Cuesta mucho sacarlo del tema del periodismo y la televisión. Es un apasionado por su carrera, pero también un agradecido de lo que aprendió con “grandes maestros”, como los llama, y entre los que cita a Bernardo de la Maza, Santiago Pavlovic y “Don Francisco”, Mario Kreutzberger, además de muchos otros. A este último lo califica como “un monstruo de las comunicaciones”.
En este momento de su vida se siente muy bien, y agradecido de lo que ha logrado. “Lo más reconfortante es sentirme un tipo creíble y que ha alcanzado algunas cosas”.
-¿Proyecciones?
“Bueno, yo no sé lo que voy a hacer todavía; al menos, este año. Estoy ahí para lo que el canal disponga. Me imagino siendo conductor un tiempo más.
“Igual tengo hartas inquietudes intelectuales; más que la televisión, yo quiero al periodismo, es mi pasión y es lo que me ha motivado a vivir. Me encantaría seguir en la conducción y llegará un minuto en que me gustaría traspasar mis conocimientos a otra gente.
“Lo importante, ante todo, es crecer como profesional y como persona; dónde esté, ya veré”.
El tema de las mujeres y su rol en la actual sociedad también lo raya. “No sé si pueda parecer un poco chovinista, pero encuentro que las mujeres en Chile son notables. Tienen una cosa única; justamente, en esta combinación de roles, como profesionales, mamás, mujeres. Encuentro extraordinarias las características que uno ve en ellas. Tienen la capacidad de estar en todas partes, de aperrar”, dice.
-Casi fanático.
“Son increíbles, de verdad lo pienso, no es ni cliché ni nada. Encuentro que aquí en Chile, por una serie de condiciones culturales, gran parte de las cosas se las debemos a las mujeres; fundamentalmente, a cómo empujan en los momentos más complicados. Son capaces de sacar adelante sus aspiraciones personales o, incluso, dejarlas de lado, si es por un objetivo en el que creen, como la familia, por ejemplo”.
Lo dice con absoluta convicción, se apasiona, pero también se emociona. Recuerda a su madre y su ejemplo, a su abuela, que fue todo un personaje en su vida. “Siempre vi estas mujeres pujantes, trabajadoras; que eran capaces de desdoblarse entre el trabajo y la casa; siempre tenían momento para apoyarte, para acogerte. Yo aprendí mucho de los ejemplos que tuve”.
De la conversación, sale un dato anecdótico: su abuela era florista de la pérgola de las flores de San Francisco y es por eso que Antonio le tiene un gran cariño a la obra musical de Francisco Flores del Campo. “Mi abuela fue durante 50 años la presidenta del sindicato de floristas; de hecho, el personaje de la Anita González, la Rosaura, es mi abuela. Yo veo la obra y, no sé si a alguien le seguirá gustando o no, pero a mí me causa mucha emoción, porque yo me crié ahí, entre mi barrio de Las Rejas y el puesto 32 de la pérgola”, recuerda.
-¿Qué se siente al cambiar de esa vida más humilde a esta mucho más expuesta y exitosa?
“Es fantástico si tienes las cosas claras. Aprendes a comprender todo, tienes una mirada más amplia del mundo. Eres capaz de entender los esfuerzos de las personas, sus sacrificios, éxitos y derrotas.
“Yo no siento ser otra persona, tengo una mejor condición económica, nada más”.
-Pero hay gente que prefiere olvidarse.
“Yo no, al contrario, me siento orgulloso. A mis padres y a mi abuela, les debo todo lo que soy. Siendo gente muy humilde, que no pudo educarse y todo lo demás, tenían claro lo básico, que es la mirada del mundo: Trabaja, viejo, y edúcate, y me dieron educación como única herencia.
