Nahila Hernández: La mujer que correrá la maratón más peligrosa del mundo

Esta cubana-mexicana, que vive en Chile y entrena a runners, es la primera iberoamericana que completó una suerte de gran slam del running: las cuatro maratones del desierto. El 15 de este mes corre la prueba BadWater, 217 kilómetros en 48 horas.

Por María José Errázuriz L.
Ju. 04 de julio de 2013, 08:17
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Empezó a correr para recuperar su cuerpo después del segundo embarazo; pero antes de ello nunca se había puesto las zapatillas de running, ni menos, había sentido interés por trotar.

Sin embargo, el deporte ha estado presente en su vida desde pequeña. Nacida de padres cubanos en la ex Unión Soviética (Azerbaijan), al regresar a la isla y con sólo 7 años fue internada en un centro de alto rendimiento donde el nado sincronizado ocupó todas sus horas libres.

Al tiempo se cambió a aerobics y en esta disciplina ganó varios campeonatos nacionales, pero en el momento en que el equipo se preparaba para su primera competencia internacional, la Perestroika puso fin al flujo de dinero y también a las posibilidades de viajar.

Cuando cumplió 18, Nahila Hernández (40), decidió migrar y se fue a México donde tras 20 años obtuvo la nacionalidad. Aunque quería estudiar psicología, optó por una carrera que le asegurara su futuro y entró a negocios en la Universidad Autónoma.

Dice no estar peleada con el régimen cubano –sí con la represión en cualquier parte del orbe-, porque, entre otros, ella es hoy el resultado de las políticas deportivas de Cuba.

“No puedo más que decir que soy el resultado de la escuela cubana, de la metodología, la disciplina, el compañerismo, la competencia y el valor real del deporte. Todo eso lo aprendí allá”, sostiene. En tierras aztecas, una vez estabilizada, empezó a practicar taekwondo donde alcanzó la cinta verde.

-¿Cómo te fue en el taekwondo?
“Competí una sola vez, pero no me gustó ese contacto físico del combate. Me gustan las artes marciales, pero eso de pegarle a alguien más no me agradó. Mis entrenadores, muy buenos, me querían impulsar porque era buena, pero les dije que no. Fue horrible la sensación de patear a otro… y bueno, me salí y me metí a hacer bici de montaña (mountabike) con mi marido”.

Pese a su gen deportivo, con su primer embarazo debió suspender todo por una amenaza de aborto y empezó a correr para ponerse en forma después del nacimiento de su segunda hija.

“Nunca en mi vida había trotado, literalmente, y empecé después de amamantar. Lo hice con la ilusión de estar en forma para terminar en la cinta negra de taekwondo, o sea, terminar el ciclo y descubrí que tenía una capacidad especial de resistencia para correr”, cuenta.

-¿O sea, eres un ejemplo de que el running es adictivo?
“Adictivas son las endorfinas que genera el deporte y eso es científico.
“Ahora, es verdad que el running genera otra cosa -y lo analizó siempre con mis alumnos- y tiene que ver con uno ve resultados que dependen de uno. Estamos acostumbrados a creer que todo depende de lo demás y aquí uno puede conseguir cosas en menos de 3 meses, lo que lo convierte en adictivo. Esa búsqueda de conquistas hace algo distinto al running, porque en esto no hay pretexto, salir a correr es una decisión personal de todos los días. Yo soy muy centrada en esto porque tengo 20 mil responsabilidades, entonces no pierdo el horizonte; sé qué puedo hacer”.

-¿Qué es eso distinto que sienten?
“Es que correr le da al ser humano todas las sensaciones que necesita. Correr te hace sentir libre, te sientes físicamente bien, tienes una consecución de objetivos en plazos cortos, tienes la adrenalina de cruzar la meta. Eso lo hace distinto a otros deportes”.

Nahila tiene el récord de ser la primera iberoamericana que ha corrido las cuatro ultramaratones del desierto 250 k (Sahara Race en Egipto, Atacama Crossing en Chile, Gobi March en China y The Last Desert en la Antártica). Son carreras de cuatro o cinco días y que se denominan del desierto no por sus altas temperaturas, sino porque en esos parajes no hay vida.

-Uno no pasa del gimnasio a correr 250 k, antes hace 21 k, después 42 k. ¿En qué momentos dijiste ‘voy por el ultramaratón’?
“Yo fui directo por los 250 k; sí, del gimnasio a la ultramaratón (se ríe). Lo que pasa es que a mí no me gustan las maratones ni las carreras de calles. A mí lo que me gusta de correr es interactuar con culturas, pasar por lugares donde hay personas distintas. Correr por correr lo puedo disfrutar 20 km. cuando salgo a entrenar, pero no haría 250 km dando vueltas por Santiago. Simplemente no lo hago porque se me hace aburridísimo.
“El chiste del ultramaratón es la experiencia de vida, conocer culturas y el planeta por tus propios medios. De hecho, me hice maratonista después de ver un video del Maratón des Sables (del Sultán, 250 k) en medio de las dunas y que después corrí”.

