El tema gira una y otra vez sobre recuperar los espacios internos, las raíces, la convivencia. Laura Esquivel es una convencida de que los cambios en la sociedad, si bien han contribuido a una serie de adelantos, también han alejado a las personas de su centro. Eso es lo que ha buscado reflejar en sus libros.
-Tus libros son muy "visuales", ¿se debe a tu experiencia previa como guionista?
"Sí, creo que toda la gente, a partir de mi generación, de los '50, es totalmente audiovisual, desde que aparece la televisión"
-Pero a "La ley del amor", que viene acompañado de un CD no le fue tan bien.
"Ahh, es que causó mucho shock en su momento, porque la gente estaba esperando otra cosa –algo así como 'Agua para chocolate 2'- y el '95, cuando salió, no se entendió la propuesta, que era otro acercamiento a la literatura, con todo el cuerpo. El lenguaje de la música es otro, repercute en el cuerpo y produce una serie de estados alterados de conciencia; la imagen, también, era seguir el ritmo narrativo, no sólo leyendo.
"Primero como que la gente se quedó sorprendida, pero ha llevado un camino muy bonito; empezó como de poquito a más y a mí me sorprende muchísimo que toda la gente que lleva para que le firme el libro 'Malinche', llega también con 'La ley del amor', ya no con 'Como agua para el chocolate'".
-¿Lo redescubrieron?
"Fue muy curioso, porque en México me preguntaron lo mismo y les dije
mire no le miento, acabo de ir a otro evento y me acaban de dar una cartita y decía
le quiero agradecer 'La ley del amor', porque cambió por completo mi visión respecto al amor. De ese tipo de cartas no recibí con ninguno de mis otros libros y, de veras, el impacto que tuvo ha sido muy fuerte. Le tengo un especial afecto, porque nunca esperé que fuera un éxito como 'Agua…'".
-Es que yo creo que ni siquiera tú te imaginabas el éxito que tendría.
"¡Nunca! Y cuando escribo no espero igualar nunca eso, porque fue un "garbanzo de a libra" (un grano de un kilo), pero, sí, es que tú escribes de todo corazón y quieres ser bien honesta; en ese libro en especial ('La ley del amor'), hay un trabajo impresionante, yo creo que es el más complicado que he escrito".
-Lo escribiste después de separarte, o sea tiene algo que ver también con tu proceso interno.
"También, con un proceso de búsqueda. Es un libro muy lindo".
-¿Cómo cambió tu vida "Como agua para el chocolate"?
"Fue todo un aprendizaje, porque definitivamente cambió mi vida; cambió, también, la forma en que la gente cercana se empieza a relacionar con uno. De pronto, como que a la gente la hace mirarte de otra manera: eso es lo más difícil.
"Lo otro, bueno, a la fecha, tengo que estar peleando mi espacio; o sea, si yo me dedicara a aceptar las invitaciones que recibo, no vuelvo a pararme en mi casa ni vuelvo a escribir ni a estar conmigo misma".
-Por eso decías que estabas más tranquila el período que viviste en Nueva York.
"Bueno, es que en Nueva York me aislaba totalmente. Nadie tenía mi teléfono, podíamos recuperar nuestra vida de familia, no tenía nadie que nos ayudara, nadie que entrara a la casa; todo era hacerlo nosotros, ir a las compras, no tenía coche; todo eso me daba una gran paz.
"Pero ahora ya regresé a México y lo que hicimos fue construir un espacio así, donde no tengo teléfono, donde no tengo nada, donde nadie entra, para yo poder tener mi contacto, conmigo. Tener ese espacio, a pesar de que agradezco todas las muestras de cariño".
-El personaje de "Tan veloz como el deseo" está inspirado en tu padre ¿sólo porque era telegrafista?
"Sí, aunque está inspirado, además, en su personalidad, pero no es su vida, más que la cuestión de la enfermedad –mi papá tuvo Parkinson-, todo lo demás es ficción. Lo que se me hacía muy doloroso era que por su enfermedad no pudiera comunicarse, habiendo sido siempre un gran mediador, un gran comunicador. Por eso, en honor a él, hice esa novela, inspirada en la enorme generosidad de mi papá, que no entendía la vida si no era sirviendo y alegrando a los demás, porque tenía un sentido del humor fenomenal. También me escriben agradeciendo que alguien haya escrito un personaje masculino tan entrañable, un protagonista con esas características".
