Nunca es tarde para retomar la química

Tanto han oído las mamás sobre la importancia del apego, que si el contacto inicial no resulta ideal, algunas temen que el hijo vea afectado su desarrollo.

31 de Enero de 2007 | 15:08 |
Libros, charlas, reportajes... todos hablan de la importancia de generar un apego seguro con el hijo. Pero cuando ocurren los contratiempos -problemas en el nacimiento, depresión postparto de la madre, etc.- y no se experimenta ese momento idealizado, a veces contar con tanta información pasa la cuenta.

Alejandra Wolf esperaba feliz su segundo hijo. Todo iba bien, hasta que a los 7 meses rompió membranas: llegó a la clínica, nació su hijo, le dio un beso en la mejilla y Santiago partió a la UTI. "Yo quedé con muchos dolores, creían que tenía una hernia y quedé en reposo absoluto. No lo pude volver a ver hasta el otro día en la noche".

A su cabeza se venía esa charla de apego que tuvo meses antes, en la que hablaban de lo esencial de esas primeras horas de vida. "Y me urgí mucho, porque en un momento, mi marido no estuvo en la clínica y sentía que mi hijo estaba solo en la UTI, sin caricias y sin escuchar una voz familiar. Pedí que dejaran que mi mamá entrara a verlo y eso me calmó".


Conexión mágica

Lo que no le dijeron a Alejandra en ese taller fue que la teoría del apego -iniciada hace 50 años- ha cambiado y ya no resiste determinismos.

"Para la psicología del desarrollo no hay situaciones irreversibles. Los seres humanos tienen una capacidad de adaptación mucho mayor que otras especies, por lo tanto, aunque se presenten situaciones difíciles, éstas pueden ser compensadas y reparadas a lo largo de la vida", explica la psicóloga María Pía Santelices, coordinadora del Diplomado Promoción del Apego Seguro de la U. Católica.

A fines de los '70, los pediatras norteamericanos John Kennel y Marshall Klaus postularon que los recién nacidos que eran puestos de inmediato en el pecho materno desarrollaban apego seguro. Sin embargo, ese efecto del "apego primario" (o bonding) no ha logrado replicarse en otros estudios, por lo que hoy es un tema controversial.

Claro que esto no implica que el cambio hacia la humanización del parto, generado a partir de estos autores, no haya sido positivo. "Todo lo que ayude al acercamiento inicial 'padres-bebé' y permita el reconocimiento mutuo es positivo para el vínculo (cargarlo, mirarlo, hablarle, etc.)", dice la psicóloga. Pero no existe un período crítico para que se dé esa conexión; siempre se está a tiempo de iniciar una relación de apego seguro.

Además, opina la psiquiatra de la Universidad de Chile, doctora Livia González, el apego no depende sólo del parto. "Éste empieza a construirse antes del nacimiento -cuando se fantasea en cómo será el niño, le hablan, le ponen música-, para constituirse recién al año de vida".

Si por diversas razones la mamá está obligada a verse separada del hijo, las especialistas recomiendan mucho apoyo.

"La mamá se siente extraña, como que se perdió ese momento mágico y que fue una persona extraña (por ejemplo, la enfermera) quien se lo ganó. Entonces, hay que decirle que, por sobre todo, es a ella a quien el bebé va a reconocer, por su voz, su olor", explica la psiquiatra.
Apego
Lazo afectivo que se forma con otro; esencial para su desarrollo mental y social. A partir de éste el niño aprende a relacionarse con el mundo. Si es seguro, mejora la autoestima.

Los equipos médicos deben estimular que las mamás visiten a sus hijos (si están en otras unidades), enseñarles a cargarlos, dejar entrar al padre y promover adecuadamente la lactancia. "No es lo mismo estresarlas deciéndoles que tienen que cumplir con sacarse 200 cc de leche, sino habrá que dar relleno, que motivarlas a que vayan a verlos primero. Después de eso hay más abundancia de leche y ellas se sienten competentes", añade.

Una vez en casa, ojalá la familia la haga sentir que lo hace bien y animarla a que se haga cargo del lactante. A veces, por ayudar, se le ofrece reemplazarla en casi todas las tareas con el hijo, cuando eso, en algunos casos, puede hacerla sentir incapaz y finalmente se repliega.

La doctora González precisa que la gente olvida que la identidad materna es muy frágil y que un comentario errado ('el niño con tu leche está quedando con hambre') puede marcarla. Además, "hoy también existe la exigencia de ser madre perfecta".

María Pía Santelices recuerda que es frecuente vivenciar sentimientos ambivalentes y de angustia durante los primeros días de maternidad; el enamoramiento no es inmediato y eso no daña el apego. Ahora, si efectivamente hay una depresión postparto -que es una reacción depresiva intensa y duradera; no la tristeza normal luego del alumbramiento-, será necesario que el lactante cuente con otra figura de apego que lo estimule.

Estando la progenitora recuperada y habiendo tenido ese niño otros cuidadores afectuosos (papá, abuela, incluso una guardería), siempre se podrá retomar la relación y el niño tendrá las mismas oportunidades que cualquiera de crecer feliz.


Signos de alerta

Algunos indicadores que delatan la posibilidad de algún problema de apego son:

Bebés que presentan trastornos de alimentación que perduran en el tiempo (rechazo, tomarse la mamadera a goteras o ansiedad de comérselo todo); así como alteraciones del sueño (un dormir intermitente).

Cuando el niño, frente a una situación de estrés, no acude a su figura de apego y prefiere consolarse solo.

O al revés, cuando se refugia en su cuidador y no se atreve al cabo de un tiempo a explorar el entorno (por ejemplo, si llega un adulto extraño).