Críticas contra Bush por ejecución de dos convictos en Texas

Brian Roberson, de 36 años, y el hispano Oliver David Cruz, de 33, recibieron una inyección letal en ejecuciones separadas por menos de una hora en la penitenciaría de Huntsville, pese a los ruegos de clemencia de sus abogados y de grupos de defensa de los derechos humanos.

10 de Agosto de 2000 | 02:56 | EFE
HUNTSVILLE, EE.UU.- Las críticas contra la posición del candidato presidencial republicano, George W. Bush, sobre la pena de muerte se han intensificado tras las ejecuciones anoche de dos asesinos convictos en Texas, estado del que es gobernador.

Brian Roberson, de 36 años, y el hispano Oliver David Cruz, de 33, recibieron una inyección letal en ejecuciones separadas por menos de una hora en la penitenciaría de Huntsville, pese a los ruegos de clemencia de sus abogados y de grupos de defensa de los derechos humanos.

Roberson fue condenado por el asesinato en 1986 de dos ancianos a los que mató a balazos durante un asalto en la ciudad de Dallas.

Cruz recibió el máximo castigo por el secuestro, violación y asesinato a puñaladas de la militar Kelly Elizabeth Donovan, en San Antonio, en 1988.

El primero en recibir la inyección mortal fue Roberson que, atado a la camilla de la penitenciaría de Huntsville, se mostró altivo y desafiante.

"Todos los blancos racistas de Estados Unidos... y todos los negros que se odian a sí mismos... que me besen el culo", dijo, según un portavoz del establecimiento penitenciario.

Pero Cruz, un retrasado mental que, según su abogado, Jeffrey Pokorak, no estaba en capacidad de saber la gravedad de su delito, se mostró humilde y arrepentido.

"Quiero pedir perdón a la familia de Kelly Elizabeth Donovan. Estoy arrepentido por lo que hice hace 12 años. Que Jesús me perdone", dijo.

Las ejecuciones se llevaron a cabo después de que el Tribunal Supremo de Estados Unidos rechazara el miércoles las apelaciones interpuestas en favor de ambos convictos.

La decisión había sido precedida por una recomendación también negativa formulada por la Junta de Amnistías y Libertad Bajo Palabra del estado dirigida al gobernador Bush, de campaña en el interior del país, quien era sustituido por el vicegobernador Rick Perry.

El abogado de Cruz basó su apelación en que su cliente era un retrasado que en diversas pruebas había demostrado tener la capacidad mental de un niño de 12 años.

"Los retrasados mentales son como niños en su comportamiento. No entienden lo que han hecho", dijo Pokorak al solicitar que Texas se sumara a otros estados que prohíben la ejecución de ese tipo de personas.

La solicitud de clemencia había sido respaldada por varios grupos de defensa de los derechos humanos, además de la Asociación de Abogados de Estados Unidos y la institución Arc de EEUU, dedicada a la protección de los derechos de los retrasados mentales.

Sin embargo, los fiscales argumentaron en el juicio y en las apelaciones que Cruz había mostrado una inteligencia normal y que, por lo tanto, era merecedor de la pena de muerte.

Las ejecuciones desataron críticas contra Bush, cuyos rivales políticos indicaron que no es el "conservador compasivo" que dice ser en su campaña por la presidencia de Estados Unidos.

"El hecho de que Bush abrace la maquinaria de la muerte indica que moralmente no está capacitado para ser presidente de Estados Unidos y ni siquiera para ser gobernador de Texas", expresó en una declaración Dave Atwood, director de la Coalición de Texas para la Abolición de la Pena de Muerte.

Pero Bush respaldó la decisión de su vicegobernador Rick Perry, según manifestó su portavoz, Linda Edwards.

"La ley de Texas tiene numerosas disposiciones que protegen de la ejecución a los criminales que tienen incapacidad mental. El jurado escuchó las pruebas sobre la capacidad mental de Cruz y coincidió en que su abyecto y calculado crimen justificaba la condena a muerte", dijo.

Texas restableció el máximo castigo en 1982 y desde entonces la pena capital ha sido aplicada a 227 asesinos convictos en Texas.

De todas esas ejecuciones, 140 se han llevado a cabo bajo cinco años del gobierno de Bush, quien conmutó una sentencia por pena capital y aplazó otra ejecución por 30 días.

En junio, Bush rehusó intervenir a favor de un hombre que hasta el final afirmó ser inocente, mientras sus abogados señalaban que contaban con nuevos testimonios que demostraban que no era el autor del asesinato del que había sido declarado culpable.
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