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Andrea Cardemil: “El apego seguro va de la mano con el sentido común”

Esta psicóloga aborda cómo en el último tiempo se ha desvirtuado este concepto y cómo la sobre información ha hecho que los agentes de apego hayan dejado de actuar por instinto.

09 de Julio de 2014 | 08:02 | Por María José Errázuriz L.
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Está en boga, todos hablan de apego, pero el término se ha ido desvirtuando hasta quedar reducido al encuentro de la madre con su hijo en el mismo instante del parto o el período de lactancia posterior.

Si bien lo anterior es importante, el apego seguro que logre un niño se construirá con sus cuidadores más cercanos durante toda su infancia, y la edad entre los 2 y 6 años cobra un papel fundamental que todos olvidan. Es más, en esta sobrevaloración que se ha hecho del apego en los primeros 6 meses de vida y que se arguyó para dictar la ley del postnatal, se omite que después de ese período el actuar de la madre puede echar por tierra lo realizado.

La psicóloga Andrea Cardemil, posgraduada del Instituto Violet Oaklander, de California, y directora de Psicocrianza, cree que se debe volver a dar una mirada a este tema para centrarse en lo que ese realmente importante y por ello, acaba de publicar “Apego Seguro” de Ediciones B.

-Con toda la información que recibimos el apego ha quedado relegado a la lactancia, pero tú hablas de relacionarse con el hijo a partir de los 2 años.
 “La idea es romper con esa idea de que el apego se da en la lactancia. Hablar de apego está de moda, pero hay un mal uso del concepto. El apego es una relación afectiva que se construye entre el cuidador y el niño y empieza cuando éste nace, pero se construye en los primeros años de vida. Esos años son fundamentales porque el tipo de apego que haga marcará sus patrones relacionales y emocionales futuros.
“El apego no se termina de construir al año; o sea, una mamá podría hacer muy bien su pega el primer año con la lactancia y rutinas, pero si a los tres años maneja mal una pataleta, ese apego se puede revertir”.

-O sea, ¿el apego se construye también a los 10?
“Los primeros 6 años son los más importantes por el desarrollo cerebral y socioemocional del niño, y en esa etapa se puede trabajar para revertir el apego si éste no se ha dado seguro.
“Un niño que ha tenido toda la vida una relación de apego inseguro, puede que con su pareja tenga una relación de apego seguro que puede ser sanador. El tema es que hoy el apego se reduce al período de lactancia y si bien uno empieza a construirlo en ese momento, después uno tiene que seguir funcionando en la misma línea”.

Andrea explica que el apego se basa en la posibilidad de regular el estrés que tiene un niño. Cuando se es guagua y se siente hambre o frío, el cortisol (hormona del estrés) da vueltas por el cuerpo y entonces, cuando la mamá lo toma, lo arropa, le da de mamar, logra que el niño regule el estrés y recupere el equilibrio”.

-Esa labor la hacen las mamás hasta cuando se tiene 15 y se pelea con el pololo.
“Exactamente, a lo mejor no necesitará que le den la comida, pero en una pelea, lo que esa adolescente va a necesitar es que la apapachen.
“Por eso insisto que el apego se ha mal entendido; he estado en charlas donde mamás que esperan gemelos se sienten angustiadas porque sus hijos, al nacer, probablemente no se los pongan en el pecho porque deberán enviarlos a la incubadora y lo peor, es que algunos les dicen que con eso no lograrán apego. O mamás que no pueden dar pecho y se complican porque todos hablaban del apego por amamantamiento; el apego está en la calidad de la regulación de ese estrés por hambre no en la calidad de la leche. Estoy a favor de la lactancia materna, pero si no se puede y se regula el estrés del niño con la mamadera, ese niño va a tener apego igual”.

-Se habla de apego seguro, pero me suena como redundante. ¿Si no es apego, entonces es desapego?
“El apego es un término psicológico que se usa ahora en forma coloquial cosa que ha desvirtuado el concepto. Es muy difícil que no se produzca apego, porque un niño abandonado no hará apego con sus padres, pero sí con el cuidador principal que había en el hogar. El apego seguro o inseguro va a marcar la calidad de esa relación, pero es muy extraordinario que no se dé, podrá ser un apego desorganizado, pero habrá”.

