Un antiguo túnel ferroviario en el Reino Unido, construido durante la era victoriana (1837-1901), se transformó en un avanzado centro de innovación automotriz que fue clave para el desarrollo del auto eléctrico de mayor aceleración del mundo.
Se trata del túnel de Catesby, ubicado en Northamptonshire, Inglaterra, el que fue usado para perfeccionar y llevar al límite la aerodinámica del McMurtry Spéirling, el vehículo eléctrico de mayor aceleración del mundo, capaz de saltar de 0 a 100 km/h en menos de 1,5 segundos.
Construido en el siglo XIX y abandonado en 1966 tras el cierre de la línea Great Central, el túnel de 2,6 kilómetros fue reactivado en 2017 como centro de pruebas, no solo para el veloz EV, sino también para decenas de otros vehículos en desarrollo. Su entorno subterráneo, libre de viento y otras variables climáticas, lo convierte en el espacio ideal para validar datos aerodinámicos con una precisión única.
El equipo detrás del McMurtry Spéirling emplea el túnel para contrastar simulaciones computacionales y ensayos en túnel de viento con pruebas reales, capturando datos sobre velocidad, presión del aire y altura de la carrocería. Estas pruebas permiten ajustar el diseño del superdeportivo, que ya ha establecido récords en la histórica subida a la colina de Goodwood.
Debido a la falta de señal GPS en el túnel, los ingenieros utilizan cámaras internas que graban el movimiento de las ruedas para calcular con exactitud la velocidad del vehículo, que alcanza los 257 km/h en este entorno cerrado.
Gracias a esta innovadora combinación de historia y tecnología, el túnel de Catesby no sólo revive un legado ferroviario, sino que se convierte en una pieza clave en el futuro de la electromovilidad de alto rendimiento.