Niña de 10 años cumple su sueño de ir a la universidad a estudiar matemáticas

Esther Okade se convirtió en la mujer más joven de Gran Bretaña en ingresar a una casa de estudios. Experta dice que los beneficios para ella serán pocos.

06 de Marzo de 2015 | 15:43 | Por Fernanda Villalobos

Esther Okade es una pequeña de 10 años, que como muchas otras, en su tiempo libre juega con Barbies y hace artesanías. Al parecer, un niña común y corriente, pero con un talento diferente que la destaca del resto de sus pares: en diciembre pasado, ella fue aceptada en la Open University para estudiar matemáticas.

Esther se ha hecho conocida en Inglaterra por ser la mujer más joven en entrar a la universidad -antes de ella fue Ruth Lawrence al graduarse de Oxford con 13 años en 1981–. Pese a este logro, también ha causado polémica por dejar la escuela tan pequeña.

A los seis años aprobó con una C su Certificado General de Educación Secundaria (GCSE por sus siglas en inglés) de matemáticas. Su hermano, quien hoy tiene esa misma edad, ya se está preparando para el examen. Su madre, Omonefe, quien es profesora de matemáticas, convirtió el living de su casa en una sala de clases improvisada para que sus hijos puedan estudiar.

Según contó al "Daily Mail", en el último examen sacó 100%. "Aplicar a la universidad fue un proceso interesante debido a su edad. Esther lo está haciendo muy bien", dijo su madre.

Pese al talento innato de la menor, los trámites de ingreso a la universidad no fueron sencillos. "Tuvimos que hablar con el rector. Después de que la entrevistaron, se dieron cuenta que ésta ha sido su idea desde un principio. Desde los siete años que Esther ha querido ir a la universidad", explicó Omonefe.

"Pero tenía miedo de que fuera demasiado pronto. Ella me decía 'mamá, ¿cuándo voy a empezar?' una y otra vez. Finalmente y después de tres años, me dijo 'creo que ya es hora de que empiece la universidad'", añadió.

Esther estaba muy feliz cuando fue aceptada. Cuando termine el curso quiere estudiar un doctorado para inaugurar su propio banco y ser millonaria.

"Por ahora ella debe disfrutar de su infancia al igual que las matemáticas", dijo su madre e indicó que a los cuatro años le enseñó el alfabeto; los números; a sumar, restar, dividir y multiplicar; y álgebra.

Su padre, Paul Okade, aseguró estar muy orgulloso y feliz de su hija: "El deseo de todo padre es ver que sus hijos nos superen, que tomen el nombre de la familia hacia grandes alturas, y mis hijos, precisamente han hecho eso".

El gran pero: la falta de socialización

Al conocer la historia de Esther,  la sostenedora de la escuela de lenguaje "Nuestros Hijos" de Conchalí, Nataly Perrin, consideró que los beneficios que para la niña no serán muchos. "(Los padres) están como apurados, creen que esto es una carrera contra el tiempo y que mientras a menor edad ingresen al sistema escolar (incluso saltándose cursos), sienten una especie de satisfacción u orgullo", dice.

"La verdad es que beneficios le veo bastante pocos, siento más bien que esos padres privan a su propia hija de vivir la vida según su etapa de desarrollo, rodeándose de sus pares con intereses comunes", añade.

Asimismo, la educadora diferencial y magister en gestión educacional, explica que no asistir al colegio o a una educación regular, priva al niño/a de uno de los aprendizajes más necesarios para el resto de su vida, que es la sociabilización, el saber cómo desenvolverse posteriormente en un trabajo o en la vida en general.

"No basta poseer muchos contenidos, también hay que saber aplicarlos en la vida", asegura.


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