con un balance contundente: todos los artistas que se han presentado hasta ahora se llevaron Gaviota de Plata y Gaviota de Oro, con shows que han combinado ritmo, música anglo, romanticismo, K-pop y humor, entre otros, y cifras récord de rating.
El inicio del evento estuvo marcado por el esperado regreso de
Gloria Estefan a la Quinta Vergara. La cantante cautivó con un repertorio de clásicos y fue premiada con ambos galardones en una noche cargada de éxitos latinos.
Más tarde, el humorista
Stefan Kramer vivió su cuarta vez en el certamen, con una rutina que mezcló imitaciones y stand up, que -hasta ese momento- logró el rating más alto en la historia del nuevo sistema de medición de audiencia. El cierre quedó en manos de
Matteo Bocelli, quien terminó su show cerca de las 04:00 horas, en una presentación centrada en covers y momentos emotivos, que generó aplausos, pero también
críticas en redes sociales por el extenso horario.
La segunda jornada abrió con el impecable sonido y la puesta en escena de los británicos
Pet Shop Boys, que incluso modificaron gran parte del escenario para su espectáculo, llevándose ambos trofeos. El humor volvió a responder con
Rodrigo Villegas, quien en su tercera participación logró sólida conexión con el público y se llevó los máximos reconocimientos. El cierre estuvo a cargo de
Bomba Estéreo, que transformó la Quinta Vergara en un ritual místico e invitó a Flor de Rap al escenario, consolidando una noche de fuerte identidad latinoamericana.
La tercera jornada, en tanto, mantuvo la tónica triunfal.
Jesse & Joy conquistaron con su romanticismo, logrando, como en 2014 y 2018, Gaviota de Plata y Gaviota de Oro, tras una presentación que hizo cantar y emocionar al público. También sobrepasó el récord de rating de Stefan Kramer, siendo el bloque más visto del festival. En el humor, el venezolano
Esteban Düch debutó con éxito, con una rutina marcada por chistes sobre su condición de inmigrante e incluso un guiño musical a "31 Minutos", llevándose ambos premios. Y el cierre fue para el
NMIXX, que pese a presentarse de madrugada desató la euforia en una Quinta repleta e invitó al chileno Kidd Voodoo a cantar, confirmando el alcance global del certamen.
En conversación con Emol, tres críticos analizaron
lo positivo y lo negativo que, hasta ahora, ha dejado Viña 2026.
¿Un festival distinto?
El crítico musical
Raimundo Flores pone el fenómeno en perspectiva
"Yo creo que evidentemente el festival ya no es lo que era antes", señala a Emol, apuntando especialmente a la pérdida del rol histórico que tenía la competencia en el impulso de nuevas carreras. "En cuanto a la capacidad de potenciar una carrera nueva, sobre todo pensando que la competencia muchas veces era la que tenía ese rol", explica.
Sin embargo, matiza que ese efecto no ha desaparecido del todo: "
No desestimaría que aún exista un poco ese fenómeno, porque este año tenemos un muy buen ejemplo que es el de Matteo Bocelli. Hace dos años no lo conocía nadie en Chile y participó en el show de su papá". Hoy, tras su presentación en solitario, su nombre logró amplia visibilidad.
Desde la vereda televisiva, la crítica de televisión Bernardita Cruz, advierte una
transformación profunda en las audiencias. "Se ha segmentado de todas maneras.
Ya son cada vez menos las familias que se reúnen en torno a un televisor a ver el Festival", afirma, destacando que las nuevas generaciones consumen el evento principalmente a través de plataformas digitales.
A su juicio,
la producción ha intentado responder a ese cambio con una estrategia clara en la elección y orden de los artistas, ubicando números urbanos o juveniles en horarios de madrugada para retener a un público joven, sin importar si lo ve por TV abierta o streaming.
Sin embargo, Cruz también cuestiona la
rigidez del formato. Aunque reconoce ajustes en la puesta en escena y en la animación, sostiene que
la parrilla sigue siendo estructuralmente clásica: cantante-humor-cantante, con competencias que han quedado en segundo plano. Asimismo, advierte que los bloques extensos y los horarios tardíos pasan la cuenta.
"No puede un artista subirse al escenario a las 2.20 de la mañana", plantea, señalando que después del humor la Quinta Vergara suele vaciarse notoriamente, fenómeno que también impacta en la audiencia televisiva.
En la misma línea, el periodista Felipe Morales, quien cubrió el festival durante años y hoy lo observa como espectador, sostiene que uno de los cambios más notorios es la
pérdida de exclusividad. "Antes los grandes artistas venían al Festival de Viña, ahora vienen al festival y después hacen un Movistar Arena o un Caupolicán.
No es necesario esperar febrero para verlos en Chile", explica, apuntando a que eso modifica la expectativa en torno a la parrilla.
Morales también subraya que
los extensos tiempos televisivos pueden jugar en contra. "La gente quiere ver el show sobre el escenario.
El que está en la casa no sabe qué pasa en comerciales y se cansa de esperar", plantea.
Con todo, Morales recalca que,
pese a las críticas, el evento mantiene su peso simbólico e internacional. Incluso recuerda que durante los años en que lo cubría, periodistas extranjeros solían destacar su relevancia, asegurando que muchas veces el festival es más valorado fuera de Chile que dentro del propio país.