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“Hay una mal entendida defensa de la meritocracia”

18 de Octubre de 2007 | 12:18 |
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Si uno navega por internet puede encontrar decenas de artículos sobre género ligados al nombre de Marcela Ríos. Ese tema le fascina y no lo niega.

Hace unas semanas estuvo en un panel organizado por ComunidadMujer donde la participación de las mujeres en política fue puesta sobre la mesa. Todas las panelistas concordaron en que mientras los incumbentes (los que llegaron y se apernaron) estén en el poder, no habrá muchas posibilidades para ellas.

-La realidad de las chilenas es bastante cruda si, en definitiva, los incumbentes no están dispuestos a darles espacio.
“Creo que está claro que uno de los problemas fundamentales tiene que ver con esta defensa de los espacios adquiridos...”

-Que algunos entienden como derechos adquiridos.
“Claro, que algunos entienden como derechos adquiridos, de propiedad, además (se ríe). Eso es un poco esperable y natural en algún sentido; la gente cuando ha obtenido algún cargo, un espacio de poder tiende a tratar de defenderlo. Creo que la tarea como sociedad es presionar y tratar de hacer entender que todos tenemos derechos similares y que necesitamos mejorar los niveles de representación.
“Creo que los incumbentes, por sí solos no van a hacer nada; nunca los derechos de las personas que están marginadas se obtienen gracias a la bondad de los que están en el poder. Si piensas que en los años ’40, cuando a las mujeres no se les reconocía como ciudadanas, los debates que se daban en ese tiempo de porque no podíamos votar era que los esposos y los padres las representaban. Se logró el derecho a sufragio por la movilización de las mujeres, ellas demandaron, salieron a las calles y se fueron generando alianzas con hombres que estaban dentro del sistema político que estaban convencidos de que eso no podía ser. Creo que vamos a tener que pasar por un proceso similar para llegar a hacer entender a parte de la clase política que no puede ser que en un sistema democrático el 93% de los candidatos que presentan los partidos sean hombres y el 75% todos mayores de 30 años”.

-¿Ves a las mujeres movilizándose?
“No, creo que no, porque este no es un tema que movilice; no vamos a lograr sacar miles de personas a las calles, hay muchos otros problemas y esta es una sociedad que se moviliza poco. Sí creo que hay más presión cultural, hay más debate político, hay movilización no tradicional y me parece –a pesar de los problemas y críticas que se puedan hacer al Gobierno- que las políticas de paridad han puesto el tema en la agenda y ahora es mucho menos aceptable para los partidos no tener mujeres. Se hizo impresentable ser tan abiertos en la exclusión. Ahora, todavía tenemos una situación compleja porque hay mucha resistencia a promover medidas afirmativas y sobre todo dentro de las propias mujeres y ese es un dato de la causa”.

-Este tema no deja de ser menor, porque muchas veces resulta ser una traba mayor que el que representa el mismo sistema binominal que es señalado como el factor de exclusión.
“Sí, son ellos los que tienen que aprobar cualquier medida. Es como el huevo y la gallina, cómo hacemos para que entren más mujeres si los que tienen que votar los proyectos son los hombres que están ahí salvaguardando ya no sólo sus intereses políticos, sino personales. Creo que hay dos caminos: sólo por principios no podemos avanzar, no se puede apelar a la igualdad, la equidad de la representación; creo que con algunos incumbentes, al principio, esas apelaciones sirven y muchos de los parlamentarios estarían dispuestos a apoyar medidas porque es impresentable o creen en ellas, pero son la minoría. Con el resto, con los pragmáticos, hay que pensar otras estrategias, a lo mejor hay que negociar, buscar mecanismos que les sean menos amenazantes, quizás ponerles plazos (no reelección), ampliar la cantidad de candidatos que se pueden presentar”.

-¿En el trasfondo de la clase política hay un desprecio hacia la mujer en esta actividad?
“No sé si es esa la palabra, lo que sí hay es un rechazo muy grande. Creo que la política es uno de los espacios que sigue siendo muy masculino y que a muchos de los hombres les incomoda sobre manera tener que compartirlos con la mujer”.

