Londres. - No es difícil encontrar a una sobreviviente del cáncer de mama que apoye el uso de las mamografías de rutina.
Es muy probable que las mujeres que hayan sido diagnosticadas mediante un control regular crean que la prueba -y la subsiguiente cirugía, terapia de rayos o quimioterapia- les salvó la vida.
Pero eso no siempre es así. De hecho, actualmente existe un enardecido debate internacional en torno de si las mujeres están recibiendo la información adecuada acerca de los méritos y los riesgos de las mamografías.
El temor es que el sobrediagnóstico, que ocurre cuando los controles detectan tumores que nunca hubieran generado un problema, puede forzar a muchas mujeres a someterse a un tratamiento innecesario, con el impacto físico y psicológico que eso implica.
Mientras algunos científicos están sumidos en la batalla, intercambiando acusaciones por supuestos errores y conflictos de intereses, otros dicen que la disputa misma es una señal de que es tiempo de definir un nuevo enfoque para tratar el cáncer mamario.
"Lo que realmente me molesta (...) es que las pobres mujeres no son objeto de este debate, deben estar totalmente confundidas y no deben saber qué diablos está pasando o qué hacer", dijo a Reuters Michael Baum, el médico que introdujo el primer programa de control mamario en Gran Bretaña hace 20 años.
"Seguir como si nada no es una opción aceptable. Estoy intentando resolver este enredo", agregó.
Surge la disputa
El encendido debate cobró fuerza el año pasado en Estados Unidos, cuando funcionarios de la salud pública cuestionaron si las mamografías en las mujeres de 40 años realmente salvaban vidas y propusieron elevar la edad del control regular a 50 años.
Ahora, en Europa, dos estudios recientes volvieron a plantear el tema, enfrentando a defensores y detractores de las mamografías.
Un equipo de científicos daneses publicó una investigación que mostró que los programas de control ofrecidos por los servicios de salud de Europa, Estados Unidos y otras naciones ricas no ayudaban a reducir la tasa de mortalidad por el cáncer de mama.
Una semana después, un equipo británico dio a conocer otro estudio que demostró una "reducción sustancial y significativa de las muertes por cáncer de mama" gracias a los controles.
Los líderes de cada estudio, Stephen Duffy, de Queen Mary, University of London, y Peter Gotzsche, del Centro Nórdico Cochrane Center, de los equipos británico y danés, respectivamente, se acusaron mutuamente de permitir parcialidades que afectaban la veracidad de sus trabajos.
El eje del debate es el sobrediagnóstico. Si bien muchas mamografías detectan el carcinoma ductal in situ (DCIS por su sigla en inglés), que son células que pueden progresar en un cáncer peligroso, muchas otras encuentran tumores que no suponen un riesgo para la vida de la mujer.
La evidencia de Gotzsche sugirió que por cada 2.000 mujeres que son controladas durante 10 años, sólo una logra salvar su vida gracias a un programa de mamografía, mientras que el riesgo de recibir un diagnóstico de cáncer innecesario es 10 veces superior.
El estudio de Duffy, en tanto, halló que los controles salvan la vida de dos mujeres por cada una que obtiene un tratamiento innecesario.
"Nunca he visto una discrepancia tan grande en la ciencia, y las estimaciones de Stephen Duffy son simplemente equivocadas", dijo Gotzsche a Reuters cuando le consultaron sobre las diferencias de criterios.
Por su parte, Duffy acusó al equipo de Gotzsche de pasar años en busca de una investigación que desestime los méritos de las mamografías sin lograr modificar la opinión al respecto.
"La mayoría de las personas que trabajan en el cáncer mamario (...) están de hecho muy contentas con el control. Por eso, mientras seguimos recibiendo estudio tras estudio del equipo danés de Cochrane, los programas se mantienen", dijo.
Aun así, otros expertos dicen que el debate actual expone la dificultad de usar una política universal en un área compleja de la medicina, y que ha llegado el momento de modificarla.
Baum propuso una solución: "Lo que yo sostengo es que, en vez de una política universal (...) primero debemos identificar a los grupos que están más en riesgo".
El especialista sugirió dividir a las mujeres en grupos de alto, medio y bajo riesgo en base a sus antecedentes familiares y hábitos de vida, como el consumo de alcohol, el peso, la dieta y el ejercicio.
Los controles con mamografías deberían así reservarse a las mujeres con un riesgo medio, caso en el que, según Baum, el equilibrio entre los riesgos y los beneficios tiene más sentido.
"Al comienzo, estaba lo suficientemente convencido como para involucrarme activamente (en el control del cáncer de mama), pero a medida que los números cambian, la opiniones tienen que cambiar", dijo Baum. "Este es el punto de la ciencia. Si la evidencia cambia, hay que cambiar el criterio", concluyó.