Israel recibe a refugiados árabes por primera vez en su historia

Miles de árabes libaneses de todas las religiones se han congregado en Amnun, territorio israelí, donde por primera vez desde 1948 se produjo un éxodo árabe en sentido contrario.

24 de Mayo de 2000 | 11:17 | AFP
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  • AMNUN.- Unas 5.000 personas -ex miembros del Ejército de Líbano Sur (ELS, milicia aliada de Israel) y sus familiares- se refugiaron el miércoles en el balneario de Amnun, en territorio israelí, donde por primera vez desde 1948 se produjo un éxodo árabe en sentido contrario.

    En esta orilla nordeste del Lago Tiberíades, donde hace 2.000 años se produjeron los milagros de Cristo, no se había visto tanto fervor desde que el Papa Juan Pablo II realizó su gran misa en Tierra Santa, hace dos meses.

    Pero esta vez no se trata de mesianismo. Miles de árabes libaneses de todas las religiones se han congregado en Amnun. Acaban de escapar de Líbano e Israel les dio refugio.

    Ante la llegada de miles de personas se anunció el miércoles la instalación de un segundo campamento, integrado por 300 carpas, en la ladera del Monte de la Beatitud.

    La víspera, unos mil automóviles y cientos de autobuses lujosos de turismo de la empresa Transportes de Galilea trajeron a los refugiados desde el paso de la Puerta de Fátima hasta el límite de Kfar Nahum (la Cafarnaum bíblica). Algunos lloraron durante las dos horas que duró el trayecto.

    La identidad de todos los refugiados fue controlada estrictamente. Israel temía que elementos hostiles (militantes del Hezbolá chiíta) se infiltrasen entre ellos.

    Cada uno de los libaneses fue fotografiado, se registraron sus datos personales y luego se le entregó una "visa de turista" autorizándolo a trabajar en Israel mientras se decide su estatuto.

    En menos de un día, la tranquila playa de Amnun se transformó en campamento de refugiados.

    "Nosotros fuimos vuestros aliados durante 25 años, hemos huido dejando nuestras casas, todas nuestras posesiones, y ustedes salieron sin consultarnos, nos traicionaron", increpó un oficial del ELS a un militar israelí.

    Luego dijo que quería regresar a su patria para "no sufrir discriminación en Israel".

    "Estoy harto de la guerra. Quiero ver Jerusalén e instalarme al borde del lago", afirmó otro joven refugiado, que también se negó prudentemente a revelar su identidad.

    A la entrada del centro, policías bloquean el acceso. Esto indigna a Najim Samir, de 19 años, de la localidad drusa cercana de Beit Jan (norte de Israel). Samir busca a sus parientes entre los milicianos y espera lograrlo gracias a un primo que hasta la víspera trabajaba en la "unidad de enlace" del ejército israelí en el sur de Líbano.

    "Da pena verlos así, abandonados, lejos de sus hogares", se queja.

    Silvia, una judía marroquí de Tel Aviv, casada con un miliciano que quiere conservar el anonimato, también espera una eventual autorización para entrar a la playa de Amnun. Esta patriota estima que "los judíos hicieron bien las cosas" y que "Israel no abandona a nadie, ya que están todos aquí, atendidos y mimados".
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