Visita a su familia todos los años y estos viajes la mantienen conectada con nuestra realidad, los debates y los cambios. Y también con aquellas cosas que todavía la desencantan de la sociedad chilena.
Sí, porque tiene un ojo crítico que trasluce en sus escritos y que la han hecho ganar seguidores fieles y reconocimientos. El último: el importante premio mexicano Sor Juana Inés de la Cruz, que le otorgó por unanimidad el jurado por su cuarta novela “Sangre en el ojo”, y que recibió durante la Feria del Libro en Guadalajara.
Lina Meruane, radicada en Nueva York desde el 2000, se mueve entre el periodismo –su primer trabajo fue en la revista de Tur Bus-, la literatura –su primer libro fue “Las infantas” en 1998-, la academia –es profesora de literatura latinoamericana en la NYU- y la edición –creó hace un año
“Brutas Editoras” para publicar a hispanos en el país del tío Sam-.
Casi todas sus reseñas se hacen cargo de que padece diabetes desde muy chica o que hace algunos años sufrió una ceguera total por unos meses. Aunque no le gusta hablar del tema, ambas enfermedades las ha abordado en sus libros, lo que hacen suponer que tienen mucho de autobiográfico. Ella lo minimiza, porque, como ha confesado, es ‘mentirosa’ y le gusta la ficción.
Hoy, mientras escribe su nueva novela, también publica artículos culturales en la revista “La Panera” que circula acá. Hace poco entrevistó a Vila-Matas para un diario americano, lo que le recordó su época como reportera y le dejó en claro que no tiene para que dividirse entre los diferentes roles que asume en su vida profesional. “De repente me di cuenta que estaba todo muy conectado. Lo que me gusta es escribir y el género da lo mismo; si es ensayo, novela, artículo, columna, relato, no importa”, dice.
-Afirmaste una vez que tu memoria era mentirosa, ¿eso te conflictúa para hacer ese periodismo objetivo que muchos esperan lejos de la ficción?(Se ríe) “Bueno, por eso mismo reprobé mi examen de título; considerando que mi memoria era demasiado subjetiva. Fue muy terrible porque me tomaba todo muy en serio, mucho más que ahora, pero aprendí que tenía que dedicarme al periodismo cultural”.
Casada, eso la mantiene lejos de Chile, aunque asegura que no se siente así. “Sigo muy conectada, mi discusión mental es con los temas chilenos. Estoy a bastantes horas y dólares de distancia, pero vengo con frecuencia lo que me hace sentir que mi país no se ha convertido en el lugar de la nostalgia. Para mí es un espacio muy vivo; no sólo porque mis libros se publican aquí, sino porque he hecho un esfuerzo por reencontrarme o conocer gente con la que tengo una discusión viva, no del pasado, no sobre mi infancia o colegio”, explica.
-Tú partiste por un doctorado y te quedaste. Cuando vuelves, ¿qué es lo que te golpea al bajarte del avión?
“Uuyy, cómo lo digo… Se me va olvidando lo clasista que es Chile y cuando regresó me impresiona mucho la segregación. De hecho, creo que son cosas que se han acentuado bastante, que son mundos muy separados; me impresiona mucho cómo se trata al otro porque no es de la misma clase y lo que me ha importado de lo que ha pasado es ese movimiento de crítica que han levantado los estudiantes al modelo económico. La distancia hace que lo olvide, pero me molesta, me aflige”.
-Pero en estos 12 años, ¿algo hemos cambiado o seguimos entrampados en los mismos debates?
“No estamos entrampados; los debates se han movilizado, precisamente hacia la conciencia de este problema, del fracaso de un modelo económico y de la necesidad de discutirlo de verdad. Este es un momento especialmente interesante, antes todos lo sabían, pero nadie se atrevía a hablarlo. Se reactivó el interés por lo político y se despertaron las incomodidades, sobre todo, de la clase media”.
En sus novelas “Fruta podrida” y “Sangre en el ojo” de una u otra manera tiene una mirada sobre momentos de la historia de Chile, pero, como declara, en el nuevo texto que escribe, va a plasmar con más fuerza las cosas que ve en los chilenos. “En mi próxima novela el personaje no tiene una enfermedad, deja de ser tema”, adelanta, pero no suelta nada más.
