El secreto de los sérum

Armas poderosas capaces de revitalizar la piel y satisfacer distintas necesidades, los sérum están ganando protagonismo en la cosmética. Se trata de fórmulas con mayor concentración de activos que ayudan a recuperar un aspecto más lozano con sólo unas gotas.

15 de Septiembre de 2006 | 08:33 |
En la lucha contra los signos del paso del tiempo, el poder de los sérum ha ido cobrando mayor protagonismo. Antes se dejaban sólo para ocasiones especiales; hoy en cambio, prometen un cuidado continuo de la epidermis y resultan grandes aliados para el tratamiento de las pieles castigadas por las agresiones del ambiente. Son verdaderos elíxires de juventud, capaces de devolver la tersura y lozanía con unas pocas gotas y satisfacer distintas necesidades.

Según explica Paula Vergara, jefe de Producto de Tratamiento de Lancome, hasta hace un tiempo el sérum era un complemento dentro de una línea, y su objetivo era profundizar el efecto de las cremas. "Ahora se perfila incluso como el producto estrella, como es el caso de High Résolution Collaser 48. Dejó de ser un cuidado optativo para convertirse en pilar fundamental de la cosmética, ya sea corrigiendo arrugas, potenciando la renovación celular o estimulando los mecanismos naturales de reparación de la piel".

El desarrollo de la cosmética explica que hoy existan sérum orientados a distintas necesidades. En general, se trata de fórmulas que poseen el doble de concentración que una crema, por lo que se puede esperar una acción más profunda e inmediata. En este sentido, se puede hablar de sérum hidratantes - que ayudan a reducir las primeras líneas de expresión- , y de otros antiestrés, ideales para pieles fatigadas.
Gestual de aplicación
Como ocurre con otros cosméticos, la efectividad del sérum también depende de la continuidad del uso y de la forma en que se aplique.

Paula Vergara explica que la regla general es siempre poner primero la textura más liviana. "Si se aplica antes una crema muy untuosa la piel queda sellada, y el producto que se pretenda usar después no penetrará como es debido". La jefe de Producto de Tratamiento de Lancome, sostiene que los sérum poseen texturas bastante livianas, por lo que debieran aplicarse antes que la crema habitual de tratamiento.

"Lo mismo corre si se desea usar una fórmula hidratante y otra antiarrugas. Si el hidratante es sobre la base de agua, debe aplicarse antes, de lo contrario se pierde parte de su efecto por falta de absorción".

Sobre la mejor forma de uso, Paula Vergara recomienda: "Se conseja poner producto en cinco puntos claves del rostro, que son frente, mentón, mejillas y nariz, y extender el sérum en forma horizontal, con movimientos alisantes en el sentido de la arruga".

También los hay de acción revitalizante, que ayudan a tonificar los músculos faciales y reavivan los rostros con evidentes signos de relajación. Los que devuelven la luminosidad y aquellos que potencian el recambio de células dañadas
.

Pero sin duda, los más populares son los sérum ansiedad. En esta categoría caben los productos capaces de alisar las líneas de expresión marcadas y contrarrestar los efectos del fotoenvejecimiento, y también los que pueden recuperar el óvalo facial y atenuar la pérdida de firmeza. Asimismo, hay sérum que combaten las manchas, la excesiva resequedad y la falta de tono de la epidermis.

Unos muy apetecidos por las pieles maduras son aquellos que aseguran un efecto inmediato, es decir, que borran huellas de cansancio momentáneo, y tensan la piel en un efecto lifting.

En relación a la efectividad de los sérum como arma antienvejecimiento, la dermatóloga María Isabel Benavides explica que se debe considerar que no todas las pieles envejecen igual, que hay factores internos y externos que determinan cómo y cuándo ocurre el deterioro, y que la epidermis sufre dos tipos de envejecimiento. Uno fisiológico, que está programado genéticamente, y otro que depende de los hábitos de vida como el estrés, tabaco, dieta y agresiones ambientales, que aceleran el daño.

La especialista advierte que el envejecimiento no sólo dice relación con las arrugas, sino con una serie de alteraciones a nivel cutáneo. "La renovación celular se hace más lenta, como consecuencia se producen queratinocitos y lípidos de peor calidad que comprometen su función de barrera. Además, la capa córnea se fisura, dejando evaporar más agua de la debida. Por otro lado, el colágeno y la elastina van perdiendo sus propiedades de extensión, y la piel empieza a perder firmeza".

También hay cambios en la hipodermis, la capa más profunda de la piel, donde se esclerosan los tejidos conjuntivos que rodean a los lóbulos grasos, las glándulas sudoríparas se atrofian y las células grasas disminuyen. Eso hace que la piel pierda tono y flexibilidad. "La clave ante estos daños es prevenir, tarea que debiera comenzar a los 30 años o un poco antes si es que se trata de una piel sobreexpuesta al sol o fragilizada por el ambiente", explica la doctora Benavides. Y es ahí donde los sérum pueden ser valiosos.

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