EFE (imagen referencial)
Continuamente vemos en los medios fotografías de procedimientos o cirugías estéticas mal realizadas. Algunas de ellas incluso se han convertido en íconos, como los labios de alguna modelo, la nariz de un cantante o rostros de la TV, pero ¿se ha preguntado usted quién ha realizado el procedimiento? ¿Ha sido un médico? ¿Le habrán inyectado algún producto certificado? ¿Era competente el profesional que lo atendió?
Lamentablemente, en muchos casos, la respuesta a esas preguntas dista de lo ideal. Los procedimientos no han sido realizados por cirujanos plásticos, los productos utilizados provienen del mercado negro y, la mayoría de las veces, corresponden a sustancias ilegales, sin ningún tipo de certificación para uso en estética. Tal es el caso de los llamados biopolímeros, que terminan siendo silicona o incluso cera líquida, parafina u otros productos de uso industrial.
La ley chilena indica que sólo un médico cirujano, odontólogo o enfermera, kinesiólogo o paramédico bajo indicación médica, puede inyectar medicamentos. Cualquier sustancia que se aplique en el cuerpo humano, por cualquier vía, constituye un medicamento; por lo tanto, la mesoterapia, rinomodelación u otro inyectable en manos de cualquier persona que no sea médico u odontólogo, constituye un delito; lo que excluye de plano a cosmetólogas y cosmiatras.
Sin embargo, aunque la ley faculta a los profesionales o técnicos anteriormente descritos, a realizar algunos procedimientos, no implica que estén capacitados para hacerlo. Como referencia, un cirujano plástico tiene al menos 12 años de estudios universitarios, casi el doble de un odontólogo y un médico general. Por lo tanto, aunque estén facultados legalmente para realizar procedimientos, claramente no tienen las competencias necesarias, ya que no son parte del programa curricular básico de sus carreras.
Esta situación preocupa a la Sociedad Chilena de Cirugía Plástica (SCCP), debido a que el Ministerio de Salud ni otros estatutos del Ejecutivo se han involucrado proactivamente en esta verdadera batalla a favor de la integridad de los pacientes y la ética médica. Es por esto que los más de 150 cirujanos plásticos de Chile se unieron para dar el primer golpe con la campaña #QueTuCirujanoSeaPlástico, la cual busca crear conciencia acerca de la importancia de atenderse con un experto en esta área.
Iniciativa que cobra aún más importancia, debido al aumento en la cantidad de cirugías plásticas estéticas y reconstructivas que se realizan anualmente en nuestro país, motivo por el cual no es de extrañar la aparición continua de mal praxis. Recientemente, conocimos a tres mujeres a quienes se les inyectó silicona líquida y metacrilato en el cuerpo, luego de operarse en el extranjero con sujetos que se hacían llamar "cirujanos". Decisión que cambió para siempre sus vidas, ya que no es posible devolverles su apariencia y salud anterior.
Este problema no se presenta sólo en nuestro país. Otras agrupaciones científicas de cirujanos plásticos se han sumado. En México y Colombia también se iniciaron campañas para gatillar un cambio que se pedía a gritos y que las autoridades no escuchaban. Requerimientos que aumentaron luego de la vorágine de "cursos exprés", efectuados con fines meramente económicos, en Perú y Brasil, en los cuales se capacita a médicos durante tres y seis meses, para realizar procedimientos y cirugías estéticas (tales como aumento mamario, abdominoplastía y liposucción), entre otras; los cuales claramente son insuficientes si se comparan con los 5 a 6 años que estudia un cirujano plástico, luego de terminar los 7 años de medicina.
Es imprescindible, entonces, que las personas, antes de realizarse algún procedimiento quirúrgico, se informen a cabalidad, acerca de quién les realizará la operación y todo lo que ésta conlleva (especialmente el pre y post operatorio). En Chile, legalmente cualquier médico puede llevar a cabo una cirugía plástica en instalaciones inadecuadas y sin el personal especializado, ya que no existe una prohibición que les entregue la característica de ilegal ¿Pero quién se hace responsable por esto? ¿Quién fiscaliza?
Son los propios pacientes quienes tienen en sus manos su vida y la decisión de continuar o no en un viaje que podría no tener retorno. Los pacientes deben exigir que, frente a algún procedimiento estético inyectable facial, como la toxina botulínica, sea un cirujano plástico o dermatólogo acreditado quien lo realice. El paciente debe exigir que se les muestre el producto y esté certificado. Si el paciente va a ser sometido a una cirugía estética, puede indagar si el especialista está certificado o no.
En el intertanto, los cirujanos plásticos acreditados seguiremos presionando con las herramientas que tenemos a las autoridades de salud, con el fin de acabar con esta situación antiética y vacío legal, que permite jugar con la vida y salud de las personas con un fin exclusivamente suntuario.
Stefan Danilla, director de la Sociedad Chilena de Cirugía Plástica (SCCP)