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Mujeres dulces, audaces, hechiceras y “destroy” de lujo para el verano 2011

27 de Enero de 2011 | 10:20 | Por Lola Loscos, EFE
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Agencia

PARIS.- Mujeres dulces y a la vez de carácter como las soñadas por Elie Saab; punky y parisinas con Jean-Paul Gaultier; o troyanas y hechiceras tal cual las ideó Frank Sorbier, fueron hoy algunas de las increíbles criaturas que poblaron las pasarelas de la alta costura de París para la próxima temporada estival.


Sin contar las sofisticadas novias creadas por el dominicano Oscar de la Renta para 2011, presentadas esta noche por primera vez en Francia, al margen de las jornadas de Alta Costura. Con De La Renta la novia de 2011 dirá sí de blanco y a veces de celeste, con escote palabra de honor y múltiples volantes, a partir de las rodillas o de las caderas o con faldas voluminosas y también cortas, inspiradas en el mundo del ballet.


Desde el calendario oficial, la paleta del modisto libanés Elie Saab se llenó de transparencias y tonos primaverales, parma, verde anís, rosa té, rojo frambuesa y blanco tiza, sobre organzas, muselinas y un tul que más que vestir envolvía al cuerpo femenino como si de un momento a otro pudiese echarse a volar, ayudado por incrustaciones de etéreos pétalos, transparencias, drapeados y bordados.


Fueron 41 modelos de lujo e infinita ligereza, con los que el modisto de la reina Rania de Jordania entre otras bellezas orientales, algunas de ellas presentes en su desfile, intentó reconciliar el humor “pin-up” que inspiró recientemente a su colega Christian Dior, con la más exquisita feminidad.


Frank Sorbier recibió en la sede central de Sotheby’s Francia, a una invitada muy especial sobre la que se abalanzaron los fotógrafos con especial vigor, la millonaria Liliana Bettencourt, heredera del imperio L’Oréal, a quien acompañaban el presidente del lugar, Guillaume Cerutti, y su esposa.


No muy lejos tomaba asiento otra gran amante de la moda, la coreógrafa y bailarina española Blanca Li, entre ensayo y ensayo. El espectáculo contó con una plataforma giratoria a la que fueron subiendo de cuatro en cuatro los modelos de otros tantas series bautizadas: “Manhattan,” “The french touch,” “Shamanic songs” y "Fayoum.” "Manhattan,” homenaje étnico y multicolor a Basquiat, pintor que París celebra con largas colas ante el Museo de Arte Moderno, donde está a punto de terminar una gran retrospectiva sobre su obra; fue seguido de un “toque francés” que sólo podía ser negro.


Tanto para el imprescindible “vestidito” negro de tul negro comprimido y recomprimido con puntillas y guipur, como para el ajustado traje de muselina de seda, también aplastadísima, o para la chaqueta trapecio de manga corta con voluminosos drapeados en la espalda, “a la francesa.”


La mujer “Fayoum” vestirá túnicas escotadas en diagonal y colores pintados a mano, rubí, ámbar, lapislázuli y amatista; mientras que, finalmente, la hechicera de los “sueños chamanicos” portará abrigos, chaquetas, grandes faldas beiges de piel, adornados con motivos gráficos y delicados flecos también de piel, algunos de ellos rojos, al mejor estilo indio.


Con Jean-Paul Gaultier, “el mejor desfile” de las tres jornadas de alta costura abiertas el lunes según su amigo y director de cine español Pedro Almodóvar, el negro estuvo omnipresente, sin por ello prescindir del color.


Las modelos portaron sus impecables trajes de chaqueta negros, muy entallados, o sus trajes pantalón, sus escotes palabra de honor realzados con bandas horizontales, peinadas con aparatosos tocados de estilo punk. En armonía con una parte de la inspiración en la que se apoyó el modisto para crear su primera colección de alta costura desde que dejó el Prêt-à-Porter de Hermès.


El “destroy” Gaultier será muy especial y consistirá en agujeros y destrozos diversos, prendas deshilachadas, bordadas y rebrodadas en diferentes tonos y colores, entre ellos el rojo sangre. El modisto optó por una presentación a la vieja usanza y numeró sus 46 modelos, para acompañarlos con la aterciopelada voz de una de sus musas y clientas favoritas, la actriz Catherine Deneuve.


Con esta música de fondo avanzaron los modelos por la pasarela mucho más lentamente que de costumbre, lo que permitió al público aplaudir los que más le gustaban, como en los viejos tiempos. Cada conjunto había sido pensado para un lugar una compañía o un momento especial, desde una merienda cena a un almuerzo o una visita a un club, o describían ciertas ideas y sentimientos, de la “Veuve Joyeuse” a “Too fast to live too young to die.”


Otros diseños hablaban de “Moulin Rouge,” “Belle Époque,” "Anarchy in the U.K.,” “Asphalt Jungle,” “Métal Urbain” o “Punk Canaille.”


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