muestra”.

-Pero ese trabajo social ya lo hacían muchas instituciones en Chile. ¿Por qué seguir con Desafío?
“Es verdad, hay muchas y todas abocadas a áreas como los ancianos, los niños y nosotros colaboramos con ellos. Lo que pasa es que nunca es mucho, nunca sobra, siempre se necesitan voluntarios, personas que tengan ganas de verdad, de ver a Chile levantado”.

-Algunos apuntan a que ustedes se han distinguido por ser, quizás, más eficientes. ¿Lo son pese a que , como decía Felipe, en Chile la burocracia es una piedra de tope?
“Felipe siempre sostuvo ‘más vale pedir perdón que pedir permiso’ y nos guiamos por eso. No sé si somos más eficientes; lo que sí es que somos catetes. Cuando se nos mete algo en la cabeza, insistimos e insistimos hasta que lo logramos; no aceptamos un no por respuesta y tocamos miles de puerta hasta conseguir que una se abra”.

-¿Hace la diferencia tener una buena llegada con el empresariado?
“Creo que tenemos una buena relación tanto con el Estado como con los privados. Creo que los empresarios y otros nos creen y por eso se involucran. Nos llevamos bien con ellos porque se sienten identificados con la obra y confían en nosotros”.

-Después del terremoto ustedes abordaron todos los campos. ¿Hoy, en cuales se van a enfocar?
“Hoy la estrella de Desafío se concentra en educación, salud, emprendimiento, emergencia solidaria y cultura-deporte.
“Es verdad que son amplias, pero tenemos un buen equipo y cada área está cubierta por líderes que las llevan bien. Nosotros no tomamos cualquier petición, todos los casos se validan en terreno y los asumimos dependiendo del impacto social que tengan en las comunidades afectadas. No podemos tomarlos todos, es imposible y por eso vemos cuáles tienen futuro”.

-¿No todos pasan por el asistencialismo?
“Tratamos de ayudar a las personas que tienen una idea y quieren salir adelante pero no tienen la educación y los medios para hacerlo, a ellos les damos manos. Así hemos ayudado a mujeres que estudiaron su mercado y sacaron la cuenta de cuánto podrían hacer lavando ropa; a los que tienen esa motivación les damos la mano”.

-¿Cómo describirías el programa “A mí sí me importa”?
“Todos vemos en televisión casos de personas cuya necesidad y dolor conmueven el corazón y muchos sienten la necesidad de ayudar. La forma de plasmar esa ayuda es ir a nuestra página web y ver cómo ayudar. Hemos acogido casos conmovedores y nosotros somos el puente entre la sociedad civil anónima que desea ayudar y los que lo necesitan. A veces, incluso, es una forma de reciclaje-ayuda, donde uno entrega algo que otro necesita”.

Alejandra explica que existen donantes permanentes y otros que sólo se involucran en un caso concreto del que tuvieron conocimiento. Agrega que las redes sociales son el mejor soporte para lograr conectar esos dos mundos. “En promedio nos demoramos un mes en resolver los casos, por titánicos que sean”, cuenta. “Ahí es cuando se hacen presentes Felipe y Joaco”, dice.

-¿Cuál es el sentido de “A mí sí me importa”?
“Mira, tenemos claro que con puro asistencialismo no se llega a ninguna parte. De hecho, lo que tiene este programa es credibilidad y por eso, la donación que se hace, se entrega con la seguridad de que tendrá un uso y de hecho, le hacemos un seguimiento posterior. Nuestros proyectos aquí son más pequeños, pero en definitiva son ese respiro que necesita la gente todos los días”.