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Jessie Buckley: La trayectoria de la actriz favorita para ganar el Oscar

"La hija oscura" fue la primera película por el que recibió su primera nominación al Oscar como actriz de reparto.

06 de Febrero de 2026 | 14:24 | Redactado por Martina Parant, La Nción GDA
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Jessie Buckley en una escena de "Hamnet".

AP
Mientras la temporada de premios avanza entre pronósticos inciertos, hay una categoría donde el nombre dela ganadora: mejor actriz principal. Y el nombre que más se repite es el de Jessie Buckley, la intérprete irlandesa que deslumbra en Hamnet, la película dirigida por Chloé Zhao que se estrenó este jueves en las salas argentinas.

A sus 36 años, Buckley se convirtió en la favorita para llevarse la estatuilla gracias a su retrato de Agnes, la esposa de William Shakespeare, en esta adaptación de la novela de Maggie O’Farrell. Su actuación, intensa y profundamente emocional, recorre el duelo por la muerte del hijo de la pareja y sostiene el corazón de un film atravesado por la pérdida, la memoria y el amor.

Según contó la propia Zhao en varias entrevistas, cuando comenzó a trabajar en la adaptación junto a O’Farrell, solo había una actriz en su mente para el papel: Jessie Buckley. Una intuición que se confirma en cada escena. Su Agnes es a la vez terrenal y mística, fuerte y vulnerable, una mujer conectada con la naturaleza y con una intuición que bordea lo sobrenatural, pero también el ancla emocional de su familia.

Paul Mescal, quien interpreta a Shakespeare antes de convertirse en el dramaturgo célebre, describió a su compañera como una artista que "no teme cómo puedan percibirla los demás". Esa cualidad, la de no suavizar bordes ni buscar agrada, atraviesa toda la construcción del personaje comentó en un reportaje publicado en la revista New York sobre Buckley.

Soñar para crear


Para preparar el papel, Buckley eligió un camino poco distinto. En lugar de centrarse exclusivamente en investigaciones históricas sobre Anne Hathaway, nombre real de la esposa de Shakespeare, trabajó con su terapeuta en la exploración de sus sueños como herramienta creativa. Esa metodología, que ya había utilizado en otros proyectos, ayudó a moldear una interpretación cargada de imágenes internas, intuiciones y emociones difíciles de verbalizar.

No es la primera vez que su intensidad deja huella. Buckley ya había llamado la atención en producciones como Chernobyl, Pienso en el final, Ellas hablan y La hija oscura, film por el que recibió su primera nominación al Oscar como actriz de reparto. Próximamente también se la verá en La novia, la nueva versión de La novia de Frankenstein dirigida por Maggie Gyllenhaal.

Criada en Killarney, Irlanda, en una familia conectada por el arte, padre poeta, madre psicoanalista, musicóloga y arpista, Buckley creció sin televisión, inventando musicales en el living de su casa. A los 17 años intentó ingresar a escuelas de arte dramático en Londres, pero fue rechazada en todas.

Lejos de rendirse, audicionó para el reality británico I’d Do Anything, cuyo premio era protagonizar el musical Oliver! en el West End. No ganó, pero su talento impresionó a Andrew Lloyd Webber y Cameron Mackintosh, quienes la alentaron a formarse en Shakespeare en la prestigiosa RADA. A la segunda postulación logró ingresar.

Su paso por la academia no fue fácil: peleaba con sus profesores porque no quería renunciar al canto. Incluso fue suspendida por aceptar un trabajo como cantante para poder pagar el arriendo. Esa tensión la llevó a sufrir ataques de pánico y a plantearse abandonar. No lo hizo. "No quiero que nadie me diga quién soy hasta descubrirlo por mí misma", recordó tiempo después en la entrevista publicada el año pasado en la revista New York.

Del teatro al cine (sin dejar la música)


Tras sus primeros pasos en el teatro clásico, comenzaron a llegarle papeles en cine y TV británicos. El gran quiebre fue Wild Rose (2018), donde interpretó a una exconvicta escocesa que sueña con ser cantante de country. Allí pudo unir actuación y música, algo que muchos le habían aconsejado evitar. Fue, justamente, lo que la hizo despegar.

Desde entonces trabajó con Renée Zellweger en Judy, con Charlie Kaufman en Pienso en el final y volvió al teatro con Cabaret, donde ganó el Premio Olivier por su Sally Bowles. En paralelo, grabó música junto al guitarrista Bernard Butler y continuó escribiendo canciones, manteniendo viva una faceta artística que nunca quiso relegar.

Camaleónica en pantalla y de perfil bajo fuera de ella, Buckley logró algo poco común: ser una figura reconocida sin quedar atrapada en el mundo de las celebridades. Cambia de aspecto para cada papel, evita encasillarse y elige proyectos guiada más por intuición que por estrategia.

Esa combinación de riesgo, sensibilidad y libertad creativa encontró en Hamnet su expresión más acabada. Y podría coronarse el próximo 15 de marzo, cuando su nombre suene, como muchos anticipan, al abrirse el sobre de mejor actriz.
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