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Se acabó el imperio de las rubias

Desde su salón, junto con analizar la falta de atrevimiento de los chilenos con sus look, entrega las pautas de moda capilar: hoy se usa lo natural. Adiós a los rojos artificiales y los rubios de Barbie, porque el marrón se impone esta temporada.

12 de Agosto de 2009 | 08:41 |
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“El chileno de por sí es fome”. Mauricio Cid, uno de los estilistas más reconocidos en el país, no lo duda dos veces antes de lanzar la daga hacia la tendencia capilar nacional.

Mientras afuera Victoria Beckham marca pauta con sus cortes, en Chile la acefalía en la vanguardia del estilo se siente más cuando se le suma el conservadurismo del look nacional.

Eso Cid lo sabe. Tras olvidarse de estudiar leyes y abrir su propio salón en su país natal, Uruguay, llegó hasta a Chile a principios de los ’90, dispuesto a quedarse, a pesar de la extrañeza que le provocó tanta niña con pelo largo y chasquilla-araña, acompañadas de sus mamás de pelo color ceniza.

Doce años trabajando para Helena Rubinstein y diez siendo el presidente de Intercoiffure Chile, una organización mundial del peinado, le han permitido ver el desarrollo de los más variados estilos en la sociedad chilena, pasando por un marcado período de la era rubia, pre rojos intensos, y que hoy lidera el natural marrón.

-¿A quién podemos mirar aquí, para tener un referente en estilos de corte y color?
“No existe nadie. Hay muchas mujeres que se destacan porque son bonitas o porque se ven bien, pero alguien que yo diga ‘guau, el ícono de la moda’, no encuentro que haya”.

-Somos harto fomes, parece.
“No es que sean fomes, pero, acá, ¿quién se atreve a hacer lo de la Victoria Beckham? Nadie. Tienen un temor al qué dirán. Lo que sí pasa es que una se hace algo y después todas le copian, siempre que los cambios no sean muy bruscos”.

-¿Tenemos algún peinado típico?
“Sí, larguito y deflecado con color. El 95 por ciento tiene color”.

-¿Aún las chilenas quieren ser rubias?
“No. El rubio ya no va. Ahora se usan más los castaños, los tonos naturales.
“Lo que vi cuando llegué a Chile fue que eran todas ceniza. Me acuerdo que al vendedor del pedido de las tinturas le pedí rojo, dorado y de ceniza re poco. Y me dijo: ‘¡Estás loco!’ En Uruguay el rojo y el dorado eran furor, pero acá, con suerte las jovencitas se cortaban las puntas, andaban con el pelo largo y con esas chasquillas-araña horrorosas. Eso me llamó mucho la atención cuando llegué”.

-Entonces, ¿ya nos asumimos como morenas?
“Es que pasa por un tema de moda internacional en que se lleva el cabello más oscuro, no es que la chilena se esté asumiendo. Si el cuento fuera con las rubias, también se lo harían. Pero sí hay una tendencia que va más al marrón, al tono más natural, más oscuro. Aunque la moda siempre está cambiando y hoy se usa todo. Lo único que no, los rojos furiosos”.

-¿Desapareció el imperio de la rubia?
“Sí, desapareció. Desde hace un tiempo que ya está el tema del marrón, el café. Incluso las mechas tan gruesas tampoco se usan más, sino que los reflejos más naturales, con más brillo en el pelo, pero nunca en exceso”.

-¿Cuánta importancia le damos las chilenas al cuidado del cabello?
“Hoy se preocupan mucho más que antes. Ha habido un cambio bien notorio, aunque aún falta, de todas maneras. La chilena es una mujer bastante clásica, conservadora, pero sí la gente joven se está atreviendo a innovar”.

-¿Qué te parece el look de los pokemones?
“Las tribus urbanas son bien drásticas y eso bueno por un lado. El chileno, es muy conservador, muy poco atrevido. Acá importa mucho el qué dirán, hay mucha represión en muchos aspectos, pero esta gente joven se atreve a mostrar un estilo diferente. De pronto lo hacen por imitar a sus amigos, pero se atreven a dar el paso y decir ‘yo quiero esto, me gusta y me la voy a jugar. Y no me importa nada lo que diga la gente”.

-¿Y las pelolais?
“Fomes, totalmente fomes”.

