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¿Qué se debe esperar del Estado?

Cuando ya nadie pone en duda la alta valoración que entregan los chilenos a la familia, la pregunta de hoy es saber qué políticas públicas se deben implementar y hacia qué tipo de familia.

10 de Noviembre de 2006 | 15:53 |
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Subsidiariedad pareciera ser la palabra. Guiado bajo este principio el Estado debería promover políticas públicas destinadas a fortalecer la familia.

¿Qué tipo de familia? Al parecer no hay consenso en ello; los diversos sectores políticos y culturales no están de acuerdo si ello debe ser la familia nuclear de padre-madre e hijos o todas las que se dan en la realidad.

No obstante, lo que queda claro es que los gobiernos de la Concertación están por promover la protección de todos los tipos de familia que se expresan hoy.

Así quedó de manifiesto en el seminario organizado por la Universidad del Desarrollo y en la cual intervinieron, entre otros, la ministra Clarisa Hardy, Carolina Dell´Oro, Eugenio Tironi, José Antonio Kast y Pedro Guell.

Novedosos datos
Una visión esperanzadora es la que arroja la encuesta levantada por el Centro de Políticas Públicas de la UDD en la cual se constata que las parejas formadas por profesionales apuestan por la familia y en ello, no dudarían en postergar la posibilidad de obtener mejores remuneraciones.
El sondeo telefónico realizado a comienzos de octubre refleja que los chilenos mantienen en primer lugar de sus prioridades a la familia, por sobre, el trabajo, los amigos o el tiempo libre.
También establece que la familia es la principal fuente de apoyo a la cual se recurre, por sobre los vecinos, los amigos e incluso la empresa.
La encuesta confirmó la alta valoración que le dan los chilenos a la familia, pero entregó antecedentes nuevos sobre la visión que en particular tienen los jóvenes profesionales sobre ella, dentro de los cuales, un 86% trabajan los dos miembros de la pareja.
Dentro de estas cifras está el hecho de que un 67% de los jóvenes profesionales preferirían ganar menos, pero estar más tiempo con la familia, a diferencia del porcentaje total, donde un 39% de los chilenos se inclina por esa opción, mientras que el 61% restante declara que está obligado a trabajar más por mantener el nivel económico de la familia.
Igualmente novedoso resulta el antecedente de que un 52% de los jóvenes profesionales preferirían flexibilidad horaria por sobre mejores remuneraciones, contra el 44% de los chilenos se inclina por la primera opción y el 56% que querría ganar más.
Otro dato que en cierta forma explica el menor número de hijos que registran las parejas donde hay uno o dos profesionales, es que un 82% de los jóvenes profesionales cree que la capacidad económica tiene una alta influencia en la cantidad de hijos que se tiene, mientras que la media nacional piensa eso en un 66%.
La encuesta también registra la importancia que le dan los chilenos a la ayuda que pueden recibir del Estado, porque en cifras casi iguales, un 48% contra un 52%, cree que el recibir un subsidio del Estado podría tener una alta influencia en la decisión de tener más de 3 hijos.
El estudio confirma también los cambios que se observan en las nuevas generaciones respecto de la repartición de las tareas del hogar, pues sólo un 9% de los jóvenes profesionales considera que los costos laborales de tener hijos deben ser asumidos sólo por la mujer, mientras que un 91% piensa que deben ser compartidos por la pareja. Eso sí, está cifra es diferente a la media nacional, donde un 7% de los chilenos que el costo lo debe pagar sólo la mujer.

¿Familia en crisis?

En los paneles se debatió sobre el estado actual de la familia chilena y los tipos de éstas. No hubo concordancia en lo segundo, pero si mayores acercamientos en cuanto a sostener que la familia chilena no está en crisis, sino que en permanente evolución.

Uno de los defensores de esta tesis fue el sociólogo Eugenio Tironi, quien entregó un claro panorama de lo que está pasando en Chile, es decir, del retraso en el calendario para casarse y para tener hijos, la disminución de la tasa de natalidad en las mujeres casadas, pero no así en las jóvenes ni en las que tienen una relación de convivencia.

A su juicio, los jóvenes han desvinculado el tema de la fecundidad del matrimonio y por lo tanto, debería hacerse un llamado urgente a las mujeres casadas a procrear más.

Tironi se mostró partidario de fortalecer el modelo de familia nuclear (padre-madre e hijos) porque en ella es donde se dan los mayores índices de felicidad y también advirtió que se debe ser cuidadosos en el tipo de políticas públicas que se implementen por el efecto que ello pueda tener en las familias.

No hubo concordancia respecto de qué se debe entender por familia. Tironi sostuvo que no se debe ser mezquino en la definición de familia y no ser tan normativo, mientras que la filósofa Carolina Dell ´Oro rescató el modelo de familia nuclear porque cuanto es en ella donde se vive la incondicional, aclarando que ello no opta que se sea generoso con los otras formas de familia que se están dando hoy.

El sociólogo Pedro Guell hizo ver la necesidad de asumir los cambios que ha experimentado la sociedad y advirtió que no se podía pretender dar al individuo mayores libertades y derechos sin que ello fuera a producir algún efecto en sus relaciones afectivas familiares.

La ministra de Mideplán, Clarisa Hardy, quien también intervino en el seminario explicitó que las políticas públicas que se están “ensayando” se hacen cargo de tres realidades. La primera de ella es que hay una diversidad en los tipos de familia que no se puede intervenir porque su definición queda suscrita al ámbito de lo privado. Segundo, que se debe tomar en consideración los altos niveles de violencia que se vive dentro de ellas porque ello se traslada a la sociedad, y tercero, que la alteración de los roles dentro de la familia está generando tensiones en su interior.

Desde esa perspectiva, detalló que algunas de las políticas implementadas se hacen cargo de la necesidad de reparar vínculos, afectos, derechos y deberes al interior de la familia para posibilitar su desarrollo, y en el mayor de los casos la superación de la pobreza, como es “Chile Solidario”.

Clarisa Hardy corrigió a la ministra del Sernam, Laura Albornoz, afirmando que el Estado no debe promover los distintos tipos de familia, sino que proteger.

En tanto, el diputado José Antonio Kast manifestó su preocupación por las políticas públicas aplicadas por los gobiernos de la Concertación señalando que ellas apuntan a debilitar la familia nuclear. Puso como ejemplo políticas como la píldora del día después, el divorico vincular, el empoderamiento de la mujer, políticas de estirilización, cambios en el regimen patrimonial y otros.

A su vez, el economista Cristián Larroulet, director del Instituto Libertad y Desarrollo, confirmó con datos empíricos que aquellas familias constituidas por padre-madre e hijos registran mayores niveles de felicidad que las otras y también mejores resultados educacionales.

Argumentó que el Estado debe respetar dos principios fundamentales en la aplicación de sus políticas cuales son respetar el principio de la subsidiariedad (no intervenir en los roles que le competen a la familia) y respetar el espacio de libertad de la familia.

En este sentido argumentó que el plan de cobertura de salas cunas que el Gobierno ha puesto en marcha debiera implementarse bajo el mecanismo de la entrega de un subsidio para que los padres puedan elegir y no en la obligatoriedad de tener que limitarse a los establecimientos de la Junji.
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