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"El periodismo es un oficio que resulta cautivante"

Periodista de alma y corazón, las noticias son parte importantísima de su vida. Pero llegar hasta el lugar que ocupa hoy en la televisión chilena no fue fácil; debió sortear muchas barreras, como su condición humilde y sus escasos recursos. Hoy se siente orgulloso de lo que ha logrado, pero todavía le parece curioso aparecer en pantalla a pesar de su parche en el ojo.

26 de Diciembre de 2006 | 10:20 |
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Ya bien entrada la tarde nos recibe en su oficina de TVN, porque sus horarios libres son bien pocos. No ha sido fácil conseguir entrevista con él, no le gustan; se siente ciento por ciento periodista y casi le molesta aparecer como protagonista.

Tal vez por esa misma razón, la conversación se inicia muy formal, casi sacándole las palabras con tirabuzón, excepto cuando habla de su trabajo. Pero a medida que avanza la tarde, se va soltando, aparece la sonrisa, las anécdotas y un Santiago Pavlovic casi desconocido, que se vuelve a cada momento más interesante y atractivo.

Las horas pasan volando y las historias siguen: su infancia, su empeño por ser el único profesional de sus hermanos, las experiencias en zonas de guerra, su larga carrera en TVN (muchas veces criticada) y el por qué del parche en el ojo que se ha vuelto casi una marca de fábrica.

Su tono de voz es el mismo de la televisión: calmo, ronco e intensamente atractivo y con ese vocabulario que le es tan propio, un poco grandilocuente y, a veces, rebuscado, pero sin el cual, Pavlovic no sería en persona el mismo de la pantalla.

Parece muy tímido; de hecho mira casi siempre a la pantalla de su computador y habla bajito, pero cuando el tema gira hacia el periodismo, la profesión y la vehemencia se apoderan de él.

-¿Cómo llegaste al periodismo?
"Por un diario mural del liceo en que estudiaba, ahí empecé a escribir. Cuando di la PAA, quedé en Derecho en la Católica y en periodismo en la Chile; opté por lo último y después, ya estudiando, empecé a trabajar en la FECh y en algunos medios en Santiago y en el norte".

Compañero de curso de otro de los grandes de la TV, Gonzalo Bertrán, juntos "hicimos las primeras armas en el periodismo" en un diario que se llamaba El Norte. Fue una generación connotada dentro de los medios del país; a ella pertenecen también Nicolás Luco y Manfredo Mayol.

-¿Por qué te interesó esta carrera y no te quedaste en leyes?
"Mmm… me interesó siempre. Probablemente porque tuve una mamá que, no teniendo casi ningún estudio, y un papá que tampoco tenía ni un año de estudio, eran muy curiosos respecto de lo que había sido la Guerra Civil Española, la II Guerra Mundial, y me despertaron la curiosidad por lo que pasaba y, particularmente, por los conflictos (se ríe).
"Después, bueno, el periodismo es un oficio que resulta cautivante".

-¿Siempre pensaste trabajar en televisión?
"¡Nunca! Por el hecho de tener un problema en un ojo, andaba siempre con lentes oscuros, así que nunca me vi en televisión. Para mí, la gente que estaba en este medio, debía tener muy buena presencia –buenmozo en lo posible-, los dos ojos sanos… y yo no respondía a ese arquetipo".

- Perdón, pero sólo no correspondías a lo de los dos ojos sanos.
(Muy serio)"No, no correspondía; además los lentes oscuros establecían una enorme barrera. Después, cuando ya empecé a trabajar, se produjo el golpe militar y los anteojos oscuros se asociaban a los agentes de seguridad y una cosa más bien turbia, medio siniestrota; así que con mayor razón traté de no aparecer mucho en pantalla.
"Cuando empecé a aparecer fue porque quería demostrar que realmente estaba allí; no sé, en Beirut, en El Cairo, para que la gente se diera cuenta de que estaba en terreno, que no era material de archivo".

-¿Fue difícil enfrentarse a la cámara con ese prejuicio contra ti mismo?
"Claro, particularmente difícil, porque siempre he sentido que no tengo habilidades, dones o talentos naturales para eso… ¡Me ha costado mucho! Sobre todo si me comparo con gente que tiene disposición física, corporal, mental para estar en pantalla. Hay periodistas que pueden improvisar de maravilla, no se equivocan y resultan muy atractivos y vívidos sus relatos; a mí, todo eso me cuesta bastante. Al revés –se ríe- es como contranatura para mí".

Siempre irónico, sostiene que la perseverancia es su gracia: "Si yo tuviera el talento que algunos tienen para aprender idiomas, hablaría perfectamente inglés, francés y alemán, por todo el esfuerzo que le he dedicado a aprender; pero no lo hago tan bien, porque me cuesta mucho".

-¿Cómo empieza la trayectoria de corresponsal de guerra?
"Lo cierto es que yo nunca me he definido así; básicamente he sido un enviado especial a ciertos conflictos, porque los corresponsales de guerra son gente admirable que, a veces, se pasan tres o cuatro meses en un sitio en el que hay gran peligro; nosotros no tenemos los recursos para eso. Las únicas dos veces que hemos estado mucho tiempo en zona de conflicto ha sido en Afganistán y en Irak, donde estuvimos toda la guerra; entre otras cosas, porque se nos acabó la plata y no teníamos cómo salir ni cómo recibir dinero allá".

