M. A. Garretón reflexiona sobre "mayo del 68": "¿Será el movimiento estudiantil el que reemplace al movimiento obrero?"

El Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales vivió ese tiempo en París, mientras hacía su doctorado. De ahí recuerda cómo el movimiento "planteó una utopía distinta". "Para ellos el socialismo soviético era tan condenable como el capitalismo", afirma.

17 de Abril de 2018 | 06:01 | Por Consuelo Ferrer Durán, Emol

El sociólogo estaba radicado en París cuando estallaron las emblemáticas protestas de mayo de 1968.

El Mercurio (archivo)
SANTIAGO.- Cuando Manuel Antonio Garretón —sociólogo, politólogo, ensayista y Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales en 2007— habla de los meses que vivió en París mientras se desarrollaba el movimiento conocido como "mayo del 68", todavía, a veces, habla en tiempo presente.

"Esto comienza con un movimiento de los estudiantes en rechazo a la segregación de las residencias estudiantiles de hombres y mujeres, porque no podían estar juntos. Es la primera manifestación, y después va creciendo, como un espiral o una bola de nieve, y van surgiendo distintos grupos que se autoconstituyen o se desgajan de otros", relata Garretón cincuenta años después a Emol.

El año anterior se había licenciado en Sociología en la Universidad Católica, donde fue presidente de la Federación de Estudiantes, y en mayo de 1968 se encontraba cursando su grado de doctor por la École des Hautes en Sciences Sociales de París.

"Una de las cosas que me llama la atención es que los estudiantes inician largas discusiones donde todos toman la palabra y nadie podía interrumpir al otro. Uno decía: ¿Dónde está la federación de estudiantes? Había un sentido de rechazo a la política institucional, no a 'la política' en sí, pero sí a los partidos, a toda forma de autoridad", añade el sociólogo.

"Se produce una escisión entre los actores políticos y los del movimiento estudiantil, una confrontación muy interesante entre la sociedad francesa de la época y la crítica a la civilización industrial. Es más o menos lo mismo que hacían ver los movimientos estudiantiles acá, pero no los de esa época, sino que uno ve en ‘mayo del 68’ algo parecido a lo que va a ocurrir en Chile con las movilizaciones del 2011 y 2012", recuerda.

Un país "aburrido"


El pasado 22 de marzo se cumplieron 50 años desde que un grupo de estudiantes se encerrara en la Universidad de Nanterre en esa protesta que Garretón recuerda. Un mes después, mil 500 estudiantes volvieron a manifestarse en el mismo lugar.

Se desató, entonces, una cadena de protestas y paralizaciones detuvieron el funcionamiento de Francia, que tenía un régimen semipresidencialista con fuertes vetas autoritarias, y que venía saliendo de una década de crecimiento económico y académico sin precedentes. Por dos semanas, 11 millones de trabajadores estuvieron en huelga.

"Me sorprendió que estaba lleno de afiches, pero ninguno tenía que ver con Francia. Todo era relacionado a Vietnam, a América Latina, a la muerte del Che. Lo que importaba era lo que pasaba afuera"

M. A. Garretón
La mayor parte del movimiento cesó con la disolución del Congreso y las elecciones para uno nuevo, a fines de junio del mismo año. De los análisis que, en esos días, trataban de explicar qué estaba ocurriendo, Garretón recuerda uno que sugería que "Francia estaba aburrida".

"En Alemania los estudiantes le preguntaban a sus padres dónde habían estado cuando ocurrió el Holocausto, pero, en comparación, en Francia no pasaba nada. Cuando visité por primera vez la Universidad de La Sorbona, me sorprendió que estaba lleno de afiches, pero ninguno tenía que ver con Francia. Todo era relacionado a Vietnam, a América Latina, a la muerte del Che. Lo que importaba era lo que pasaba afuera", dice el politólogo.

Garretón recuerda que las movilizaciones fueron "una de las primeras y más importantes críticas a la sociedad de consumo" y para ilustrarlo cuenta una anécdota: "En algún momento se produce una quema de autos, que los dirigentes sindicales rechazan en términos de dos argumentos: el primero, que esos autos los fabricaron ellos, y el segundo, que todos ellos aspiraban a tener un auto", cuenta.

