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Y el apego que tienen las nuevas generaciones a lo chileno

Esta historiadora analiza qué es lo que define el ser chileno, su nivel de patriotismo o nacionalismo y las diferencias que se observan entre generaciones. También nos adelanta su nuevo libro referido al proceso de secularización vivido por Chile en el S. XIX.

29 de Noviembre de 2007 | 09:47 |
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Faltan tres años exactos para que los chilenos celebremos 200 años de vida independiente y diferentes instituciones han asumido desafíos conmemorativos que marquen el hecho.

Los medios de comunicación masivos no se han quedado atrás y “Héroes” y otros programas históricos han logrado colarse en la farandulera televisión, alcanzando, sorprendentemente para algunos, altos niveles de rating. Aún así, surge la duda de cuán convocados nos sentimos por este evento.

Sol Serrano, doctora en historia, reconoce que es posible que el Bicentenario sea hoy una preocupación de grupos minoritarios, aunque asegura que el 2010 va a ser un año distinto y las celebraciones alcanzarán resonancia, tal como lo fue en 2000 el cambio de milenio. “Son fechas muy emblemáticas, aunque conceptualmente, por cierto, el Bicentenario, es un tema de minorías; pero nos afecta aunque no lo sepamos ni lo verbalicemos”, sostiene.

-¿A tres años del Bicentenario cabe preguntarse cómo se define el alma nacional, el ser chileno en medio de la globalización?
“Las nacionalidades no son todas iguales, ser chileno no ha sido nunca un tema conflictivo. Desde que se formó la Capitanía General de Chile, hemos tenido un territorio relativamente compacto; nuestra Independencia, al revés de lo que pasó en muchos países de América, no fue un conflicto de fronteras como fue en el caso de Argentina; en ella, al conflicto inicial entre Buenos Aires y las provincias confederadas, se sumó la inmigración gigantesca en el cual la nacionalidad volvía a transformarse en un tema precario. En cambio, en Chile, cuando se amplió el territorio después la conquista de la Araucanía y de la Guerra del Pacífico, no fue traumático.
“Ser chileno remarca sólo una nacionalidad, que tiene un territorio común y desde que somos república, una comunidad política, por tanto, convivimos y compartimos muchas cosas. Ser chileno no es una entidad metafísica, no tiene una esencia, son características históricas; es una historia compartida que nos afecta para bien y para mal.
“La idea de que no tenemos identidad nacional, porque la nuestra no es especialmente nacionalista, me parece que es una mirada que implica que lo nacional tiene que ser, necesariamente, fuerte”.

-¿Hay una percepción de que las generaciones actuales ya no poseen esa exaltación del espíritu nacionalista?
“Yo diría que la revés. Considero que hay mucha más valoración por la cultura chilena en estas nuevas generaciones, en los últimos 30 años, de lo que había antes. Hay un cierto mito sobre eso; creo que la forma como se reinterpreta la cultura popular lo demuestra, hay un cierto gusto mayor por ella, por la música popular que se recrea. No creo que haya una un menosprecio por la cultura chilena ahora.
“Qué es la chilenidad, el patriotismo militarista que vivió Chile desde el período anterior a la Primera Guerra Mundial, eso es?”

-¿Ese patriotismo militarista lo perdimos? En el régimen militar había que cantar la canción nacional todos los lunes en los colegios.
“Gracias a Dios (lo perdimos). Ese sentido más militarista de los símbolos nacionales, de hecho, terminó en una división de los símbolos que fue muy empobrecedor. Cuando se le pone la última estrofa a la Canción Nacional deja de ser nacional, se transforma en una canción que divide.
“Hoy me parece que los símbolos patrios son, considerablemente, más gozosos, más festivos. Hay una valoración por nuestro paisaje, por nuestros productos. Creo que hay una mirada a lo chileno que nos impone la globalización; ella nos obliga a mirar nuestra a historia”.

