La pérdida del placer por la comida: un trastorno cada vez más común

Las personas obsesivas con la salud o el cuerpo son las más expuestas a padecerlo.

Emol
Lu. 25 de febrero de 2013, 08:30
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David Alarcón, LUN

David Alarcón, LUN

La dieta, la falta de tiempo, el estrés del trabajo, la lata de cocinar o de comer, sólo son algunos de los factores que están dejando de lado el placer que se le adosa al arte culinario.

Tal vez, la búsqueda del cuerpo ideal pasa por la privación hedónica y la abstinencia, entonces el placer por la comida se vuelve un sinsentido que se desecha.

Para la doctora Mónica Katz, especialista en nutrición, el fenómeno ocurre, porque entre todos se ha ido transformando el comer en un ilícito y la comida en pecado capital, principalmente, por la obsesión por la delgadez y la eterna juventud. "Somos una sociedad ortoréxica", dice.

Eso quiere decir, que la obsesión por la comida se ha llevado a tal extremo que sufrimos este trastorno que consiste en un control exhaustivo y estricto de los componentes de los alimentos.

"Nos olvidamos que necesitamos una dosis de calorías, una dosis de nutrientes, pero además, una dosis de ¡placer! Y la comida puede hacer eso por vos, al menos, cuatro veces al día", comenta desde Argentina, esta experta y autora de varios libros dedicados a educar en la alimentación y dejar atrás las dietas.

"El otro día un paciente obeso con el que se trabajaba en un laboratorio sensorial decía 'si dejo el alimento en la boca y lo saboreo ensucio mi paladar. Para mí es habitual, tragar la comida, así como no más'", ejemplifica.

Y por otra parte, testifica que la velocidad de lo cotidiano genera que el patrón de ingesta se deteriore. "Y ya no saboreamos sino que engullimos comida, llenamos vacíos. De hecho, esto está validado por muchos gurúes de las dietas extremas que sostienen que si quieres perder peso, el placer no tiene lugar", agrega.

Además, se suman al displacer de la comida las personas enfermas o que están educando sus hábitos, ya que se les prescribe médicamente que coman de esa forma.

"Si tienes hipertensión, debes comer sin sal tu plato favorito y eso, genera displacer hasta habituarte y, por tanto, comerás por deber y por prescripción como ejercicio intelectual", afirma.

El trastorno patológico

Comer se define como un comportamiento de supervivencia imprescindible. Si alguien puede abstenerse de esa conducta, estará en riesgo su vida y profundamente enfermo, pues ni siquiera puede sostener la vida. Ése es un trastorno alimenticio.

En el caso es la anorexia, la experta cuenta que un paciente con esta enfermedad siente hambre, pero cree que si comienza a comer no parará nunca y engordará.

En tanto, en el caso del displacer por la comida, los que más expuestos están son los que se ponen obsesivos con la salud o el cuerpo aunque sean sanos, jóvenes y delgados. Son los que llaman TANE o trastornos inespecíficos con la alimentación, que no llegan a ser cuadros verdaderos, pero que comprometen la vida de la persona y su entorno, como la ortorexia de muchos veganos.

"Hoy un cuerpo delgado o joven, un peso determinado es una certeza en un mundo de certezas moribundas. Se nos hace difícil vivir la incertidumbre y nos anclamos a lo tangible que nos es asequible. Un número en la balanza, es una certeza asequible aunque difícil de lograr en una sociedad con enormes barreras al movimiento y plena disponibilidad calórica", reflexiona la doctora Mónica Katz.

En cambio, para el doctor Manuel Fuentes, psiquiatra de Clínica Alemana, perder el gusto es un serio trastorno, que da cuenta de la estructura de los circuitos de placer y necesidades calóricas que dispone un ser humano.

El especialista comenta que tenemos diversos biorreguladores y dependerá de la adaptación que le vayamos dando, la respuesta que tengamos frente a la comida, la sed y el deseo sexual. Por eso es tan importante educar desde pequeño una buena y justa relación con la comida.

"Una persona que disfruta menos con sus eventos personales, sociales, culturales y que come solo de noche, su circuito de placer se adaptará a esos malos hábitos que no lo dejarán disfrutar", explica.

¿Cómo volver a reencantarnos?

"Toda vez que usamos nuestros sentidos, no solo disfrutamos más, sino que nos saciamos más, podemos detenernos y sentir que ya fue suficiente, el procesamiento oral del alimento genera saciedad", explica la doctora sobre el placer de comer.

Para ayudar al reencanto propone recorrer un mercado el fin de semana y con tiempo. Llegar a casa con alimentos y cocinar para nosotros aunque estemos solos o mejor aún, en familia o con amigos.

"Sentarse a la mesa, mirarse y paladear el momento como comensales y la emoción de compartir y mirar al otro rodeado de comida", propone.

Por su parte, el psiquiatra Manuel Fuentes aconseja que la persona afectada vuelva a aprende a comer, incorporando a ese momento un estímulo que sí le otorgue placer.

"Juntarse con alguien, salir y de premio comer afuera lo que le más gusta, y buscar los sabores que le estimulan el placer, los olores, lugares y con el tiempo su registro sobre no disfrutar con la comida irá cambiando por este nuevo registro que se irá construyendo con esas actividades y en forma paulatina", sugiere el psiquiatra.

Ahora, la idea es comer en un principio a lo francés, que quiere decir rico, pero la porción justa para tener un cuerpo cómodo y sano.

También se puede apoyar con  ejercicios sensoriales que están en la web  www.fat-fit.com.ar y esto ayudará sobre todo a los que "olvidaron que nacieron con derecho a comer, a sentir placer al hacerlo y a tener un cuerpo cómodo y sano", sentencia Mónica Katz.