Las vacunas ayudan a mantener sanos a los individuos, a sus familias y a la población en general. Las infecciones prevenibles por vacunas causan morbilidad y mortalidad en las mujeres embarazadas, y también en los fetos in útero. En presencia de un embarazo, las vacunas que se necesitan son determinadas por factores como edad, estilo de vida, condiciones médicas asociadas (diabetes y asma, por ejemplo), tipo y lugares de viaje (en una época en que se viaja mucho y las embarazadas también lo hacen), y vacunaciones previas.
En el último tiempo se ha desarrollado una tendencia a evitar las vacunas. De hecho, recientemente la revista JAMA publicó una investigación en los Estados Unidos, en que de 1.416 casos de sarampión reportados en ese país desde que la enfermedad casi no existía para el año 2000, dos tercios de esos pacientes no habían sido vacunados. Esto puede tener que ver con ciertos "mitos" propagados por las redes sociales, de una supuesta relación de diferentes vacunas con autismo o con efectos laterales derivados del mercurio contenido en el preservativo timerosal. La evidencia disponible, sin embargo, ha descartado completamente esos efectos.
El período preconcepcional y el período posparto son oportunidades ideales para ciertas enfermedades, como
la rubéola, la varicela y el coqueluche, cuando la madre no tiene la inmunidad apropiada.
Una de las enfermedades más frecuentes y prevenibles con vacuna es la
tos convulsiva o coqueluche. La bacteria responsable se disemina con facilidad de una persona a otra a través del contacto personal, tos y estornudos. Muchas de las infecciones ocurren en niños menores de 3 meses de edad, porque esa vacunación se practica a edades mayores, de modo que existe una ventana en la cual los niños se pueden infectar con la madre o cuidadoras.
Por esta razón, en los últimos años en nuestro país y otros, se ha vacunado a las madres para difteria y coqueluche en el postparto, antes del alta de las maternidades, y, eventualmente, también a otros miembros de la familia que vayan a estar en contacto con el recién nacido. De hecho, desde el 2011 se ha recomendado vacunar durante el embarazo a las madres que no hubiesen recibido antes la vacuna, preferentemente entre las 27 y 36 semanas de gestación, porque en esos plazos es máxima la transmisión de anticuerpos al feto.
En momentos en que la enfermedad aumenta (epidemias) es recomendable incluso vacunar a toda embarazada, a cualquier edad gestacional e independientemente de que se haya vacunado antes o no.
Igualmente importante es la vacunación para la
influenza. Las embarazadas están en mayor riesgo de contagiarse y son particularmente vulnerables a la enfermedad. No sólo tienen más riesgo de adquirirla, sino que además cuando eso ocurre la enfermedad se asocia a más riesgo de hospitalización, complicaciones y mortalidad, como se demostró en la pandemia del año 2009.
La vacuna para la influenza a virus vivo disponible como spray nasal no se recomienda para las embarazadas, si bien también puede usarse en el posparto. La vacunación materna no solo protege a la madre, sino que disminuye las infecciones respiratorias en los recién nacido/as.
Contraindicaciones
Durante el embarazo existe contraindicación relativa para las vacunas a virus vivo atenuado (sarampión, rubéola, parotiditis, varicela y la inhalatoria de influenza), porque podría existir algún riesgo teórico, si bien no existe hasta ahora documentación alguna de efectos colaterales.
Excepción a esta recomendación es la vacuna para la fiebre amarilla, cuando una embarazada viaja a un sitio donde esa enfermedad es endémica. Si una mujer se colocó esta vacuna y planea embarazarse, se recomienda postergar el embarazo hasta un mes después de la vacunación.
Igual ocurre si una embarazada viaja a sitios endémicos de malaria. Si el viaje es inevitable, la mujer debe tomar las precauciones tradicionales para evitar picaduras de mosquitos (ropas, mosquitero para dormir y repelente frecuente), pero además debe usar un régimen profiláctico adecuado.
Ciertas vacunas como las de meningococo, hepatitis A y B, que son consideradas seguras durante el embarazo,
sólo se indican según los riesgos particulares que una embarazada pueda enfrentar.
Embarazadas, por ejemplo, que han tenido más de una pareja sexual en los 6 meses anteriores, o que han sido tratadas por una enfermedad de transmisión sexual, o que han usado drogas inyectables, deben vacunarse para la hepatitis B.
La vacuna de virus papiloma no se usa durante el embarazo y por esta razón, si una mujer se embaraza luego de haber iniciado esa vacunación, las dosis restantes se postergan hasta que se haya resuelto el parto.
Respecto de la vacuna antitetánica, si una mujer tiene una herida, y se vacunó para el tétano y difteria más de 5 años antes, debe vacunarse. Si nunca se ha vacunado para el tétano debe recibir 3 dosis de la vacuna que contiene la protección para el tétano y difteria (a las 4 semanas de la primera y 6 a 12 meses después de la primera dosis, la tercera).
Finalmente,
durante la lactancia no existe contraindicación para ninguna vacunación que se necesite.
Saludos,
Enrique Oyarzún Ebensperger, Obstetricia y Ginecología Clínica Universidad de los Andes.