EE.UU.: Carácter e impuestos, lo más llamativo del debate por la presidencia

Este primer debate, de 90 minutos de duración, ofreció un intercambio bastante poco animado, en el que Gore usó la mayor cantidad de cifras y datos, mientras que Bush logró su objetivo de demostrar que puede estar a la altura de su rival.

03 de Octubre de 2000 | 23:48 | EFE
BOSTON.- Un convincente George W. Bush defendió hoy con intensidad sus propuestas republicanas frente a un combativo Albert Gore en un debate por televisión en Boston considerado esencial para el resto de la campaña electoral.

Bush no solo mantuvo la compostura en todos los temas a debate, sino que se mostró seguro de sí mismo y despejó las dudas de su supuesta falta de preparación para ocupar la presidencia de Estados Unidos.

Gore basó su estrategia en presentarse como el defensor de la clase media, de los ancianos y las mujeres, y criticó las propuestas de Bush de reducción de los impuestos, que según él beneficiarían sólo a los más ricos.

Para Gore, lo fundamental es asegurar que siga la prosperidad del país, que haya un reparto más justo de la riqueza y que se fortalezcan la educación, la seguridad social y los programas médicos para la tercera edad.

"La cuestión no es si estamos mejor que hace ocho años, sino dónde estará la prosperidad de hoy dentro de cuatro años con un Gobierno Bush", señaló Gore.

Bush criticó la credibilidad y falta de carácter de su rival y repitió varias veces que en los últimos siete años la administración demócrata del Presidente Bill Clinton no ha logrado resolver lo que ahora propone Gore.

"Esos son números falsos", le espetó varias veces Bush a Gore sobre las cifras manejadas por el vicepresidente.

Comparado este debate de Boston con aquel decisivo de hace 40 años entre John F. Kennedy y Richard Nixon, el cara a cara de Gore y Bush respondió a la expectación creada por la intensidad en el intercambio de réplicas entre los dos candidatos.

En Boston no hubo un claro vencedor, por lo que se mantiene vivo el interés de los dos próximos debates de los próximos días 11 y 17, y del resultado final de las elecciones del 7 de noviembre, que se espera sean las más cerradas desde 1960.

En un escenario azul y rojo con dos atriles separados por un par de metros, Gore y Bush, los dos con camisa blanca y corbata roja, defendieron con vigor sus respectivos programas sin que ninguno cometiese errores de bulto.

Sus diferencias quedaron bien marcadas en la defensa del derecho al aborto, en cómo repartir el superávit presupuestario o en la reforma del sistema de financiación de los partidos políticos.

Gore pidió a Bush que se comprometiese a aceptar la propuesta del senador republicano John McCain para cambiar la financiación electoral, pero el gobernador de Texas le respondió que no tiene ninguna credibilidad en este asunto, después del escándalo por recaudar fondos en un templo budista en Los Angeles hace cuatro años.

El vicepresidente respondió diciendo que Bush prefería "centrarse en los escándalos, yo quiero centrarme en los resultados".

Gore fue el primero en abrir el debate, según aceptaron los asesores de los candidatos, quienes habían acordado hasta los mínimos detalles como que la temperatura interior del local fuese de 18 grados centígrados.

Jim Lehrer, respetado y popular presentador de la cadena pública PBS, fue el encargado de moderarlo en el Centro Deportivo Clark de la Universidad de Massachusetts, ante un millar de invitados y con una audiencia de televisión superior a los 60 millones de telespectadores.

Gore evitó criticar personalmente a Bush ante la pregunta de si el gobernador está capacitado para la Casa Blanca e indicó que no ha cuestionado su falta de experiencia, sino sus propuestas.

El vicepresidente citó como objetivos equilibrar el presupuesto, pagar la deuda nacional, reducir los impuestos para la clase media y fortalecer la seguridad social.

Bush se presentó, por su parte, como el líder que necesita el país para acabar con las luchas partidistas de Washington.

"Ya es ahora de que alguien en Washington resuelva los problemas y acabe con el enfrentamiento entre republicanos y demócratas. Usted ya ha tenido la oportunidad de hacerlo durante ocho años y no ha hecho nada. Washington necesita otro tipo de líder", dijo el gobernador.

Gore utilizó mucho tiempo en detallar las contradicciones de las propuestas para el abaratamiento del coste de medicamentos para la tercera edad y en algunos momentos resultaba difícil seguir sus explicaciones.

Con gracia y para desacreditar las críticas de Gore, Bush dijo que el vicepresidente parece que "no solo inventó Internet, sino también la calculadora. Esas cifras asustan. Son números falsos".

Ambos se refirieron a sus propuestas para evitar la escalada de los precios de los derivados del petróleo. Bush propuso explorar nuevos yacimientos en Alaska y reiteró que la administración Clinton-Gore no ha hecho nada para reducir la dependencia de las exportaciones de petróleo.

Propuso, en concreto, aumentar la cooperación con México para la exportación a EE.UU. de gas natural y petróleo.

Sobre la defensa del derecho al aborto, Gore fue contundente.

Bush se mostró indeciso sobre si hará lo posible para revocar la reciente autorización del uso de la píldora abortiva y tampoco respondió directamente si nombrará a jueces que estén en contra de mantener el derecho al aborto.

La política exterior ocupó un segundo plano. La situación en Yugoslavia protagonizó ese capítulo, y ambos descartaron utilizar la fuerza para obligar a Slobodan Milosevic a abandonar el poder en Belgrado.
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