EMOLTV

Dispuesta a empezar de nuevo

22 de Noviembre de 2006 | 16:16 |
imagen
A sus 58 años se mantiene estupenda y ella reconoce que con un poquito de ayuda. Ya no trajina tanto como antes, cuando recorría todos los locales de la empresa para ver cómo estaban los trabajadores y los clientes. Hoy está más concentrada en la central y ha delegado algunas funciones en profesionales.

Casada hace 35 años con José Pérez, tiene tres hijos de 33, 31 y 25 años y un nieto de 9. “Más seis de pololeo, el único”, agrega.

-¿No es un poco agotador estar tanto tiempo casada con un hombre con el que además se trabaja?
“Sí, increíble, todo el mundo me pregunta lo mismo, que cómo lo hago. Pero la verdad es que no; tenemos tantas cosas para compartir… aunque siempre hay un secretillo”.

-¿Llevan los problemas de la pega a la casa y viceversa?
“Intentamos no hacerlo. No sé si seremos muy fríos, pero tenemos la decisión tomada de separa el trabajo de la casa; imagínate que llegáramos aquí peleados y no nos habláramos, eso no puede ser”.

-¿Dejaste en algún momento de tu vida de trabajar por criar a tus hijos?
“Sí, lo hice cuando mi hijo mayor tenía dos años. En ese entonces a mi suegra se le ocurrió la brillante idea de que yo me debía quedar en el casa; me molestaron tanto que al final, para no pelear, renuncié a FrigiChile. Soy enemiga de andar peleando, a pesar de que me veo de mucho carácter”.

-¿Y cuánto duró eso?
“Siete meses, la verdad es que en la casa estaba de más, el abuelo de mi marido vivía con nosotros y adoraba al niño, no se lo podíamos quitar. Justo cuando resolví volver a trabajar mi antigua empresa necesitaba formar una filial y me llamaron para formar el departamento comercial. Le dije a mi marido me ofrecieron esto y me encanta y partí”.

-¿A tus hijos les importó?
“Todas las cosas tienen su pro y contra en la vida. Según mi marido, yo he sido un muy buen ejemplo para mis hijos, pero a la vez me dice que les he dejado la vara muy alta a los hombres respecto de encontrar una mujer.
“Lo que hemos querido inculcar a nuestros hijos es que uno tiene que sacrificarse en la vida”.

-¿Sientes que lograste compatibilizar trabajo con maternidad?
“Sí, soy bien amiga de mis hijos y creo que les di calidad, que es lo que único debe dar una como madre, no cantidad”.

-O sea, ¿no arrastras culpas?
“Siempre uno, como mujer, tiene sus cargos de conciencia mientras está trabajando, pero los miro ahora que son adultos y estoy contenta, nunca he visto a uno de mis hijos llegar un poco mareado, aunque no digo que no tomen. Nunca los he visto en una situación de peligro”.

Sus tres hijos estudiaron ingeniería comercial, pero sólo los dos varones están trabajando en la empresa. El mayor está más abocado al tema de las importaciones, mientras que el segundo es su brazo derecho en Central Frenos viendo la parte comercial, de marketing y gerentes zonales.

Su hija está haciendo la tesis en recursos humanos en la central, pero tiene claro “que por ningún motivo se viene para acá”.

-¿Entraron a la empresa voluntariamente?
“Sí, absolutamente, a la carrera también. Incluso a la menor, mis hijos y marido le decían no estudies ingeniería comercial, necesitamos un abogado en la familia, pero ella se mantuvo firme. A lo mejor, de tanto hablar de negocios les puso el tema, pero ellos comenzaron a trabajar aquí desde pequeños”.

-Y, ¿partieron de abajo?
“Sí, poh; imagínate que eran niños y llevaban tarjetas de Navidad al correo, fueron juniors, contaron gomitas en la bodega, después pasaron por los mesones de Central Frenos, en repuestos”.

-¿Por qué tu hija no quiere trabajar aquí?
“Dice que los hombres son muy pesados. Me dice no mamá, mejor armemos un negocio juntas”.

-¿Tomarías ese desafío?
“Sí, por supuesto, me encantaría. Sí, yo aquí no puedo ser eterna”.

-¿Qué gustos te das?
“Una vez, cada 15 días, salgo a comer con mis amigas en el club de Lulú. También veo a mi nieto, lo llevó a la casa y fin de semana por medio se va con nosotros a Rapel. También me doy un gusto al ir a la peluquería y mi vicio es la ropa”.

-¿No te arrancas al gimnasio?
“Me tocaste mi punto débil. Nunca me ha gustado el gimnasio, me cuesta desenchufarme de esto, el celular para mí ha sido una bendición. Lo que hacía hace 5 años era ir a clases de tenis dos o tres veces a la semana, pero como hemos ido creciendo en forma explosiva, ya no puedo”.

EL COMENTARISTA OPINA
¿Cómo puedo ser parte del Comentarista Opina?