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Mire la etiqueta

02 de Julio de 2010 | 12:08 |
Hace unos años el cineasta Raúl Ruiz (hoy convaleciente y grave tras un trasplante) estaba realizando unas filmaciones en nuestro país con un grupo de chilenos cuando les dio las 14.30. Todos se miraron las caras y decidieron ir a comer algo para “matar” el hambre. Uno de los que estaban con el cineasta dio una idea: ya que estaban con poco tiempo pues debían volver a filmar los invitó a una comprar algo rápido para hacerse un sándwich. A lo que el maestro le respondió:

“¿Para qué desperdiciar el hambre con un simple pedazo de pan?”

Más allá de todas las consideraciones que podamos hacer de las magníficas creaciones de panes finos, crujientes y sabrosos o sus ingredientes, Ruiz hacía referencia a una mala cultura local: el comerse algo muy a la rápida en vez de aprovechar el sagrado momento de la alimentación. Porque en nuestra cultura a veces se confunde alimentación con echarse algo a la boca.

Por simple que parezca, hay pequeños y casi insignificantes bocados que pueden matar el hambre pero no sólo no alimentar sino perjudicar el organismo. No hablo del fast food ni de las hamburgueserías importadas y locales. Me refiero a una cultura mucho más arraigada.

En este esquema es sumamente necesario que antes de echarnos algo a la boca pensemos y nos informemos qué realmente es lo que estamos tragando. ¿Cuántos términos extraños, desconocidos y casi impronunciables hay en las etiquetas y en los detalles de ingredientes de una comida? ¿Todos ellos son “alimenticios”? ¿Por qué en nuestro país tiene siempre mejor recepción un producto terminado, industrial y de etiqueta rimbombante por sobre un producto artesanal, con fecha de pronta caducidad?

Haga el ejercicio: cuando come un trozo de pan, ¿tiene certeza de TODOS sus ingredientes? ¿O del nivel de sodio? O cuando se toma un vaso de leche… ¿sabe lo que significa que esté pasteurizada? ¿Tiene todos los atributos alimenticios vitales que uno le asocia a la leche? O, ¿de dónde es la vaca que dio esa leche? ¿Dónde y cómo se alimentaba? Cuando le coloca una salsa enlatada a su pasta, ¿todos sus ingredientes son los que usted utilizaría para hacer una salsa casera?

De cada uno de nosotros depende mejorar esta cultura de lo sucedáneo, artificial y saborizado. Muchas veces la gente al probar, por ejemplo, un helado 100% artesanal, cree que le falta color, sabor y consistencia. Pero no sabe que lo que en su memoria y recuerdos asocia a helados con sabor a fruta es mayoritariamente saborizante, aglutinante, acentuante del sabor y un largo etcétera que nos podría provocar indigestión.

Dele una vuelta. Mire la etiqueta. Pregunte. Infórmese. Y tan importante, exija calidad.

Un abrazo a todas y a todos,

Daniel Galaz


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