Una red de extorsión está utilizando las polémicas leyes de blasfemia de Pakistán en el ámbito digital para atrapar a cientos de personas, principalmente jóvenes de minorías como la cristiana, en una estafa que puede acabar en linchamiento, cárcel o el pago de enormes sumas de dinero.
Las controvertidas leyes sobre la blasfemia en Pakistán, que contemplan hasta la pena de muerte, han sido criticadas durante décadas por organizaciones de derechos humanos por ser utilizadas como una herramienta para saldar venganzas personales.
Ahora, esta práctica evolucionó hasta convertirse en un lucrativo negocio criminal.
¿Quién opera este tipo de estafa y cuál es su modus operandi?
La red, apodada "la banda del negocio de la blasfemia", chantajeó o atrapó a más de 450 personas en los últimos años, según activistas.
Los datos de la abogada Imaan Mazari-Hazir, que lucha contra estos casos, revelaron que actualmente hay 240 acusados de blasfemia en la cárcel de Lahore, 150 en la de Rawalpindi y 55 en la de Karachi.
Según el método, en algunos casos miembros de la red tienden trampas en redes sociales para coaccionar a sus víctimas para que compartan contenido considerado blasfemo.
Fotografía referencial del hackeo de un perfil de Facebook. | Richard Salgado, El Mercurio
En otros, se infiltran directamente en las cuentas personales y publican ellos mismos el material, según algunas denuncias.
Una vez que las autoridades inician una investigación, la red exige a las víctimas grandes sumas de dinero a cambio de retirar los cargos.
Casos de víctimas: Un ciego y un joven enamorado
Las historias de los afectados revelan la crueldad del sistema. Saeeda Bibi relató a EFE el caso de la estafa contra su hijo, Muhammad Zamzam, ciego.
"A pesar de la clara inocencia de mi hijo, que nunca ha usado las redes sociales, los funcionarios pidieron un soborno. Pagamos el rescate, pero mi hijo sigue en la cárcel", lamentó.
Policia de Pakistán. | EFE
Según los abogados, además de los cientos de encarcelados, al menos cinco acusados murieron en prisión.
En la cárcel de Adiala en la ciudad de Rawalpindi, un joven de 21 años lleva dos años esperando justicia.
Su hermano contó a EFE, bajo anonimato, cómo fue engañado por una chica en Facebook para que compartiera una caligrafía "sin saber que contenía material considerado ofensivo para el islam", según su relato.
Los motivos: Dinero, poder y complicidad oficial
"El principal factor es el financiero. Los implicados mejoraron significativamente su nivel de vida", dijo a EFE la abogada Mazari-Hazir, quien también apuntó a un motivo de poder: "El estatus social asociado al miedo que infunden".
En enero, abogados denunciaron vínculos de la red con el Tehreek-e-Labbaik Pakistan (TLP), un partido islamista radical.
Militantes del TLP. | Wikimedia
Un informe de la Comisión Nacional de Derechos Humanos de Pakistán (NCHR) ya destacó un "preocupante aumento de casos iniciados por la unidad de Ciberdelincuencia de la Agencia Federal de Investigación (FIA), frecuentemente en colaboración con una entidad privada".
En un reporte de junio, Human Rights Watch denunció que las leyes de blasfemia "perpetúan la discriminación y son usadas para atacar a los pobres y a las minorías".
En respuesta a las crecientes denuncias, el Tribunal Superior de Islamabad ordenó este mes al gobierno crear una comisión para investigar estos abusos.
"Es un avance positivo que los grupos extremistas temen", concluyó Mazari-Hazir.
Un historial de violencia letal
El caso más conocido fue el de Asia Bibi, una campesina cristiana absuelta por el Tribunal Supremo en 2018 tras pasar casi una década en el corredor de la muerte.
Su absolución desató protestas masivas y la obligó a exiliarse.
Protestas contra la absolución de Asia Bibi en 2018. | Wikimedia
La violencia de las turbas llegó a extremos en el pasado, como fue el linchamiento en 2017 de Mashal Khan, un estudiante universitario asesinado por sus compañeros por acusaciones falsas; o la quema en 2021 de Priyantha Kumara, un gerente de fábrica esrilanqués, a manos de una muchedumbre.