Coreanos reinician emotivas reuniones

Hong Jong-ja, de 57 años, gemía al lado del autobús que llevaba a los norcoreanos al aeropuerto de Seúl para su viaje de vuelta a Pyongyang. Su hermano norcoreano, Hong Sung Pyo, de 59 años, gesticulaba desde dentro del autobús para calmarla antes de volver a bajarse y abrazarla. "Por favor, no llores", dijo.

02 de Diciembre de 2000 | 10:33 | Reuters
SEUL.- Ondeando carteles y cantando frases en favor de la reunificación, decenas de sudcoreanos se despidieron este sábado de sus familiares de Corea del Norte, tras reuniones en las que se volvieron a ver familias separadas por la guerra de Corea hace 50 años.

"Cuídate y vive mucho tiempo, abuelo", se leía en un cartel. Hong Jong-ja, de 57 años, gemía al lado del autobús que llevaba a los norcoreanos al aeropuerto de Seúl para su viaje de vuelta a Pyongyang. Su hermano norcoreano, Hong Sung Pyo, de 59 años, gesticulaba desde dentro del autobús para calmarla antes de volver a bajarse y abrazarla. "Por favor, no llores", dijo.

Hwang se desmayó en la acera, gritando: "Hermano, hermano", antes volver a ponerse en pie y golpear uno de los paneles laterales del autobús. Park Yong-ha, norcoreano de 70 años, dijo a la prensa antes de subirse al vehículo: "Esto es una tragedia. Finalmente me reúno con mi hermana por primera vez en 50 años, pero tenemos que separarnos de nuevo".

La sudcoreana Park Kan-rye, de 86 años, le preguntó a su hijo de Corea del Norte, Hong Sa Wan, si tenía suficiente comida para el viaje. "Madre, no te preocupes por mí. Comí bien y mi estómago está lleno", dijo Hong, mientras le frotaba el rostro surcado por las lágrimas y le ponía una bufanda alrededor del cuello para protegerla de las frías temperaturas de principios del invierno.

Un avión de Corea del Norte trasladó a 100 ancianos sudcoreanos a Seúl la tarde del sábado. El mismo avión recogió a 100 visitantes del norte y sus guardianes de regreso a casa, después de tres días de reuniones. Las visitas fueron una continuación de las emotivas reuniones celebradas en agosto, en uno de los frutos más dramáticos de la histórica cumbre en junio entre el presidente sudcoreano Kim Dae-junt y el líder norcoreano Kim Jong-Il.

Kim recibirá un premio Nobel de la paz el 10 de diciembre, en gran parte por sus esfuerzos de reconstruir las relaciones con Corea del Norte, una de las naciones más aisladas y pobres del mundo. Las reuniones son un paso profundamente simbólico encaminado a salvar el abismo que separa al sur capitalista del norte totalitario.

Entre los habitantes a ambos lados de la frontera más fortificada del mundo, no hay vínculos telefónicos, de correo, ni de transporte. Corea del Sur es un país democrático con la decimotercera mayor economía del mundo y líder mundial en tecnología electrónica, astilleros y fabricación de automóviles.

La economía de Corea del Norte está arruinada. Gran parte de su industria no funciona por la falta de energía y el país sobrevive con la ayuda internacional, que alimenta a sus 22 millones de habitantes. Organismos humanitarios afirman que dos millones de personas han muerto en los últimos cinco años de malnutrición y enfermedades relacionadas.

El Ministerio de Unificación de Seúl dijo que una tercera ronda de reuniones se celebraría probablemente a principios del próximo año.
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