Además de estos títulos, Laura Esquivel ha publicado "Estrellita marinera", "El libro de las emociones: son de la razón sin corazón" y los cuentos "Íntimas suculencias, tratado filosófico de cocina". El martes presentó en Chile "Malinche", su último libro que edita Santillana con su nuevo sello, Suma de Letras.
-La editorial te pidió una biografía, ¿cómo es que se convirtió en novela?
"Nunca se me había cruzado por la mente investigar a la Malinche, pero me interesó mucho y acepté el reto".
-Pero fue como cambiar el juicio histórico respecto de ella.
"Sí, fue un trabajo para tratar de verla sin las ideas anteriores que tenía sobre ella".
-En México es una traidora.
"Sí, inclusive hay un término para eso –malinchismo-, que es un insulto. Cuando alguien te dice
eres una malinchista, es decir
tú prefieres lo extranjero que lo propio. Existe y es muy fuerte. Pero no más basta que uno abra tantito, con otros ojos, cualquier libro de historia, para que te des cuenta que es injusta la valoración que se le hace".
-¿Por qué?
"Porque es falsa; no hubo tal traición ni tal, que te diré, repercusión de lo que una persona podía o no decir… ella no pudo haber hecho la Conquista tal y como nosotros pensamos; había muchos elementos en juego, muchas creencias, especialmente la de Quetzalcoatl".
-¿Qué los españoles eran dioses?
"Esta idea tan fuerte es lo que hace que cuando ellos llegan, Moctezuma les entregue el Reino. Él, de entrada, les entrega el Reino y por qué nadie dice que esa sí fue una traición. Nadie recuerda tampoco a los cientos de miles de indios que se aliaron a los españoles, porque cuando muere Moctezuma sí surge una resistencia. De eso nadie habla, sólo de Malinche".
-¿Por qué, por el machismo típico mexicano?
"No entiendo de dónde, no entiendo por qué se dice malinchista y sólo a ella. Yo creo que ella guardó lealtad, pero a lo intemporal, no a un poder temporal. Lo intemporal estaba representado por Quetzalcotl; ella guarda lealtad al pensamiento más puro, es lo que yo puse; al pensamiento más representativo de la cultura sagrada, no al que distinguía al Imperio de Moctezuma, porque ese tenía sojuzgados a los pueblos vecinos".
-Un poco volvemos a lo que hablabas de la actualidad.
"Sí, ellos no querían más que deshacerse de este yugo y, en verdad, cuando llegan los españoles, los indios leían de otra manera los signos que los conquistadores traían. Hubo una serie de equívocos, pero si analizas el mundo de pensamiento de ellos, los entiendes. Por ejemplo, el color que representaba la sabiduría de Quetzalcoatl es el negro con el rojo; los españoles llegaron un Viernes Santo y venían todos de negro; entonces, cuando ellos bajan y los ven de negro –bahh (pone cara de asombro y abre enormes sus ojos)- y empujados por el viento, en el mar, barbados; reunían muchas de las características que ellos esperaban que tuviera la representación del dios".
-Hay un análisis más profundo.
"Sí; entonces, uno puede ir entendiendo muchas cosas y sobre todo a ella. Es una mujer que es dada en calidad de esclava a Cortés, para su servicio. Cuando hablas de traición, hablas de elección; ella no la tenía, era esclava; además, él le ofrece la libertad a cambio de su trabajo de traductora. Hay muchos, muchos elementos que hay que valorar antes de emitir un juicio, por eso es desproporcionado e injusto.
"No digo que no hubo destrucción, no dudo que ella en algún momento se haya arrepentido de haber participado; es una mujer que debe haber estado llena de contrastes y contradicciones, pero eso la hace un ser de carne y hueso y bien particular".
-¿En qué género catalogas el libro?
"Es una biografía novelada. No se puede hacer estrictamente una biografía, porque hay muy pocos datos; todo lo demás es especulación. Hay muy pocas menciones que hacen los cronistas respecto de ella, pero yo, a partir de allí, bordo; pero bordo en base a un trabajo histórico, por eso le doy validez.
"Juego llegando a la ficción, pero todos los datos son reales. La abuela, obviamente, es invención mía, pero para mí era importante la voz del lenguaje nahuatl, que es totalmente poético y simbólico. Todo lo que habla la abuela representa un mundo de creencia que sí existió".