Vivía en el campamento Lo Boza de Renca, cuando un día vio pasar a una señora cargando el calefón del departamento social que recién le habían entregado. La mujer lo iba a vender porque, según le dijo, no lo necesitaba, nunca lo había usado, y ahí supo que cuando ella saliera de ese lugar a la casa propia no le pasaría lo mismo.
Del campamento salió el 2008, pero en el camino se convirtió en un dirigenta social de temer, una que habla fuerte, una que no tuvo problemas de decirle al padre Felipe Berríos S.J., de Un Techo para Chile, que algunas cosas en el programa de mediaguas las estaban haciendo mal.
Cecilia Castro, presidenta de la Corporación “También Somos Chilenos”, tuvo una infancia dura. De madre analfabeta y padre campesino y exonerado político, no terminó el colegio y se empleó como trabajadora doméstica. Sin embargo, ello no fue impedimento para que al momento de ‘los qiubo’ exigiera a las autoridades que escucharan a los pobladores antes de construir una villa para erradicarlos. Fue así como surgió la comunidad Antumalal, una de las primeras creadas por Elemental, y en donde vive con su familia.
Cuando partió en su desafío de ayudar a otros a salir de una situación de hacinamiento habían contabilizados 533 campamentos; hoy, un nuevo catastro señala que son 706 en los cuales viven 30 mil familias. También los datos revelan que el 78% de ellas no están consideradas en el programa Chile Solidario y que la promesas hecha por gobiernos anteriores y éste de erradicar los campamentos en un futuro cercano no se va a cumplir.
-¿Qué se está escondiendo detrás de los campamentos que hay en Chile?
“Se esconde una tremenda desigualdad de oportunidades que existe en el país. Los campamentos son un vivo reflejo de la ineficiencia del Estado, son las familias no sólo más postergadas en lo económico, sino también porque no han tenido la oportunidad de acceder a buenos colegios o a mejores trabajos. Tienen una historia de carencias que los ha sumido en una inercia y son el reflejo de la poca corresponsabilidad del país.
“Siempre se ha hablado de pobres y ricos, pero nosotros no caemos en ninguna de esas dos categorías porque todos los programas sociales destinados a terminar con la pobreza no nos consideran; no estamos en el sistema. Se supone que el Chile Solidario es la puerta de entrada a diversas oportunidades, y las familias de los campamentos no están ahí.
“En los campamentos se esconde a los más excluidos, los más discriminados; lo más feo del país”.
-¿Lo más feo?
“Somos la cara de la despreocupación de Chile. Nos creemos un país tremendamente solidario y que lo demostramos en la Teletón, pero la realidad del país es que no somos ni solidarios, ni comprometidos, ni inclusivos. Los campamentos son el claro reflejo de un país que no tiene identidad propia porque no se hace responsable del resto. No aparecemos ni siquiera en las estadísticas; cuando hablan de desempleo, no están contando a las familias de los campamentos”.
-A pesar de todas las políticas implementadas, ¿qué explica que esta realidad se perpetúe? Todos los gobiernos se han puesto como meta erradicarlos.
“El tema pasa por el hecho que se ve sólo como una cuestión de falta de vivienda. El tema no es el subsidio, sino la capacitación, la entrega de habilidades y herramientas a cada familia para que puedan superar su condición de pobreza y marginalidad. La habilitación pasa por que yo me deje de sentir la ‘vieja del campamento’.
“Si no hay un trabajo integral el tema no se resolverá; la mirada ha sido siempre desde la vivienda, y el problema es que las familias aunque accedan a ellas no logran cambiar su calidad de vida. Las familias no tienen acceso a la educación, porque aunque es gratis, hay cuota de incorporación, hay que comprar uniformes y al final es el establecimiento más malo. Y cuando logran estudiar, deben abandonar en cuarto básico porque está la necesidad de salir a buscar dinero”.
-¿Se está cuantificando mal la pobreza?
