Recuperar los horarios y estar, realmente, presentes en la formación de los hijos es un verdadero acto de afecto, como cuenta la psicóloga Pilar Sordo. Por eso, volver a la rutina que el terremoto removió de los hogares, es un signo de protección que los hijos saben valorar.
04 de Mayo de 2010 | 09:34 |
“Mamá, quiero dormir contigo”, ha sonado recurrentemente en las horas más insólitas del descanso de padres, quienes se ven obligados a, prácticamente, dormir sentados en la cama de una plaza de sus pequeños hijos, o bien, con él instalado al medio de la cama matrimonial, por temor a una réplica.
Los hábitos y la disciplina de vida parecen haberse quebrado junto a los platos y muros que cayeron el pasado febrero en muchos hogares de Chile. Pero retomar la vida es clave, no sólo por el desgaste emocional y físico que conlleva, en este caso, el “pijama party” familiar de todas las noches, sino que por la simple razón que devolverle los hábitos a los hijos también es entregar amor.
En la medida en que “estructuremos el mundo de los niños, no sólo le estamos haciendo la vida más fácil a los padres, sino que estamos dando un acto de amor que genera seguridad, confianza y la sensación en el niño de sentirse protegido bajo el amparo paternal”, comentó la psicóloga Pilar Sordo durante la charla “¿Cómo recuperar los hábitos en la familia?”.
“Yo no puedo estar esperando que el niño decida lavarse los dientes”, ejemplificó, para dar a entender que quienes toman las decisiones y se hacen cargo de “volver a la normalidad” son los papás. Si “el que dijo que la familia es una democracia, claramente se equivocó”, agregó, bromeando.
Tras superar el miedo
El primer paso para retomar la rutina pre derrumbe del país, es comprender lo sucedido, y aceptar que el miedo es un sentimiento normal en los seres humanos.
Pero cuidado con el temor que, sin querer, pueda seguir arraigado en el día a día, aunque ya hayan pasado casi dos meses de la tragedia.
El miedo constante a las réplicas, que se traducen a veces en un apretón más fuerte de la mano de un hijo, en un salto repentino en la hora de la cena o una tensión general cuando el sismógrafo de cada hogar -el vaso de agua, la cortina, la lámpara- se mueven sospechosamente, sin duda, no ayuda nada a la paz infantil.
Superado esto, y como primer paso para volver a la normalidad, es importantísimo establecer horarios, tal como lo recomendó Sordo, refiriéndose a que la disciplina regrese al hogar y que los hijos duerman en sus camas, coman, se laven los dientes, vean televisión y hagan sus tareas según el esquema establecido por sus padres.
Este proceso requerirá, probablemente, algo de tiempo, pero es importante vivirlo con alegría, demostrándole a los niños lo afortunados que son al poder retornar a su rutina, con agua, alimentos y luz, a diferencia de otras familias.
Pero, sobre todo, es importante aprovechar los beneficios que entregó la naturaleza el pasado 27 de febrero, que no es más que la unión de la familia y el recordatorio a los padres de la importancia de estar con sus hijos y preocuparse de su formación.
Como recordó Sordo, consciente de que el terremoto cambió la dinámica en muchos hogares chilenos -siendo algunos casos tan drásticos como en aquellos que lo perdieron todo- “la única cosa que no se corta jamás son los lazos de amor”.