Aunque Pontiac dejó de vender vehículos en 2009, hay un modelo que sigue presente en la memoria de los fanáticos y es pieza obligada para los coleccionistas: el icónico Trans-Am. Este muscle car, derivado del discreto Firebird de dos puertas, saltó a la fama no por sus prestaciones, sino por la llamativa y gigantesca ave que adornaba su capó.
Según a quién se le pregunte, el ya legendario emblema podía ser un halcón, un ave fénix o simplemente un "pollo chillón", pero su origen está más ligado a la moda y el buen gusto que a la zoología.
El nombre Firebird nació en 1967, inspirado en un colgante de ave hopi. Sin embargo, el agresivo pájaro del Trans-Am tuvo un origen más casual que místico. La historia cuenta que Bill Porter, diseñador del modelo, coleccionaba jarrones de Louis Comfort Tiffany y, durante un almuerzo, garabateó en una servilleta un boceto de ave inspirado en las decoraciones de plumas de uno de estos lujosos objetos, sin saber que se convertiría en uno de los símbolos automotrices más famosos de los años 70.
No todos lo amaban al principio. Bill Mitchell, jefe de diseño, lo odiaba y lo descartó en 1970. Sin embargo, cuando las franjas y calcomanías empezaron a ser tan importantes como los caballos de fuerza, aceptó incluirlo como la opción WW7, por 55 dólares extra.
El salto a la fama llegó en 1977, cuando la película "Smokey and the Bandit" ("Dos Pícaros con Suerte" en América Latina) convirtió al Trans-Am en un símbolo pop estadounidense.
Entre 1973 y 1981, el ave desplegó sus alas en 39 combinaciones de colores y diseños. Después desapareció con la llegada de la tercera generación del muscle car, para luego tener un breve regreso a mediados de los 80, para finalmente desaparecer hasta ahora, sin que nadie aún se ponga de acuerdo sobre qué tipo de pájaro era realmente.