“Me enseñaron que el dinero no hace la diferencia entre las personas, todos valen lo mismo. Para mí es igualmente respetable el que tiene mucha plata o el que no tiene nada. Esa mirada del mundo, más humana, más comprensiva, la puedes aplicar a tu trabajo. Incluso puedes comprender a los que olvidan su pasado; no compartirlo, pero sí comprenderlo.
“Para mí nada ha sido fácil, pero nada ha faltado, como nos hizo reflexionar un sacerdote jesuita cuando nos juntamos en el colegio para celebrar los 20 años de egreso”.
-¿Qué crees que hace falta para poder seguir tu ejemplo?
“Vivo feliz, porque creo que, producto de los esfuerzos personales, he podido lograr cosas; pero nunca me olvido de dónde salí o lo que fui, de mis grandes amigos. Insisto, no por la tontera de reivindicar nada, sino porque eso es este país y, finalmente, mi ejemplo se repite en muchas otras personas.
“Uno necesita el estímulo, el apoyo y, sobre todo –lo que es para mí clave-, el acceso (recalca la palabra) a la educación. Es lo único que levanta a los pueblos. Agradezco que haya sido así, porque uno se abre al mundo, este proceso te da más herramientas y te hace vivir de acuerdo a lo que es realmente importante”.
Antonio está casado hace años con una publicista y tiene dos hijos, Daniela (19) y Javier (18). “Son niños súper interesados en la cosa política, en la actualidad; les interesan las cosas del país. Participan activamente”, cuenta.
Siente que, a pesar de sus múltiples viajes y ausencias, siempre ha tenido la disposición a estar presente. Cuenta que sus hijos no le reprochan no haber estado, porque entienden la pasión por su carrera y su esfuerzo por salir adelante.
Va al gimnasio todos los días, le gusta hacer spinning y nadar; además, de los deportes de invierno y la montaña. “No sólo por el deporte, sino para botar la tensión y gozar de la naturaleza”, explica. También le gusta mucho la música, especialmente la clásica y, entre esa, la barroca: Haendel, Bach.
-Cuéntame sobre la lectura, una de tus pasiones.
“Leo todo lo que venga, leo mucho. Lo que más me gusta es la historia, gracias a eso entiendo mi presente desde mi pasado y me permite proyectarme en el futuro. También me ayuda en la pega, en crecer en las líneas de pensamiento. Eso lo heredé de mi padre.
“Tengo una tendencia a las obras monumentales, a leer sobre un período de la historia y, después de entenderlo a cabalidad, seguir con otro. Me gusta Bárbara Tuchman,
‘Los cañones de agosto’y ‘La marcha de la locura’.
“También me gusta cómo se está escribiendo la historia de Chile reciente, me parece muy interesante. Puede ser debatible lo que se está escribiendo, pero en general sabemos poco de nuestra propia historia y eso debería preocuparnos, porque la herramienta que, al final, genera el progreso es educarse, saber, conocer”.
-¿Cuáles son los últimos libros que has leído?
“De Anthony Beevor, ‘Berlín’, sobre la Segunda Guerra Mundial y ‘2666’ de Bolaño. Los libros me duran poquito y mezclo autores modernos con clásicos. Mucha historia de Chile; releí con pasión ‘Adiós al Séptimo de línea’.
“También soy socio de una biblioteca y voy a copuchentear para buscar cosas nuevas. Me encanta ‘La guerra del fin del mundo’, de Vargas Llosa; leo siempre la Revista de Libros de ‘El Mercurio’".
-¿Vicio privado?
“Siento un profunda pasión por lo animales, amo a los perros. Tengo uno y para mí es muy importante jugar con él, ¡es genial!
“Hace poco leí un libro que dice que los animales tienen características que los humanos hemos perdido. Amo a mi perro… no sé bien como decírtelo.
“Los humanos somos poco respetuosos de la naturaleza y en especial de la vida animal. A mí me conmueven los animales. San Francisco de Asís dijo que son nuestros hermanos menores. Hay que tratarlos como tales, en el amplio sentido de la palabra: hermanos”.