-¿Hay una descalificación de habilidades?
“Sí, creo que se sienten muy invadidos y también creo que, en muchas mujeres que están en contra de promover medidas, hay una mal entendida defensa de la meritocracia. Esto es muy complejo porque muchas de las mujeres que se oponen a esto de las cuotas y otras medidas de acción positiva argumentan que esas medidas no dejan entrar a los mejores. Está mal entendido el concepto porque eso supone que ahora sólo están los mejores, o sea, que los que lograron llegar –mujeres y hombres- son los mejores y creo que como sociedad sabemos que eso no es tan así; todos sabemos que cuando los partidos tienen que nominar candidatos muchas veces pesan más las redes familiares y sociales, los años de militancia, el grupo de poder en el que se está, lo que no les descalifica, pero los partidos no hacen concursos para elegir a los mejores y que sólo ellos llegan a ser candidatos.
“Además, hay una descalificación también a las mujeres porque eso supone que si no hay más de ellas es porque no hay mujeres con los méritos necesarios para estar ahí y de verdad, creo eso no es así. Es cierto que muchas en estas circunstancias no están interesadas porque es un costo muy grande en lo familiar y financiero; muchas no están dispuestas a dar codazos y hacer todo lo que hay que hacer para llegar ahí, pero no significa que no hay suficientes para estar. Para tener paridad en el Senado necesitamos 17 mujeres, cómo no van a haber 17, no puede ser”.

Marcela dice entender que las mujeres que han llegado a la política sientan que las cuotas van a desconocer sus méritos, pero “sabemos que la excepción no invalida la regla. Puede que un joven que salió de una escuela rural haya dado una buena PSU y entrado a medicina en la UC, pero como sociedad sabemos que eso es la excepción y que no compitió en igual de condiciones que otro que estudió en un colegio privado en Las Condes... y los hombres y las mujeres en la política no estamos corriendo la carrera en igualdad de condiciones”.

Esta socióloga afirma que en muchos países ocurre lo mismo (en EE.UU. hay un 18% de mujeres en el Congreso) porque ha sido una lucha lograr que la obtención formal de la ciudadanía se haga real, pero agrega que el tipo de sistema electoral usado es muy importante en la cantidad de mujeres que logran entrar, así como la adopción de cuotas. “No hay ningún país en el mundo con más de un 30% de mujeres que no tenga cuotas, voluntarias u obligatorias”.

-Sí, pero en América Latina, donde 10 países tienen cuota, los porcentajes no son tan lejanos con los que no tienen. Los primeros alcanzan un promedio de un 20% y los segundos, un 13,7%.
“La distancia es más grande si de esos 10 países sacas a aquellos que tienen cuotas truchas, por decirlo; hay varios en que sus cuotas son un chiste en el sentido de que no son obligatorias, no tienen sanciones; los que tienen cuota de verdad son 7, como Costa Rica, Argentina, Ecuador y México que han aumentado impresionantemente la presencia de mujeres”.

-¿Con cuotas, da lo mismo el sistema electoral?
“No, no da lo mismo. Las cuotas funcionan bien en los sistemas de representación proporcional, o sea, entre más grande el distrito mejor, funcionan mejor si las listas son cerradas y bloqueadas y donde se aplican sancionan. Se necesitan esos tres factores para que las cuotas funcionen en lo óptimo y esto se da en pocos países, sólo Argentina y Costa Rica; en Perú hay listas abiertas, pero han logrado en 10 años subir de menos del 8% al 30%; México tiene la mitad elegida por sistema proporcional y la otra por mayoritario (unitario) igual que en Bolivia. En el único país donde las cuotas no han funcionado es en Brasil, porque son listas abiertas (se vota por las personas), no hay sanciones y hay problemas de financiamiento de las campañas.
“A estas alturas creo que a ese tipo de cuotas es a la única que podemos aspirar. Hace 4 años me parecía terrible, pero hoy digo quizás el aprobar una cuota que no tenga sanciones pueda ser lo único de lo que podamos convencer a nuestros incumbentes, por lo menos sería un avance absolutamente simbólico”.

-¿También sería un avance simbólico el establecer cuotas sólo a nivel de cantidad de candidatos, cosa bastante distinta a cuotas de representación? Parece que ese es el camino que va a seguir el Gobierno.
“Creo que lo óptimo sería modificar el sistema electoral para permitir menores niveles de exclusión y que no tiene que ver con las mujeres, sino que los jóvenes, los partidos minoritarios, las regiones. Ahora, hay que obligar a los partidos a llevar más candidatas mujeres”.

-Sí, pero ellas no están dispuestas a hacer candidaturas testimoniales, en distritos donde se van a perder.
“Sí, pero eso ya es parte del debate político. Hasta ahora la mayoría se opone a cualquier medida de acción positiva, a todo y me parece difícil que el Gobierno mande una propuesta ideal, sino que a lo mejor opta por lo posible”.

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