Un reciente estudio de la Universidad de Berkeley reveló que existiría una relación entre el control de las emociones y el sueño activo -cuando los párpados se mueven al dormir-, pudiendo este último ayudar a regular los malos momentos del día para despertar con el ánimo renovado.
De este modo, el sueño con rápidos movimientos oculares (REM) inhibiría la actividad de la amígdala -la culpable del estrés post traumático-, gracias a doce horas diarias de sueño distribuidas entre la noche y una pausa durante el día conocida como siesta.
Asimismo, el efecto del sueño con rápido movimiento ocular se traduce en la disminución de percepción de novedad frente a las emociones, lo que permite no sobredimensionar los conflictos del día y estar más receptivos frente a hechos positivos, señala el documento de la Universidad de Berkeley publicado en su portal.
Los científicos explican que el cese de la actividad en el área central del cerebro, producto del sueño bien logrado, otorga la energía para activar los rápidos movimientos oculares generados por las emociones negativas acaecidas durante el día, mientras la amígdala reduciría su labor y, por ende, la fijación de las experiencias poco agradables en la memoria.
La interpretación adecuada de las experiencias de la vigilia favorece la toma de decisiones, lo conlleva una mejor calidad de vida. Por el contrario, un proceso disfuncional del "cerebro afectivo" puede llevar a comportamientos de riesgo como las adicciones y el desequilibrio emocional.
Todo esto junto a la evidente ausencia de buen humor causada por la fatiga en el procesamiento consciente de los estímulos provenientes del entorno, a lo que comúnmente nos referimos como "efecto retardado" o "andar en modo automático". Aunque, paradójicamente, la sensibilidad al miedo y la ira se encuentra más activa, desatando el instinto de autoprotección.
Además, el sueño tiene efectos sobre la concentración, cuyo ejemplo más visible de su ausencia lo constituyen los accidentes de tránsito. Asimismo, la capacidad para retener información se ve disminuida al no dormir bien, repercutiendo directamente en el aprendizaje.
En contraste, el fracaso en la reducción de la actividad central del cerebro durante el sueño, a causa del largo periodo en vigilia sin descanso neuronal efectivo -logrado mediante la siesta-, podría generar trastornos de ansiedad.
Motivo por el que para mantener el descanso a lo largo del día lo ideal es "resetearse" después del almuerzo, pero como aquello es -literalmente-, un sueño, para aprovechar mejor el tiempo nocturno se aconseja que antes de dormir se eviten los dulces, la luminosidad en la habitación, el ruido, la televisión en el dormitorio -los colores brillantes estimulan la actividad cerebral-, junto a la realización de alguna actividad física durante el día.
El estudio de la Universidad de Berkeley fue realizado mediante la observación a 34 hombres y mujeres saludables cuyas edades fluctuaron entre 18 y 30 años, quienes fueron sometidos a 150 estímulos emocionales a través de imágenes que luego debían evaluar de acuerdo a sus sensaciones. Una vez dormidos fueron monitoreadas electrónicamente las reacciones neuronales.