-Bueno, ¿pero has hecho el de Santiago?
“Sí, y México también lo hecho tres veces. La verdad es que lo corro sin inscribirme; si me buscas a lo mejor no estoy en la lista porque no me interesa. La única forma que me veras corriendo en la ciudad es apoyando una causa social o a algún atleta nuestro que corre su primera carrera. De hecho en abril hice 84 km por el movimiento ‘Más corro, más ayudo’ que juntaba útiles escolares. Partimos a las 3 de la mañana y cuando terminábamos la primera vuelta, nos agarró el disparo de la salida”.

-¿En qué momento de la carrera pasas ese límite en que dices ‘puedo correr sin fin’?
“Uno corre lo que le dice la mente al cuerpo y eso varía de atleta a atleta. En mi caso, creo que después del km 50 o 60 me da igual seguir. Es como a las 7 u 8 horas de trote; entro en un estado mental especial.
“Ahora, también depende mucho del terreno y las condiciones climáticas”.

-¿Cuánto es lo máximo que has corrido sin parar?
“40 horas, para clasificar para BadWater, en una carrera en Brasil”.

BadWater, un monstruo de 10 cabezas

Nahila explica que la distancia máxima de un ultramaratón son 160 km non stop lo que se hace en 22 horas. Pero en Brasil la prueba comprendía 217 km en un total de 48 horas con el fin de conseguir un cupo en la prueba extrema más importante del mundo -según National Geographic- que cruza el desierto de California, entre el Valle de la Muerte y el monte Whitney. La temperatura máxima de esta carrera es de 54°C, se corre sobre pavimento y parte a 85 metros bajo el nivel del mar y llega a 2.530 metros de altura.

“Es una prueba muy dura, es un monstruo, un monstruo de 10 cabezas”, reconoce.

-¿Por qué ponerte en una situación tan límite, más allá de clasificar?
“Eso tiene que ver con tu formación de atleta o temperamento. Si me paro en la línea de salida es para terminar, si no, no voy. Ahora es verdad que es una distancia destructiva; yo no la recomendaría porque cuando corres más de 20 y tantas horas seguidas empiezan a haber consecuencias serias para tu organismo.
“No son consecuencias irreversibles si te cuidas bien. Hay daño al riñón e hígado por la cantidad de toxinas que debes procesar en esas horas; se te hincha el vientre, pierdes las uñas de los pies; después de la hora 28 se pone fea la cosa, la gente desvaría, alucina, se desmaya, vomita, pero si descansas y te recuperas recién puedes volver a trotar a los 15 días.”.

-¿Y por qué asumes esos costos?
“Porque quiero correr BadWater y para conseguir los sueños debes asumir los costos asociados. Un refrán dice ‘sólo quien se arriesga a ir demasiado lejos podrá saber qué tan lejos puede llegar’. Ahora a mí no me interesa morir de esto y me cuido muchísimo”.

-Hay corredores que se mueren en maratones.
“Sí, pero eso tiene que ver con el entrenamiento que tienen y el estilo de vida. Hay algunos que sufren muerte súbita y son riesgos del deporte. Ahora, muchos, especialmente los futbolistas, no tienen una vida acorde, fuman, toman alcohol, no descansan lo que corresponde.
“Es verdad que estamos sometidos a un sobreuso, corro 20 km todos los días, pero el organismo es maravilloso y se puede recuperar”.

-¿Qué tristes récords tiene BadWater?
“Grandes corredores del mundo no lo han terminado. Es una pesadilla, pero quienes están ahí están capacitados para correr esa distancia por el proceso de selección. Además, si se cumplen las 48 horas te sacan aunque te queden 100 metros y también por razones de salud”.

Aunque su marido es runner no asume este tipo de desafíos. Y si bien no está de acuerdo con éste, la acompañará en California como líder de la tripulación (equipo de apoyo). Nahila será la única latinoamericana (representará a México) en un grupo de no más de 20 mujeres de un total de 100 corredores.

-¿Cuántas mujeres terminan una carrera así?
“En Brasil terminamos el 50 y tanto por ciento de las mujeres. Siempre terminan más mujeres porque somos mentalmente más resistentes. Quienes hacen deportes extremos saben que resistimos mucho mejor el dolor físico.
“Los hombres nos respetan mucho en el ultramaratón. Somos más necias, somos de personalidad dura, muy fuertes, con experiencias de vida duras”.

-Insisto, ¿por qué someterte a estas pruebas si tienes dos niñas chicas?
“Porque los hijos no son una referencia para al autorealización. Sé que no me voy a morir y si dejara de hacer las cosas que quiero por pensar en ellas sería pésima madre; no sería congruente con lo que hago al impulsarlas a que sean felices y hagan lo que quieran. Si yo no lo hago, sería bonito ejemplo ¿no?”.

-Algunos dirán que no es ser buena madre exponerte a estos riesgos extremos.
“Probablemente, pero ese no es mi paradigma. Tengo otra forma de ver las cosas y creo que la única forma de educar es dando el ejemplo. Respeto a quienes piensan distinto, pero yo no comulgo con el haz lo que digo, no lo que hago”.

N.de la R. (del 19 de julio): Nahila completó BadWater en 36 horas 17 minutos. ¡Felicitaciones!