BETHAL, SUDÁFRICA.- El diploma universitario de la militante antiapartheid Nokuthula Simelane cuelga del living de su madre, pero ella desapareció en 1983, antes de recibirlo. Este viernes, 33 años después, Sudáfrica juzgará a sus presuntos asesinos.
El cuerpo de Nokuthula, una sudafricana de 23 años, no se ha encontrado nunca. Durante mucho tiempo su madre creyó que vivía en la clandestinidad. En 1995, después de la caída del régimen racista del apartheid, se enteró de que había sido secuestrada y asesinada por policías. Y desde entonces su familia lucha para que se haga justicia.
"Nos hemos enterado, con la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (TRC), de dónde fue secuestrada y las torturas a las que la sometieron (...), pero queremos saber qué ocurrió al final", explica su hermana, Thembi Nkadimeng.
La TRC investigó los crímenes políticos cometidos en Sudáfrica por el régimen segregacionista del apartheid, que terminó oficialmente con la llegada al poder de Nelson Mandela en 1994.
El principio de la TRC era que los verdugos y quienes ordenaron las torturas obtenían una amnistía a cambio de una confesión y una descripción detallada de los hechos. Y de hecho, tres de los presuntos asesinos de Nokuthula, todos policías, comparecieron ante la comisión, pero se les negó la amnistía por estimar que no habían revelado toda la verdad.
En total la TRC recomendó el procesamiento de 300 casos de personas excluidas de la amnistía. Y al día de hoy, solo se ha tratado "un puñado", constata el premio Nobel de la paz, Desmond Tutu, ex arzobispo y presidente emblemático de la TRC. Por lo tanto, el juicio de cuatro ex policías del apartheid por el secuestro y el asesinato de Nokuthula es "extremadamente significativo e histórico", comenta.
"Si me entregan los restos de mi niña, si me dicen por fin la verdad, podré pasar la página", asegura su madre, Ernestina Simelane, de 75 años, en su casa de Bethal.
"Insistimos mucho en la reconciliación y demasiado poco en la verdad"
Ernestina conserva los amarillentos recortes de diario que fue recolectando en los medios y que hablaban del calvario de Nokuthula, cuya foto descansa sobre una cómoda del living de su madre.
Fue el 6 de febrero de 1995 que ella descubrió que Nokuthula había muerto, luego de leer el diario sudafricano Sowetan. En la portada salía la fotografía de su hija y un artículo titulado "Policías capturaron y mataron a una directiva del MK", el brazo armado del Congreso Nacional Africano (ANC, por siglas en inglés), punta de lanza contra el apartheid. "Pensé que me desmayaba", recuerda Ernestina, con voz trémula.
Todos estos años Ernestina había estado buscando a su hija. "Fui a Botsuana, porque el ANC me dijo que Nokuthula estaba en el extranjero, que era difícil localizarla. Pensé que estaba viva".
El camino hasta la apertura este viernes del juicio en Pretoria ha sido "doloroso y lleno de obstáculos", resume el abogado de la familia Simelane, Muzi Sikhakhane. "Nos parece escandaloso que la familia haya tenido que convencer a la máquina postapartheid de juzgar un crimen cometido contra una de las suyas".
Un ex comisario de la TRC, Dumisa Ntsebeza, va más allá. "Es preocupante constatar que 22 años después del advenimiento de la democracia, concluimos que hubo apaños entre el antiguo régimen y las nuevas autoridades para mantener casos en suspenso".
"En nuestra sociedad insistimos mucho en la reconciliación y demasiado poco en la verdad", estima Janet Love, de la Comisión Sudafricana de Derechos Humanos.
Por su parte, la hermana de Nokuthula espera que el juicio "permita reabrir todos los expedientes metidos en una caja del fiscal".