Los juegos de Avello no tienen fronteras. Frente a su actitud lúdica se puede levantar la ceja y mirarlo de reojo o dejarse llevar y reírse un rato. La segunda opción puede ser más entretenida, pero se corre el riesgo de llegar demasiado lejos. Eso sucedió en esta entrevista, que comenzó con periodista y entrevistado montados sobre la misma bicicleta. La reportera arriesgó su vida subiéndose a la enorme estructura metálica y dejando que Avello la condujera. No murió en el intento, pero tampoco salió indemne.
Según Felipe hubo “conexión”. De unión mágica pasó a física cuando, entre pregunta y pregunta, tomaba la mano o acariciaba a su entrevistadora. Por suerte, el periodista de “SQP” puede hacer más de una cosa a la vez. Así que no dejaba de responder las consultas mientras jugaba a ser coqueto.
-¿Qué tipo de música te gusta?
“¡A mí me gusta toda la música! Un día me di cuenta del poder de la música y del poder del amor. Vivía en Concepción y había una niña con la que tenía una relación, Carolina se llamaba. Yo vine a Santiago y le dije que me iba por dos o tres días, pero me fui por dos semanas y no la llamé. Como nunca había tenido una polola, no sabía que había tanto compromiso. Volví y ella estaba enojadísima y me dijo que no nos viéramos más. Afectado por su rechazo, iba en la micro cuando empezaron a tocar una canción de Ricky Martin. A mí no me gustaba, tenía el mismo concepto que puede tener cualquiera, que su música nunca me iba a llegar, pero sonaba ‘te extraño’ (canta) y empecé a llorar mientras disimulaba con el cuaderno y con la parka”.
-Al igual que la música ¿hubo un día en que descubriste el poder del cine?
“Sí, también. En Concepción, yo trabajaba en un canal, entonces tenía cierta popularidad que me hacía sentir bien, ya no era un marginal. Pero había terminado de estudiar y no podía quedarme ahí, así que me vine a Santiago. Estaba pololeando y ¡no me quería ir! pero tenía que hacerlo. Sabía que se venía algo dificilísimo. Todo mi entorno protegido se acababa justo cuando había logrado la estabilidad emocional, por llamarlo de alguna manera. Entonces, estaba viendo ‘El día de la independencia’ y en la parte en que el Presidente hace un discurso, me emocioné y lloré”.
-¿Por qué te emocionaste con…?
“¡Porque me emocioné con el discurso! Porque iban a morir. Estaba hablándole a los pilotos de avión que se iban a combatir contra los alienígenas y yo me sentía como un piloto que estaba en su nave. Y lloré”.
-¿Lloras mucho?
“No, pero cuando lloro me entrego a la melancolía. Soy un tipo muy melancólico, muy sensible, muy apasionado, soy una gran persona”.
-¿Te gusta leer?
“Es que no quiero contar eso, es muy íntimo. Me encanta leer, aunque hay cosas que no entiendo ¡no puedo leer ciertos textos, no los entiendo! Comprendo a Jaime Bayly, Bukowski, Fuguet; pero ¡no quiero leer esos libros!”
- ¿Por qué los lees entonces?
“Porque me gusta leer y esos los entiendo. Pero no puedo leer los que quiero como el ‘Trópico de cáncer’ o el ‘Trópico de capricornio’ de Hemingway (se refiere a libros escritos por Henry Miller); Bolaño tampoco, porque soy un limitado”.
-¿Te gusta el arte?
“No, no tengo el gusto. Tengo una sensibilidad burda. Imagínate que me puse a llorar con Ricky Martin y ‘El día de la independencia’ y leo a Jaime Bayly. Perdóname, me encantaría emocionarme con ¡no sé con qué! con una pintura o con ¿Dufó, Bufó? (Foucault)”.
-¿Le temes a algo?
“Sí, a todo: la altura, estar encerrado, los perros, la delincuencia”.
-¿Tienes miedo de ti mismo?
“No, a lo único que no le tengo miedo es a mí y a mi entorno. Pero le temo a la velocidad y a los autos, por eso ando en bicicleta. Soy capaz de cambiarme de cuadra por un perro chiquitito. Le tengo miedo a los aviones ¡Siempre pienso que me voy a morir! cada día. Pienso que me voy a resbalar, que me voy a caer del segundo piso, que el conserje está coludido con el del agua y van a asaltarme ¡te lo juro!, que afuera hay un complot con la señora del pan”.
-¿Hay alguna terapia para expiar tu temor?
“Mi trabajo y mis shows. Arriba del escenario se me pasa el miedo”.
Sin miedo y sin pudores, Avello se sube al escenario. Dice que no le importa cómo se ve y que su figura es funcional al patetismo que busca en los shows donde se saca la polera en medio de la música de su banda Dina Gómez.
Pero no siempre fue así. En algún momento, confiesa, fue anoréxico. “Es que me obsesioné con hacer ejercicio. Salía a trotar todos los días una hora. Me volví flaco. Comía una manzana y una galleta de agua en el día, no un paquete ¡una galleta!”. Según él, su obsesión la superó comiendo. En unas vacaciones, el alcohol lo relajó y se sanó de su manía. Una de muchas, porque se confiesa obsesivo.
-¿No has pensado tratarte?
“Con esto nadie va a votar por mi ¡nadie va a votar por mí! ¿Pueden votar hombres? Cachai que me estoy volviendo un poco homosexual más encima”.
-Pero ¿quiénes te atraen?
“Las mujeres”.
-¡Entonces cómo te puedes volver homosexual!
“Porque en el programa Italo Passalacqua empezó a decir que yo era homosexual, entonces la gente en la calle me dice”.
-¿Si la gente lo dice, tú lo crees?
“No poh, pero ya es una presión. Entonces el otro día vi a un tipo que andaba con una musculosa y al tiro lo miré”.
No obstante, su relación con los hombres no supera las miradas, porque Felipe Avello dice que nunca se ha llevado bien con los machos. Con las mujeres tampoco fue fácil. Sólo cuando se puso a pololear pudo conocerlas un poco más y mejorar sus relaciones con ellas. Tras eso, según él, ha logrado mantener relaciones largas donde expresa su romanticismo porque “soy muy cariñoso y me entrego al amor”.
-Entonces te aguantan.
“Pero por qué me van a aguantar, si yo soy entretenido, simpático, sensible, sé reconocer mis errores y trato de cambiar. Cambio mi estilo de vida para complacer a mi pareja. Tenía una polola que carreteaba harto y me volví carretero. Tenía otra que leía mucho, era muy intelectual y yo me convertí en eso. Tenía una novia que hacía deporte, era profesora de un gimnasio y ahí fue la época que empecé a trotar una hora”.
Avello se adapta al cuerpo con el que convive, pero no al espacio que habita. Por ahora vive solo y una "niña" se preocupa de realizar las tareas hogareñas.
- No te preocupas de las cosas de casa.
“No, porque antes vivía en un caos absoluto. Una vez dejé una ‘coronta’ de manzana debajo del colchón ¡Ni siquiera debajo de la cama! La dejé en abril y al año siguiente corrí el colchón y estaba lleno de callampas ¡habían callampas en mi pieza!”
-¿Vicio privado?
“Algo que hacía antes, poner en google ‘Felipe Avello’ y revisar lo que aparece en los blog de la gente. Estoy tratando de superarlo, pero no puedo. Lo hago cada vez que me meto a un computador, aunque menos, ahora”.
-¿Excesos de algún tipo?
“Sexual, podría ser”.