-Pero no puedes negar que eres la versión criolla del corresponsal de guerra.
(Se sonríe) "Es probable, pero los medios en Chile apenas tienen corresponsales de paz, y bastante pocos, menos de guerra.
"Pero, bueno, a mí me interesan particularmente las zonas de conflicto, porque siento que si hay gente que se está hiriendo, se está matando o disputando un territorio, hay materia, hay objetivos que me gusta indagar. Me atrae saber por qué, qué pasa, qué hay detrás de esos conflictos".

Recuerda especialmente el conflicto de los Balcanes, al que, reconoce, partió un tanto prejuiciado por ser de origen croata; pero, estando allá, decidió leer y aprender sobre el otro lado, el de los servios, así que en el reportaje trató de mostrar amabas caras de la moneda. "A mí me pareció que era el ejercicio de mi profesión, pero muchos croatas –que son la mayoría en Chile- se molestaron mucho. Obviamente dejé rápidamente de ser socio del Estadio", dice pícaro.

-¿Y en el caso del conflicto árabe israelí?
"Bueno, básicamente yo tenía la visión de que un Estado pequeñísimo (Israel) luchaba solo contra el mundo. Una vez allá, mi mirada se hizo mucho más matizada y comprendí que había otros pueblos que también estaban sufriendo y a los que no se les había respetado sus derechos, ni las resoluciones de la ONU respecto al conflicto. Además me di cuenta que Israel no estaba tan aislado, sino que tenía el respaldo de las principales potencias mundiales.
"Tener mayor conocimiento respecto a los hechos, te hace ser más prudente respecto a tus juicios y en tu opción editorial".

Aclara, eso sí, que al cubrir cualquier tipo de noticia prima la óptica cristiano occidental en la que hemos sido educados y, por lo tanto, casos como el de Cuba le parecen absolutamente contrarios a los derechos de las personas.

Insiste también, en la gran libertad, pluralismo y óptica democrática de TVN, que le permite cubrir cualquier acontecimiento sin censura ni ediciones previas, sólo manteniendo la línea editorial del canal. "Este medio es altamente respetuoso del trabajo periodístico; no hay una agenda que te obligue a reportear de una determinada manera. Así que nos preocupamos de mostrar las diferentes ópticas de los hechos".

-Pero no siempre fue así, ¿qué hacías en la época del gobierno militar?
"No, de hecho tuvimos muchos problemas. Claro que como, prácticamente, cada año cambiaban director, las situaciones eran cambiantes. No es que uno pueda decir que los 17 años fueron parejos en términos de represión y censura".

-¿Cómo fue con Mayol, tu compañero de curso?
"Difícil, porque verlo en posiciones tan taxativas e ideologizadas y de rechazo a valores que para mí eran fundamentales, fue una cosa muy fuerte, porque yo lo estimaba mucho".

A propósito de toda esa época, Pavlovic aprovechó para ir a estudiar a Alemania, a hacer una beca por dos años. El director del canal era Jaime del Valle y Mayol, gerente general y el único que se opuso a que el periodista se fuera al extranjero.

Antes de TVN y todavía como estudiante, trabajó en la revista de la FECh, mientras Jorge Navarrete era el presidente; después, se hizo cargo de una radio en Aisén, en la que hacía de todo. De vuelta a Santiago, Navarrete era el director de TVN y lo llevó para allá; primero a cubrir internacional y luego de volante (el periodista que cubre cualquier tipo de noticia).

-¿Cómo llegaste a jefe de prensa en el régimen militar?
"La Unidad Popular fue un período negro, de gran sectarismo y polarización; no sólo en el canal, en el país entero. El director de prensa era José Miguel Varas (Premio Nacional de Periodismo 2006), a quien estimo mucho, pero que no era, precisamente, un dechado de pluralismo. Cuando vino el golpe de Estado, y pensando que todo se iba a reconstruir rápidamente, acepté esa jefatura que me ofreció Gonzalo Bertrán. Era muy joven, tenía sólo 25 años".

-¿Por qué?
"Porque en ese tiempo soñábamos con una televisión pública que representara a la gente, que no dependiera de los gobiernos de turno, de los grupos económicos ni de los partidos políticos, al estilo de la televisión europea tipo BBC.
"Bueno, vino el golpe y el canal se transformó en una herramienta de propaganda, sólo que con el signo contrario al que tenía antes. No había muchas opciones, así que acepté el cargo, pero no duré mucho, sólo cuatro o cinco meses".

-El tiempo negro que te achaca Pamela Jiles.
"Bueno, sí –se ríe-. Traté de manejarme lo más decentemente posible, pero no fui del gusto de nadie y duré muy poco. Luego quise hacer unos reportajes especiales, pero no resultó, así que me fui becado a estudiar cine y televisión a Berlín".

De vuelta en Chile, Patricia Guzmán, que era la directora de prensa, lo nombró editor, pero tuvo un problema con un ministro y debió dejar el cargo. En ese momento se hizo cargo de "Sucesos", un programa que mostraba reportajes hechos en el extranjero. También fue el periodista que acompañó a los andinistas de la primera expedición al Everest.

Después vino "Informe Especial" que, aunque ha cambiado de periodistas y tipo de reportajes, sigue con un hilo conductor: Santiago Pavlovic.

-¿Por qué te convertiste en el conductor, si no te gusta aparecer en pantalla?
"Sin desmerecer el trabajo de Juan Guillermo Vivado o Alejandro Guillier, que estuvieron a cargo de la conducción, yo siempre pensé que uno de nosotros debía hacerlo, porque estábamos más imbuidos en los temas, pero nunca pensé que sería yo, jajaja"


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