“Sí, sólo en términos de vivienda. Por años se han construido viviendas, pero lo único que se ha logrado es crear campamentos de cemento, con familias sin herramientas para poder sobrevivir. El tema de la pobreza tiene que ver con acceso a buena educación, a una buena salud, a un trabajo digno. Los hombres acceden a los peores trabajos remunerados y con eso no se logra salir de la marginalidad.
“A las familias de los campamentos les falta la plata, pero también la autoestima, el quererse y sentirse querido. Hablan de que los campamentos son los protagonistas de las políticas sociales, ¿protagonistas de qué?”
-Has criticado a todos los gobiernos por ser mucho eslogan.
“En todos se ha hecho el anuncio ‘vamos a terminar con los campamentos’. Es verdad que hay más subsidios y los hemos agradecidos, pero queremos además de eso, un trabajo social real, procesos de habilitación social.
“Es lo que hace Un Techo y otras instituciones. Hay que invertir en las personas y para eso no hay plata. Hay que trabajar para que se vaya generando comunidad”.
-Hablas de campamentos de cemento, eso es segregación.
“Segregación completamente. Eso es lo que se ha hecho y contra eso es lo que peleamos nosotros, el Techo. No se puede tomar una familia y llevarla a una población. La casa no es la solución; es un elemento importantísimo, pero debiéramos usar la vivienda para que la familia viva un proceso distinto de manera que cuando tengan una casa, no sólo la tengan bonita, sino que tengan un mejor trabajo que les permita mantenerla, que les permita pagar las cuentas.
“Todos hablan de la delincuencia, pero nadie mira para atrás y no se preguntan por qué los cabros están metidos en eso...porque no han tenido oportunidades. Celebro a éste y otros gobiernos por la decisión de poner plata, pero también póngale trabajo, póngale oportunidades”.
Cecilia Castro asegura que el mayor problema que tienen hoy los campamentos es que las personas perdieron la capacidad de soñar y se han conformado con lo que les dan, “con lo que el otro piensa que está bien para ellos”.
-¿Una visión paternalista?
“Exactamente, pero además para nada inclusiva. Durante mucho tiempo nos hemos enfocado en que hay que cerrar todos los campamentos, erradicarlos, pero quizás la respuesta no es esa; a lo mejor que necesitamos es mejorar su habitabilidad, ponerles alcantarillado, luz.
“Insisto, lo que más se echa de menos es la inversión en las personas. Invertimos en carreteras, en aeropuerto, parques y plazas en algunos lados, pero no en las personas y cuando hablo de eso, hablo de que los programas sociales entreguen instrumentos para que las familias puedan efectivamente habilitarse. Hay gente que nunca han salido de su campamento y no lo va a hacer por temor a sentirse rechazados, mirados en menos. Algunos hablan de que existe un grado de flojera, y yo digo, bueno, puede ser, pero es que no conocemos otra realidad. Hoy los campamentos no son lo mismo que en el pasado, el Techo les construyó mediaguas, el espacio físico es mucho más amigable, pero siguen siendo las mismas familias, con las mismas precariedades, angustias, desencanto”.
-¿Qué positivo rescatas de los campamentos?
“Hay algo que tienen que no existe en ningún barrio, ni en el más caro del país, que es que somos capaces de hacer las cosas juntos, de unirnos. Ahí se hace comunidad y eso es lo que queremos para el país, el mejor lugar donde se refleja la comunidad es en el campamento, no en Chicureo, La Dehesa.
“Nosotros debiéramos tener una preocupación por el otro, mirar al que está al lado, pero eso no ocurre en el país; por eso no nos ven y por eso los campamentos recién se posicionaron por una labor de el Techo. Y aún así no se asumen como un problema real; se ha invertido, pero todavía no hay inclusión”.
-¿Por qué no los vemos?
“Porque los chilenos se acostumbraron, se acostumbraron a que todos hablen de ellos y sigan ahí. Como que todos piensan que son un problema del Estado y no saben en qué aportar.
“Esto tiene que ver con cómo me preocupo por el otro. A la gente le acomoda la Teletón porque da la luca en diciembre se olvida del tema por el resto del año. Eso mismo pasa con los campamentos; sabe que existen, pero le traspasamos la responsabilidad al otro”.