Aquellos que tienen la imagen de los astrónomos como seres sin contradicciones en su existencia, se equivocan.
25 de Octubre de 2017 | 09:33 | Por Gaspar Galaz
Por Gaspar GalazAcadémico del Instituto de Astrofísica de la U. Católica de Chile
Doctor en astrofísica de la Universidad de París y fue investigador postdoctoral de la Carnegie Institution for Science (EE.UU.). Actualmente es profesor asociado del Instituto de Astrofísica de la Pontificia Universidad Católica de Chile, del cual también es su director, miembro del Centro de Astro-Ingeniería UC e investigador del Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines (CATA).
El astrónomo Olin Eggen fue un pionero y líder de los 60, 70 y 80 en el estudio de nuestra de la Vía Láctea. Junto con Linden Bell y Sandage propuso el modelo de "formación monolítica", donde la física fundamental podía explicar cómo se formaba la galaxia. Además de este trabajo, Eggen hizo muchas contribuciones al estudio de poblaciones estelares. Pero su ciencia no será la protagonista de esta columna, sí parte de su vida.
Olin Eggen nació en Wisconsin en 1919 y murió en un vuelo de Estados Unidos a Australia en 1998. Además de un prominente astrónomo, Eggen era fanático de la literatura científica, y llegó a tener un rol importante como asistente jefe del Astrónomo Real (Prof. Woolley) entre 1956 y 1966, en Greenwich. Entre los muchos papeles y documentos históricos que albergaba la biblioteca del castillo de Hertmonceaux, dependiente del Observatorio Real de Greenwich, se encontraba el llamado "Archivo Neptuno", una serie de cartas y documentos intercambiados entre los protagonistas del descubrimiento, ayudado por cálculos, de dicho planeta. En esta búsqueda estaban por un lado los franceses dirigidos por Le Verrier y, por el otro, los ingleses liderados por Adams.
Si bien el análisis inicial del "Archivo Neptuno" atribuía el descubrimiento a Adams en 1846, el caso nunca estuvo del todo claro. El hecho es que los archivos se señalaban como "perdidos desde aproximadamente 1965". Entre esa fecha y hasta 1999, nadie supo dónde estaban tan importantes documentos para la historia de la astronomía. ¿Cómo era eso posible? Los archivos aparecieron debajo de la cama de Eggen, en su casa en La Serena, algunos meses después de su muerte. Estaban en una caja junto a varios documentos históricos, y fueron descubiertos por la secretaria del observatorio de Cerro Tololo, Elaine MacAuliffe.
Se encontraba el llamado "Archivo Neptuno", una serie de cartas y documentos intercambiados entre los protagonistas del descubrimiento, ayudado por cálculos, de dicho planeta
Gaspar Galaz
Luego de recuperados, un nuevo análisis de estos documentos mostró que en realidad fueron los franceses, guiados por Le Verrier, quienes descubrieron Neptuno. Este hecho curiosamente no ha tenido el impacto que uno podría suponer: la historia reescrita después de más de 100 años. Pero la otra pregunta acá es si se puede deducir por qué que Olin Eggen sustrajo el "Archivo Neptuno" cerca de 1966 desde la biblioteca de Greenwich. ¿Cuál fue su objetivo? ¿Una venganza con Woolley, el astrónomo real, con quien tenía una pésima relación, y quien en realidad, según las palabras de Eggen, despreciaba el trabajo bibliográfico? ¿Dilatar el conocimiento de que fueron los franceses en realidad quienes descubrieron Neptuno? ¿Su curiosidad y afinidad con los libros antiguos? Viendo el cuadro completo, que incluye la personalidad de nuestro personaje, su paso durante la Segunda Guerra Mundial por la Office of Strategic Services (OSS), precursora de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos, y considerando la escritura de libros bajo el seudónimo Nilo Neege (Olin Eggen al revés), no es de extrañar que haya sucumbido a la tentación de poseer el "Archivo Neptuno". Así pudo leerlos hasta la saciedad, o hasta desentrañar él el misterio final del descubrimiento.
De algún modo, la propia "despedida" de este extraordinario astrónomo, que se puede leer en su artículo "Notes from a life in the dark" (1993), en los Annual Review of Astronomy and Astrophysics de 1993, nos estaba dando a entender el carácter multifacético y, finalmente humano de Olin Eggen, a quien tuve el privilegio de conocer justamente en una práctica de astronomía durante febrero de 1993. Las anécdotas propias del autor, con Olin Eggen quedarán para otra columna.