-¿Qué recomiendas hacer cuando comienzan a aparecer las canas? ¿Sacárselas, teñirlas, asumirlas?
“Es que hay personas a las que les sale muy jóvenes y puede ser hereditario o, de repente, hay gente que tiene un gran disgusto y se llena de canas. En el caso de las personas que tienen poquitas, yo no recomiendo hacerse una tintura, porque esclaviza a todos los meses hacerse el color. En ese caso, hay un montón de cosas que se pueden hacer, como matizar las canas y dejarlas como reflejos y así no alterar el color del pelo. Ahora, a una persona ya mayor, con muchas canas, yo le recomiendo hacer tintura. Es parte de la moda, la gran mayoría de las mujeres usan color”.

-¿Y en el caso de la calvicie?
“Prefiero usar el pelo rapado. Yo tengo cuatro piolines y me los rapo al cero, pero para eso tienes que tener una cabeza armónica, porque si vas a andar lleno de cototos, obviamente que no te vas a ver muy atractivo. A mí, como a los 25 se me empezó a caer el pelo”.

-¿Fue un tema importante para ti?
“Fue tema, sí, pero ya hace mucho tiempo que no. Se empezó a caer de a poco, fue todo muy lento, y preferí definitivamente cortarlo al cero y chao”.

-¿Cuánto de milagro puede hacer un buen corte, un buen color?
“Pueden hacer muchos milagros. A veces, lo que más llena es cuando, a través de un corte o un color, haces que una persona se sienta linda, porque le das fuerza a su autoestima y eso se transmite. De pronto llega gente súper bajoneada, que con un cambio de look le cambias su corazón. Eso es lo más lindo y pasa con las personas más autosuficientes. Hay otras que llegan sumamente deprimidas y que con lo que le hagas se seguirán viendo mal, porque ella está mal, su actitud está mal. Así que ahí, ella tiene que tomarse su tiempo, y necesita que todos sus amigos le digan que se ve bien para que sienta el cambio.
“Con el pelo puedes elevarle el autoestima a alguien como puedes reventarlo, por eso es importante la comunicación con la persona con la que estás trabajando”.

-¿Es cierto que ibas a estudiar leyes?
“Sí. A mí nunca me había interesado la peluquería. Yo estaba terminando bachillerato para entrar a la facultad y, acompañando a mi madre a la peluquería, esta señora a la que llamo tía (Susana Melconian) me impresionó con todo el glamour que tenía en su salón, ella impecable siempre, perfecto su pelo, su maquillaje, todo. Yo quedé maravillado, así que empecé a frecuentarla y pasaba las tardes ahí. De hecho, faltaba a clases y me iba a la peluquería a ayudarla y así ella me iba enseñando. Ahí dije ‘esto me mata’ y decidí dedicarme de lleno a la peluquería. Paralelamente, en esa época, por el año ’85, yo desfilaba. Tenía como 16 años”.

-¿Desfilabas trajes de baño?
“No, nunca fui muy de gimnasio, como para ser modelo de ropa interior o de traje de baño. Desfilaba ropa deportiva, formal”.

-¿Te consideras vanidoso?
“Creo que todos tenemos un poquito de ego en esto, ¿no? Sí, Creo que un poco”.

-¿Hay algo que te preocupe más de tu aspecto?
“Trato de ponerme cremas en la cara, tener un cuidado normal. Del pelo ni me preocupo”.

-¿Y para desligarte del trabajo, qué haces?
“Amo viajar, me encanta hacer cursos y quedarme un par de días más disfrutando. Es de las cosas que más disfruto en la vida. Tengo mis lugares preferidos, París, Miami... Pero creo que Brasil me tira mucho. Salvador de Bahía, me encanta.

-¿Cuál es tu vicio privado?
“A mí me encana salir a comer, tomarme mi traguito, no solo, así no me gusta. Me gusta compartir con amigos, disfrutar de una rica comida con ellos”.

-¿Algún plato y favorito?
“Me gusta toda la comida, la thai, la peruana, me gustan las carnes... Las pastas no me llaman mucho la atención. Es típico de los domingos que mi mamá prepare pastas, pero si salgo es difícil que las pida”.

-¿Cocinas algo típico de tu país?
“En Uruguay tenemos el asado, pero yo no lo sé hacer. Con suerte tengo una parrilla a gas y, más encima, a veces quemo las cosas”.
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