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El año sabático de Eugenio Cox: Viaje al centro de uno mismo

A sus 56 años, este eterno viajero regaló todo y se fue a una iniciática travesía que compartió con Revista Viernes.

29 de Enero de 2016 | 15:15 | Por Alejandra Parada, Revista Viernes.
REVISTA VIERNES LA SEGUNDA

Semanas antes de irse, Eugenio, socio y gerente general de Expan Tours, conductor de "Mundo ad portas", del 13C por tres temporadas y viajero de la comunidad Faro hizo lo que llama su “primer acto de desprendimiento”. Regaló todo. Todo. Hasta la última pilcha. "Regalé los trajes, las chaquetas, los abrigos, los zapatos, tenía en el clóset 70 camisas colgadas (chasquea los dedos), las 70 pa’ afuera. Me quedé sin nada. Fue exquisito. Me compré una maleta de tamaño medio, una Samsonite de carbono a todo cachete. Metí un suéter, una parka, algo de ropa y mucha tecnología: un iPhone 6, una Go Pro, una Power Shot chiquitita, tres discos duros y mucho cablerío. Quería salir de Santiago con sólo 20 kilos, porque iba a viajar en líneas de bajo costo. Y lo logré. Vendí el auto, arrendé el departamento, estaba listo para partir".

Una decisión así de radical tenía, para el "Uge", como le dicen quienes lo conocen, una gran razón detrás. Varias razones, en realidad, que se remontaban al 2012, año en que pasó por momentos difíciles que lo complicaron, lo estresaron y le hicieron vivir una crisis de sentido. Eso se mezcló con que venía llegando de Medio Oriente, luego de dos meses de grabación del programa "Mundo ad portas" -que conducía junto a María Gracia Subercaseaux-, tenía que sacar esa temporada adelante y, además, encargarse de su tour operador.

"Cumplí con todo lo que tenía que hacer y, de repente, como que se me apagó la tele", confiesa. "Empecé a darme cuenta de que estaba triste, de que no me entusiasmaba con nada, a preguntarme para qué todo esto. Tenía 54 años y yo creo que me deprimí. Tenía una angustia permanente y comencé tomar antidepresivos. Despertaba en la mañana con un nudo en la guata, que lo único que me lo deshacía era una pastilla de Rize. Pero me resistía a la idea de ser un farmacodependiente y a no poder encontrar la forma de que ese nudo no existiera".

"Había una voz que me decía: ‘Ándate, ándate’, pero no le hacía caso. Hasta que un día se me ocurrió un ejercicio: abrí una planilla Excel y en la línea horizontal puse los años que iba a vivir, de 1 a 100, siendo bien pretencioso, y en la línea vertical, las cosas significativas que había hecho: el colegio, las amistades, el primer pololeo, besos, sexo, salida del clóset, todo. Después incorporé lo que me gustaría hacer y no había hecho. Lo minimicé y me tiró al tiro una información muy potente. Uno, que me quedaba mucha más arena en la parte de abajo del reloj que en la de arriba, y dos, que la variable tiempo se hacía insuficiente para la cantidad de cosas que quería hacer. Ese fue el detonante. Tiene que ser ahora, me dije, que estoy bien físicamente, que estoy activo, curioso".

"Hablé con mis socios, les expliqué que estaba podrido, que no era feliz. Que todos los planes estaban O.K: el afectivo, el profesional, el familiar, pero el que no estaba bien era yo. Ellos me dijeron que me apañaban, así es que los incorporé a la sociedad y me fui".