La utopía nueva


La noche del 24 de mayo hubo barricadas, movilizaciones y un muerto. "Mayo del 68" no se caracterizó por ser un movimiento con números elevados de víctimas fatales. "Sin embargo, cada represión que se hacía a un estudiante provocaba una conmoción enorme", recuerda Garretón.

"Era un movimiento que no apuntaba a una determinada arquitectura de sociedad, como sí lo hacían los movimientos socialistas, que querían superar el capitalismo. Para el movimiento estudiantil, el socialismo soviético era tan condenable como el capitalismo. Ellos ya no esperaban algo de los actores que conocían”, añade.

"Era un movimiento que no apuntaba a una determinada arquitectura de sociedad, como sí lo hacían los movimientos socialistas, que querían superar el capitalismo. Para el movimiento estudiantil, el socialismo soviético era tan condenable como el capitalismo"

M. A. Garretón
Por eso, cuando el Presidente Charles De Gaulle anunció que llamaría a elecciones para un nuevo Congreso, el movimiento lo rechazó. La frase que se repetía en las manifestaciones era "Elecciones, trampa para huevones".

Otra de las que sonaba por esos días era "Es por aquellos que no tienen esperanza, que podemos esperar algo". "Eran movimientos antiestatales, por eso tenían un componente utópico irrealizable… ¿de dónde venía esa utopía?", se pregunta hoy el sociólogo.

"Lo más profundo de ese movimiento estudiantil es que planteó una utopía distinta, no sólo en términos de relaciones de producción o económicas. No es que necesariamente haya tenido un gran éxito en el sentido de cambiar las instituciones políticas del momento, pero sí uno diría que ahí hubo una revolución cultural", reflexiona.

Dice, también que "mayo del 68" instaló una de las "grandes preguntas" de la era moderna: "¿Será el movimiento estudiantil el que reemplace, en las sociedades industriales avanzadas, a lo que fue el movimiento obrero?".

Un chileno en París


"Todos somos judíos alemanes". Esa fue la frase que se coreaba en las calles, durante una manifestación que surgió el día después de que un funcionario del gobierno francés descalificara a uno de los principales dirigentes del movimiento, Daniel Cohn-Bendit por su origen judío alemán.

"Hubo mucha xenofobia, pero la xenofobia generaba ese tipo de reacciones. Por eso nosotros nos cuidábamos un poco de aparecer, porque eso inmediatamente significaba la expulsión", afirma Garretón.

Ese "nosotros" era el grupo de estudiantes chilenos y latinoamericanos con los que solía participar de las manifestaciones, y entre los que se contaba al cientista político Tomás Moulian; el ex ministro de Aylwin, Luis Alvarado; y la periodista Manuela Gumucio. "Lo que hacíamos era juntarnos en grupo para hacer análisis de esta situación y ver cómo se podía colaborar sin correr los riesgos de ser expulsados", añade.

"Se trató de restituir al mundo de la palabra, donde todos éramos iguales, donde nadie hablaba para hacer callar al otro. Fue un mundo que se tomó la palabra"

M. A. Garretón
Haber vivido esos meses en París, dice, fue fundamental. "Es básico para mi vida y en mi formación. 'Mayo del 68' es totalmente inseparable de mi formación intelectual y de mi visión política. No digo que sea un 'sesentayochero', ni un 'viudo del 68', pero sí creo que en mi ADN intelectual y político está lo que fue esa experiencia", asegura.

Pero es una época que sí recuerda con cierta nostalgia, y dice que fue testigo de un proceso de transformación de los mismos franceses. "Antes eran mucho más duros, más circunspectos, más radicales en sus juicios con los otros, había incluso una cierta soberbia intelectual", asegura.

"Pero esas formas de sociabilidad y convivencia cambiaron, el país se hizo enormemente más simpático después de 'mayo del 68', entre otras cosas porque los franceses se encontraron en las calles. Se produjo, para mí, una sociedad mucho más solidaria", dice.

Y lo relaciona, en cierta forma, a cómo operaba la lógica del movimiento. "Se trató de restituir al mundo de la palabra, donde todos éramos iguales, donde nadie hablaba para hacer callar al otro. Fue un mundo que se tomó la palabra".

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