Andrea aclara los términos involucrados en lo que se conoce como apego inseguro y que ha sido clasificado en tres tipos: apego evitativo, aquel cuando el cuidador no ayuda a regular el estrés lo que lleva a que el niño finalmente deje de expresarlo, es decir, una mamá que no ve a un niño cuando llora en la noche hará que éste se guarde su estrés y no se exprese. El niño aprende que si expresa ese estrés pierde la sintonía con su madre y como necesita estarlo, no se manifiesta para que ella no se desconecte.

El segundo es el apego ambivalente, donde la ansiedad del cuidador hace que no tengan una conducta predecible, o sea, a veces ayudan a regular, otras no e incluso ellos mismos desregulan. En el intento de que el cuidador responde, los niños tienden a exagerar el estrés.

El último es el apego desorganizado, donde el cuidador es el origen del estrés como en el caso de los abusos sexuales o violencia de los padres; es antinatura que la persona que debe contener al niño sea la fuente del terror.

-¿Cuándo el apego se vuelve contraproducente o negativo? Pienso en una madre sobreprotectora o resolutiva.
“Se puede tener una mamá sobreprotectora, pero que genere apego seguro; el problema puede ser que esa regulación del estrés va a ser excesiva y le va a transmitir al niño que el mundo es un lugar peligroso y que si ella no está cerca le puede pasar algo malo.
“A veces se confunde apego con evitar el estrés, pero el apego no es eso, es regular el estrés. Hay que ayudar a que el niño enfrente situaciones de la vida inevitables como el primer día de clases, la llegada de un hermano”.

-En los últimos años se ha generado una discusión sobre quiénes deben ser los agentes del apego y los más militantes apuestan a la madre en forma restrictiva.
“Los niños tienen capacidad de establecer apego con tres cuidadores, que pueden ser los padres y la nana, o el abuelo, la nana y el padre. Si la madre no está, será otro cuidador quien regule el estrés. No se debe confundir apego con relaciones afectivas, ya que éstas se pueden dar con muchas personas.
“Se dice que la mamá es la más idónea, porque el apego es muy biológico y las madres están preparadas para ello desde el embarazo donde se activa el cerebro de la madre para estar atenta al niño, pero hay veces que por su historia o porque no están, el principal agente puede ser el padre”.

-¿Cuáles son las claves del apego? Porque se desprende que se va pasando de un contacto más físico a uno donde media la palabra, lo racional.
“A medida que el niño crece adquiere nuevas herramientas para regularse. A la guagua, aunque no tenga el lenguaje, le sirve el tono con que se le habla para calmarse; cuando es más grande, la palabra le ayuda.
“Los principios del apego son, obviamente, la regulación del estrés; también amplificar estados positivos y no sólo regular los estados de estrés; ser predecible es muy importante para que haya un patrón con su cuidador. Además se deben satisfacer las necesidades del niño”.

Andrea aclara que desde pequeño se puede ver cómo se generó el apego a partir de la regulación emocional y conductual que ellos hagan. El primer año esa regulación es más bien fisiológica, pero a partir de los 2 años, lo fisiológico no es tema y lo emocional y conductual pasan a ser muy importantes. A partir de los 6 años se entra al terreno de lo cognitivo, de cómo ellos ven y analizan las situaciones.

-¿Parte del problema y dudas que agobian a las madres es que el exceso de información les impide desarrollar un apego más instintivo?
“Sí, de todas maneras. Una madre que nunca ha leído un libro de crianza puede ser la mejor en generar apego, porque éste es algo que está en nuestra naturaleza, en el sentido común. Eso se ha perdido por bombardeo de información y consejos que te dicen cómo tienes que hacer dormir a tu guagua –dejarlo llorar hasta que se acostumbre- o porque otros profesionales te dicen que ante la pataleta, se le debe dejar solo.
“Uno por naturaleza, por instinto, tiende a la contención”.
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