La Agencia Espacial Europea (ESA) confirmó que la NASA contribuirá oficialmente a la misión del rover Rosalind Franklin, cuyo lanzamiento está previsto para 2028 tras una serie de retrasos acumulados durante más de una década.
La confirmación de la alianza llegó a través de una carta enviada por la administración estadounidense, según informó el director general de la ESA, Josef Aschbacher.
El rover europeo, que busca convertirse en el primer vehículo en perforar hasta dos metros bajo la superficie de Marte para detectar posibles indicios de vida, depende de varios componentes esenciales proporcionados por la NASA. Entre ellos se encuentran el lanzador, la unidad de calefacción por radioisótopos y el motor de frenado.
Si bien el motor de frenado ya había sido comprometido previamente, los otros dos elementos eran claves y su respaldo representa un alivio significativo para la ESA, toda vez que la misión ha estado marcada por sucesivos contratiempos que comenzaron con la postergación de su lanzamiento original, fijado inicialmente para 2020.
La situación se complicó aún más en 2022, cuando la ESA decidió poner fin a su cooperación con Rusia, principal socio del proyecto hasta ese momento, tras la invasión de Ucrania. Esa ruptura obligó a la agencia europea a buscar nuevos aliados tecnológicos, recurriendo finalmente a Estados Unidos.
Aschbacher valoró positivamente la confirmación estadounidense, destacando que la NASA no solo aportará la infraestructura crítica para el viaje y el aterrizaje del rover, sino también un instrumento científico destinado a analizar rastros de posible vida en Marte.
Este apoyo consolida la viabilidad del proyecto, que había quedado en una posición incierta tras la suspensión de la colaboración con Rusia.
El rover, bautizado Rosalind Franklin en homenaje a la científica británica clave en el descubrimiento de la estructura del ADN, tiene programado descender sobre la superficie marciana en 2030.
Su capacidad para perforar a mayor profundidad que cualquier misión anterior lo convierte en una pieza central de la búsqueda de señales biológicas en el planeta rojo.
Con este acuerdo, la ESA avanza hacia uno de sus proyectos científicos más ambiciosos, con la expectativa de que Rosalind Franklin aporte información inédita sobre el pasado geológico y potencial biológico de Marte.