La sustituta sexual más famosa del momento aún lucha contra los prejuicios

Lleva más de treinta años ayudando a otros a superar sus mayores miedos sexuales, y a la fecha, calcula que ha pasado por la cama de unas 900 personas. Hoy su vida es conocida mundialmente gracias a “Las sesiones”, película donde Helen Hunt la personifica.

Emol
Sa. 06 de abril de 2013, 07:00
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A sus 68 años, y pese a contar con una película basada en su trabajo, Cheryl sigue recibiendo cuestionamientos por su rol de sustituta sexual.

A sus 68 años, y pese a contar con una película basada en su trabajo, Cheryl sigue recibiendo cuestionamientos por su rol de sustituta sexual.

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"Las sesiones", protagonizada por Helen Hunt, fue premiada en el Festival de Sundance y en San Sebastián.

"Las sesiones", protagonizada por Helen Hunt, fue premiada en el Festival de Sundance y en San Sebastián.

AP

Tras la terapia con Cheryl, el verdadero Mark OBrien encontró el amor junto a Susan Fernbach.

Tras la terapia con Cheryl, el verdadero Mark O'Brien encontró el amor junto a Susan Fernbach.

Saratogian.com

Su historia aún no termina de dar la vuelta al mundo, pero Cheryl Cohen Greene ya es el rostro oficial y vocera de aquellos que trabajan ayudando a las personas a mejorar su vida sexual, con sesiones que terminan a veces, incluso, en la cama.

A sus 68 años, y con un cálculo aproximado de 900 personas con las que se ha acostado a lo largo de su carrera, Cheryl se siente orgullosa de su trabajo, pese a llevar más de tres décadas luchando por derribar los prejuicios de varios que aseguran que su oficio no dista mucho de la prostitución.

Como cuenta en su blog, su trabajo es más o menos el siguiente: una persona que por distintas razones no ha podido llevar una vida sexual sana con una pareja, y, por ende, ve entorpecidas o nulas sus relaciones amorosas, acude a un terapeuta o sexólogo que, según el caso, lo deriva a un sustituto de pareja, también conocido como ‘sustituto sexual’.

Como indica el protocolo, en seis o no más de ocho sesiones, el individuo tendrá la posibilidad de someterse a una terapia especializada, que incluye conocer su cuerpo, trabajar en sus miedos e inseguridades íntimas, e incluso iniciándose sexualmente cuando ya se es adulto y se tiene temor a enfrentar a una pareja con una notoria inexperiencia.

En cambio, una prostituta siempre espera volver donde un cliente, explica Cohen Greene -quien también es vicepresidenta de la Asociación Internacional de Sustitutos Profesionales (IPSA, en inglés)-, agregando que un sustituto quiere ayudar a superar las trancas para que se tenga una vida sexual feliz.

Con todo, y pese a que éstos últimos trabajan codo a codo con especialistas clínicos, en Estados Unidos aún hay un vacío legal que no diferencia esta labor con el oficio más antiguo del mundo. Y eso, en la práctica, ha tenido sus consecuencias sociales: “Cuando he dado conferencias sobre mi trabajo, ha habido asistentes que reaccionan como si yo fuera sucia y no mereciera respeto, porque he tenido sexo con más de 900 personas (…) Es terrible que una mujer que es abierta con su sexualidad sea vista como si tuviera un carácter cuestionable, y que para muchas personas, eso sea un justificativo suficiente para agredirla”, comentó en una de las tantas entrevistas que ha dado en los últimos meses.

El motivo de tanta atención pública se debe a la película “Las sesiones”, premiada en el Festival de Sundance y San Sebastián el año pasado, y donde Helen Hunt interpreta a la mismísima Cheryl, en uno de sus casos más famosos, el de Mark O’Brien.


“Clientes”, no “pacientes”

Corrían los años 70, cuando Cheryl conoció el tema de los sustitutos sexuales, y decidió dedicarse a ayudar a las personas a superar sus problemas sexuales y, de paso, trabajar en los suyos.

En su caso, sus principales temores venían de una educación muy estricta, en el seno de una familia muy comprometida con la religión. “Desde el catolicismo había aprendido mucha culpa y vergüenza respecto a mi sexualidad, y era importante para mí no traspasarle eso a mis hijos”, comenta hoy la sustituta.

Fue en este andar que una terapeuta se contactó con ella para trabajar con Mark, un hombre de 36 años que había pasado casi toda su vida con un pulmón de acero, debido a una poliomielitis que lo dejó parapléjico.

Debido a su condición y a fuertes temores religiosos, su aproximación a las mujeres se basaba casi únicamente a enfermeras y cuidadoras. Pero tras superar estos obstáculos con Cheryl, (y escribir un famoso artículo publicado en 1990,  "On Seeing a Sex Surrogate", que inspiró la película), conoció a Susan Fernbach, la mujer que se convertiría en su pareja y el amor de su vida.

“Ser sustituto no se trata solo de sexo. Se trata de cambiar la mentalidad negativa y las actitudes críticas que muchos de nosotros tenemos acerca del sexo. No conocemos nuestra sexualidad muy bien, así que las parejas sustitutas guían a los clientes a prestar atención a lo que les hace sentir bien, a que dejen de sentir vergüenza por sus deseos”, explica la mujer, quien, aclara, a los individuos que tratan se les llama “clientes” y no “pacientes”, para aclarar que no hay algo “malo” con la persona. “No se trata de curar o arreglar, solo de dar alternativas”, explica.

En la mayoría de los casos, los hombres que acuden a ella sufren de eyaculación precoz o varios miedos a su propia sexualidad, que a veces han comenzado por una experiencia traumática.

Cuando se trata de parejas, Cheryl ha notado que, en general, son aquellas que no hablan de sus preferencias en la cama, sino que, cada uno, asume que el otro sabe o averiguará qué es lo que quiere. “Las mujeres aún creen que una ‘dama’ no le dice a un hombre qué es lo que le gusta”, comenta.

En cuanto a las mujeres que han solicitado tanto su ayuda como la de los pocos sustitutos hombres que existen en EE.UU., se trata de casos en los que han sufrido abusos o que presentan con serios problemas con su imagen corporal. “Hay mujeres por ahí que nunca han tenido orgasmos”, afirmó.

Por otro lado, otro motivo de los problemas vistos en el género femenino, se deben a la culpa y la vergüenza que suele tener en mayor presencia en ellas que en los hombres.

“Lo que quiero que la gente haga es encontrar quiénes son, no quiénes creen que deben ser sexualmente. No juzgarse con tanta dureza. Lo que sea que te excite, si puedes encontrar otro adulto que consienta lo que quieres hacer, está bien; alguien que sea abierto de mente, que no te haga sentir mal por ser quien eres”, comentó.