-¿El no tener conflictos con nuestra identidad hace que no tengamos esas expresiones de patriotismo que vemos en nuestros vecinos?
“No tenemos mayores conflictos como los pueden tener México con Estados Unidos o Bolivia con nosotros. Por otra parte, somos un país que no tenemos creaciones muy fuertes como puede ser Argentina, México o Perú con una determinada música o comida; esto porque fuimos un país muy rural, con una muy débil conducta urbana, muy reciente y más bien nuestra identidad, en el conjunto latinoamericano, estuvo marcado por las características de nuestra historia política, de una identidad más racionalista que festiva”.

-Eso es lo que nos da la imagen de ser flemáticos ingleses.
“No sé si tanto. Yo encuentro que somos divertidos...”

-Pero, no tenemos la pasión argentina.
“No, es que en eso tenemos historias muy distintas, lo que no nos hace menos identificados con lo nuestro; lo que pasa es que lo nuestro es más híbrido, más diverso, siempre ha sido muy abierto a lo moderno, siempre abierto a lo externo, que es una forma bien interesante de ser. No nos parece que eso tenga que ser conflictivo”.

-Si ves a tus abuelos y los comparas con la generación de tus hijos ¿percibes en ellos la misma valoración, celebración, de los hechos históricos que sus antepasados?
“Es que no sé lo que es celebrar los hitos históricos, los países celebran algunos. Si uno se pregunta si la generación de mis hijos tiene más sentido de pertenencia que la de mis abuelos, diría que absolutamente. No veo en mis hijos una idea de desapego respecto a lo propio, al contrario, les interesa lo que pasa y puede pasar, les interesa influir en lo que pueda pasar y ser parte de ello, igual que mi generación y la de mis abuelos. No puedo hacer sociología de una biografía, pero no siento que ninguna de las generaciones de mi historia familiar sea más desapegada de esta comunidad nacional.
“Mi abuela y mi bisabuela no bailaban cueca, yo tampoco bailo cueca, pero me encantan los 18 y eso no me hace menos parte de este país. Lo interesante es el nivel de compromiso que tú sientes por tu país”.

-¿Cómo está ese nivel de compromiso? Se dice que los jóvenes no irían a la guerra ni por Dios ni la Patria.
“Bueno, yo tampoco iría a la guerra, por ningún motivo, porque tiene que ver con la causa de la guerra; vivimos, gracias a Dios, en una cultura mucho más pacifista, pero si se trata de hacer servicio país, no hay cupos suficientes para la demanda y si se trata de hacer trabajo voluntario, la cantidad de jóvenes que se movilizan es mil veces más que hace 50 años. El compromiso por la cosa pública es considerable.
“No hay que entender lo chileno como lo nacionalista, hay que entender lo chileno como la pertenencia a una comunidad política, territorial, histórica y en eso, no diría que hay menos compromiso en las nuevas generaciones. No veo una ‘ajenidad’ de ellos respecto a nuestra propia cultura, es cosa de ver los libros más vendidos o cuanto se escuchan “Los Prisioneros” o “Los Tres””.

Sol Serrano ahonda en el tema: “la Patria se vive, no se piensa; hoy hay más fondas, más banderas chilenas que antes. Hoy todos los sectores van a las fondas, antes sólo los más populares; hoy en todos los colegios se aprende cueca y en mi generación no. Antes las fiestas eran más oficiales, pero hoy toda la gente ve la Parada por la televisión y hay un Te Deum precioso. Me parece que hoy, las fiestas son mucho más societarias y lo que pasa en el mundo oficial le importa a un sector mucho más pequeño y está bien que se haga, es dignísimo”.

-¿Por qué no vivirlo con más intensidad?
“Porque no tenemos un nacionalismo propio del conflicto. Nosotros somos una sociedad mestiza con una presencia indígena relevante en el sur, pero somos de gran mestizaje; fuimos el último lugar del imperio español, un mundo enormemente rural, sin una gran tradición festiva, con una música popular bastante elemental que se hizo un poco más sofisticada en el S XX. Éramos una población muy aislada que no vivía congregada, con ciudades muy débiles.
“Tenemos otra historia respecto a la conformación de ser nación en cuanto a ese tipo de identidad. Nosotros hemos tenido otros problemas, problemas sociales gigantescos, ideológicos gigantescos; nos hemos peleado mucho, pero no por la nacionalidad ni por la religión”.


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