¿Eres un ‘SIMON’, un soltero con terror al compromiso?

El psiquiatra Enrique Rojas sostiene que este personaje es hijo del “hombre light”. Agrega que su imposibilidad de formar pareja tiene relación con la epidemia del desamor que hoy abunda y la falta de voluntad.

Por María José Errázuriz L.
Sa. 13 de julio de 2013, 07:00
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A comienzos de la década de los ‘90, el psiquiatra español Enrique Rojas acuñó el término “hombre light” para definir a una generación alejada de valores, hedonista y consumista. Hoy, 20 años después, el especialista asegura que éste hombre ha tenido un hijo, uno que sufre el Síndrome SIMON.

En términos exactos SIMON es un hombre soltero, inmaduro en lo afectivo, materialista, obsesionado con el trabajo y narcisista. Y debajo de este síndrome se escondería un sub síndrome que Rojas denomina “Pánico al Compromiso” que es aquel que sufre el soltero, treinteañero, que le tiene terror al compromiso.

De visita en Chile para presentar su último libro, “No te rindas”, y dar un ciclo de charlas sobre el amor en el DUOC, Enrique Rojas es enfático en su definición. Director del Instituto Español de Investigaciones Psiquiátricas de Madrid, y presidente de la Fundación Rojas-Estapé dedicada a estudiar trastornos de personalidad, este destacado especialista ha hecho reflexionar a generaciones con obras como “Remedios para el desamor”, “El amor inteligente” y “Adiós, depresión”.

“SIMON es un descendiente de aquel hombre light. Los hijos de los hombres light tienen terror a comprometerse, son eternamente adolescentes y se la pasan conquistando corazones con un gran miedo a decir que aman a una mujer”, dice.

Rojas afirma que siguen habiendo hombres y mujeres light, pero lo que llama la atención hoy son estos “hombres simones” instalados en parejas de hecho, en donde si las cosas no funcionan se está listo para la ruptura. “Y todo amparados en un mecanismo que es desdramatizar; decir ‘aquí no ha pasado nada’”, precisa.

Para este psiquiatra, el Síndrome SIMON no se da por igual en hombres que en mujeres. Es más, el 95% de ellos son varones, porque las mujeres todavía quieren casarse, ser madres y tener una vida estable.

-¿Y eso por qué?
“Porque el hombre se ha vuelto, en occidente, muy inmaduro en lo afectivo, en los sentimientos”.

-¿Esto es una consecuencia de la feminización del ser masculino?
“No diría eso. El hombre no quiere dar su brazo a torcer. No le interesa la familia, sólo el mismo. El narciso es una planta que crece en las orillas de los estanques y se mira en el espejo que el agua le ofrece. La mujer es más cuidadosa de su cuerpo, pero el hombre que tiene vanidad es mucho narcisista que ella”.

-Hace algunos años se acuñó el término metrosexual, ¿estamos hablando de eso?
“Es más que eso, porque el metrosexual se refiere más a lo externos y SIMON se refiere más un narcisismo psicológico más que sexual”.

Enrique Rojas afirma que los simones heredaron del padre su faceta materialista, ganar dinero, obsesionado con no tener carencias y muy poco preocupado con la cultura, las humanidades o de ayudar a los demás.

“Lo más grave del síndrome es que se casa tarde y mal; se casa cerca de los 40, pero no está acostumbrado a someterse a otra persona, abandonan. Muchos son auténticos fracasos”, afirma.

-¿Esto tiene mucho que ver con el desamor?
“Hay tres epidemias en este momento en Occidente. La primera, de hace 20 años, es la depresión, gente desencantada. En segundo lugar, la epidemias del estrés, todo el mundo corriendo, sin tiempo para nada. Y desde hace 15 años, como una broma de mal gusto, es la epidemia del desamor, donde una y otra pareja se rompen. Estas tres conviven, y la del desamor es la más sangrienta”.

-¿El desamor tiene que ver con el desapego?
“Tiene que ver con la falta de preparación para la vida afectiva. No tener formación, no tener criterio sobre qué es amar. En la vida conyugal falta formación sobre qué es”.

Rojas, consultado de si el trasfondo del desamor es el miedo, aclara que es “no conocer los instrumentos de la navegación en la relación amorosa”. Y por lo mismo, sostiene que la gente tiene que leer y descubrir que es muy fácil enamorarse, pero muy difícil mantenerse así.

Sobre los remedios para el desamor, que planteó en su libro de 1990, este psiquiatra sostiene que hay tres aspirinas que pueden ayudar a curar esta enfermedad:

-No sacar la lista de agravios del pasado. “Esta es la primera pastilla; luchar por todos los medios, para no enrostrar la colección de hechos negativos acumulados”.

-Evitar discusiones innecesarias. “Esta es la segunda y es ver que muchas de estas discusiones son tontas, no hay que enganchar”.

-Aprender a perdonar. “O sea, la vida no va bien sin buenas dosis de olvido”.

-¿Ha planteado las reglas de oro para vivir en pareja?
“Hay una ley en psicología que dice que para estar bien con alguien, se tiene que estar bien con uno mismo, lograr un cierto equilibrio. Otra regla es aprender a darle a las cosas que nos pasan la importancia que realmente tiene, es decir, relativizar las cosas”.

-Cuando se habla de relaciones fugaces es imposible no cuestionarse qué efecto ha tenido en esto desligar el sexo del amor.
“Es sexo sin amor, por una parte, y por otra, es que estamos en una sociedad sin vínculos; la gente va y viene. Es una sociedad neurótica, de alto conocimiento informativo, pero adolescente, perdida. Es una gran paradoja”.

Agrega que todo esto se ve acentuado por “las pocas lealtades con todo el mundo, todo es vendible. Es una exageración, pero es un hecho que en épocas tumultuosas se requiere de hombres coherentes, hombres que tienen una buena relación entre la teoría y la práctica”.

-Todo esto no puede dejar de ser relacionado con “No te rindas”, que es una suerte de educación de la voluntad. ¿Al amor le falta voluntad?
“Eso vale para todo. Una de las grandes enfermedades del ser humano es la deserción, el desaliento, la gente se cansa. Hay que decirles a las personas que no se rindan, que crezcan ante las dificultades”.

Enrique Rojas insiste: “la vida es una lucha, como decía Séneca (Lucio, filósofo latino) vivir es guerrear. No rendirse es tener la capacidad de no caer vencidos ante las dificultades”.