-Durante todos estos años te han tratado de encasillar en una generación literaria. ¿Ese es un ejercicio inútil contigo?“Esa pregunta es más bien para un crítico. Siento bastante conexión con mis contemporáneos, creo que estamos escribiendo una literatura chilena, un reflexionar sobre Chile que se hace de múltiples maneras y de forma aguda. Me siento parte de eso, pero cuando se habla de generación se apunta a una igualdad estética, de todos escribiendo lo mismo, y por eso no me siento parte de una generación”.
-¿Cómo ves el panorama literario chileno en su conjunto, entonces?
“Siento que la literatura chilena pasa por un muy buen momento, se están escribiendo muy buenas novelas. Estoy muy entusiasmada con eso…”
-Pero no cruzan mucho la cordillera; sólo lo hacen los best sellers.
“Eso siempre ha sido así. Siempre el escritor comercial es el primero que cruza la frontera porque tiene diferencias minúsculas con el resto del mundo y porque confirma un lugar común que es cómodo de leer. El best seller siempre circula antes porque está escrito para más público.
“Cuando pienso en la literatura chilena no pienso en esos libros, pienso en apuestas más complejas que los hace más difíciles”.
-¿Te haría ruido ser best seller?“Mis libros no se venden mucho y si lo hicieran me haría pensar por qué se están vendiendo tanto. Siempre he estado preparada para una peor crítica que la que he recibido y cuando me tratan bien me genera un poco de ruido”.
-¿Prefieres ser alternativa?
“No, sólo me hace pensar. Cuando hablo de best seller no me refiero a la venta masiva, sino al tipo de escritura, al género. “Sangre en el ojo”, que ganó un premio y ha tenido tres veces la prensa que han tenido todos los anteriores juntos, no ha tenido mucha venta…”
-¿Te confirman los premios, entonces? ¿Validan tu vocación?
“Es que los dos premios que he recibido no han sido editoriales, sino literarios. No son el Premio Planeta que asegura que el libro tiene los componentes para ser best seller.
“Cuando estaba en la Universidad Católica recibí un premio minúsculo, un diploma, pero fue muy significativo porque fue el respaldo que confirmó que no estaba tan equivocada y que tenía que insistir en escribir libros. Fue el premio que necesitaba en ese momento; los otros dos premios (Ana Zegers y el Sor Juana Inés de la Cruz) me han alegrado, estimulado y me han dado dinero para poder comprar el tiempo para escribir”.
-¿Esta mirada que tienes sobre la literatura explica que hayas creado la editorial ‘Brutas Editores’?“Creo que cuando uno no tiene lo que quiere se lo tiene que inventar. No creo en la queja, o mejor dicho, creo en algún tipo de queja porque moviliza los cambios, pero en esto, cuando no existe la posibilidad de que el problema se arregle solo, hay que incidir para que el cambio se produzca.
“La editorial fue pensada para generar un espacio de conversación con escritores vivos. Sacamos libros que reúnen escritores consagrados con desconocidos. Queremos traer diferentes voces, miradas y edades. No es un proyecto para autoeditarme”.
-Cuatro novelas, un libro-ensayo, varios cuentos, ¿te puedes describir como una escritora consolidada?
“Me cuesta tu pregunta porque trata de delimitar un lugar seguro, y la literatura no lo es. No creo que la consolidación sea el lugar de lo literario; uno va haciendo su recorrido y yo lo estoy haciendo. Cada libro es empezar de nuevo, de cero, cada libro es un pequeño gran desafío. Apuesto por que el siguiente libro me estimule”.
-Sácame de una duda, ¿por qué los escritores nunca vuelven a leer un libro que publicaron?
“Por varios motivos…”
-¿Los reescribirían?“Bueno, con uno me pasó; al reeditar uno vi los fallos y me tuve que autoimponer no cambiar más de cinco palabras seguidas. Mirar para atrás da muchísimo vértigo”.