La política exterior de EE.UU. y sus raíces domésticas

Está todo listo y dispuesto en EE.UU para al asunción de George Bush y su equipo el próximo 20 de enero. Los analistas esperan que con él en la Casa Blanca, la política exterior e interna norteamericana sufrirá un vuelco importantísimo, en la que encontraremos una mayor disputa partidista, un acercamiento hacia Chile mediante un TLC y que el senado jugará un destacado papal a la hora de decidir dónde y cuándo intervenir en el mundo.

09 de Enero de 2001 | 12:19 | Columna de Opinión
SANTIAGO.- ¿Qué se puede anticipar de la política exterior del Presidente electo de Estados Unidos, George W. Bush, durante los próximos dos años?

A partir de un análisis de la coyuntura doméstica e internacional y sobre la base de los rasgos y elementos tradicionales del proceso decisional de la política exterior norteamericana, es posible postular, como una aproximación tentativa a nuestra interrogante, lo siguiente: 1) que sea un período marcadamente de lucha partidista, 2) la política exterior se negociará y decidirá en forma definitiva en el Congreso de Estados Unidos, particularmente en el recinto del Senado y 3) uno de los primeros triunfos de la política exterior del nuevo equipo de Bush será un Tratado de Libre Comercio con Chile.

En primer término, es necesario enfatizar las persistentes rivalidades y resentimientos que se han manifestado entre los partidos Demócrata y Republicano en los ocho años de la administración del Presidente Clinton. No obstante la tendencia centrista del gobierno demócrata en orden a incorporar en su agenda política varios temas que interesan a los republicanos, como el libre comercio, seguridad ciudadana y una sana administración del presupuesto de la nación, el Congreso ha experimentado una polarización política cuyo clímax fue el debate en torno a los alcances políticos y morales de la conducta personal de Clinton dentro y fuera de la Casa Blanca.

Indudablemente que alrededor de este caso, "emblemático" para algunos, en cuanto a los excesos a que puede llegar la más alta autoridad del país como expresión de un liberalismo extremo, o la reacción contestataria de estos sectores frente a los intentos de liderazgo autoritario y de censura de los grupos extremos conservadores a manifestaciones sociales y expresiones culturales del espectro político norteamericano, se disfrazan visiones contrapuestas frente al mundo laboral, bienestar social y desarrollo económico entre sectores de la sociedad norteamericana y esconden, al mismo tiempo, resabios y raíces más de fondo que provienen de los planteamientos antagónicos tradicionales entre conservadores y liberales.

Lo anterior sirve como telón de fondo de una lucha partidista que a partir de intereses locales se expresa cotidianamente en el Congreso, algunos representando a clientelas políticas y la gran mayoría de corto plazo, en función del período electoral a que se atienen los congresistas, particularmente los de la Cámara de Representantes.

Entre las manifestaciones más recientes de enfrentamiento partidista en los Estados Unidos, conviene señalar la decisión osada y sin precedente de la Suprema Corte de intervenir en un conflicto electoral estatal como el suscitado en Florida con ocasión de la última contienda presidencial. En efecto, antes del fallo emitido por los Jueces Supremos que revoca una decisión previa adoptada por la Corte Estatal de Florida, el Senador Demócrata Patrick Leahy, "Ranking Member" del Comité Judicial del Senado y conocido como "la conciencia del Senado" expresó lo siguiente: " El pueblo americano ha demostrado más paciencia y sabiduría que muchos políticos. El público cree que el resultado final debería salir de un cuenteo completo de todos los votos. Mejor un cuenteo exacto ahora que descubrir, después del día de la inauguración, que la persona equivocada asumió el cargo" ( Página Web del Senador Leahy) Del mismo modo, después del fallo formal de la Suprema Corte, Leahy y otros líderes demócratas manifestaron una fuerte molestia por la decisión judicial. (Conversación personal de uno de los autores con el Senador Leahy, diciembre 9 de 2000)

Desde la perspectiva del papel del Senado, es posible anticipar no mucho optimismo después de las recientes elecciones y las fuertes declaraciones del liderazgo demócrata dentro de esta rama del Congreso. En otras palabras, es difícil imaginar una fácil reconciliación partidista o una tradicional luna de miel entre los poderes ejecutivo y legislativo. Esto es particularmente importante, de momento en que el Senado es el principal actor legislativo en materia de política exterior, como asimismo en ciertas materias de la política doméstica. Es decir, una predisposición positiva de esta rama del Congreso es crucial para el éxito de cualquier política de largo o corto alcance.

Sin lugar a dudas que tanto Bush como un gran número de sus asesores desean un entendimiento legislativo. No es extraño, entonces, que el Presidente electo haya designado al general Powell como Secretario de Estado. Este es reconocido como un destacado burócrata con buena llegada a los sectores moderados de los partidos Republicano y Demócrata. De la misma manera, el Vicepresidente Cheney posee una amplia experiencia y visión legislativa, lo que augura también una buena aproximación al Congreso.

No obstante, también hay sectores dentro del equipo del nuevo mandatario norteamericano que han mostrado fuertes convicciones partidarias en política exterior, particularmente en materias de seguridad internacional y de defensa de los intereses tradicionales norteamericanos, diferentes a las políticas eclécticas y, a veces contradictorias, de Clinton. Tales son los casos de la nueva Asesora de Seguridad Rice y del reciente designado Secretario de Defensa Donald Rumsfeld.

Para conciliar las divisiones al interior del nuevo equipo ejecutivo y conseguir un apoyo en el Congreso, el presidente entrante deberá procurar entendimientos y consensos en su proyección internacional, buscando los correspondientes equilibrios entre ambos poderes del estado. En otras palabras, para conseguir el respaldo partidario en el legislativo, Bush debería establecer desde el principio de su mandato una claro liderazgo personal, ya que en el contexto de la actual coyuntura es esencial superar las divisiones y desconfianzas internas, en especial respecto de las percepciones generalizadas en sectores de la población norteamericana, particularmente entre las minorías, acerca del proceso y triunfo electoral del mandatario electo.

Por otra parte, se debe tomar en cuenta que las elecciones legislativas para el año 2002 ya están corriendo, habiéndose iniciado el proceso durante el propio recuento electoral en Florida. Para ello es necesario previamente repasar la actual correlación de fuerzas en el Congreso. Los republicanos tienen una pequeña mayoría en la Cámara de Representantes, mientras que en el Senado hay un empate de cincuenta senadores entre ambos partidos mayoritarios. Por esta razón, los legisladores jugarán un papel más preponderante que en el pasado. Esta misma estrechez representativa de los dos partidos principales, puede al mismo tiempo, prolongar la parálisis política que marcó los últimos años de la administración saliente.

Por último, en este mismo ámbito, el tradicional poderío político que representa la Presidencia en lo que se conoce popularmente como el "bully pulpit" o "púlpito matón" (debido a la fuerte concentración de recursos de la acción presidencial para moldear a la opinión pública) está seriamente debilitado en el presente, por la percepción generalizada de que Bush ganó la primera magistratura no por una mayoría popular del electorado (que no tiene) sino por la intervención de una Corte Judicial.

Dicho lo anterior, ¿ cuál es el proyecto de política exterior se puede esperar del nuevo gobierno del Presidente Bush.?

En general, el equipo que formulará la nueva política exterior de Estados Unidos está estrechamente relacionado con personeros que ocuparon altas posiciones dentro del gobierno de Bush padre en el contexto político y de seguridad internacional de la Guerra Fría. Por cierto que este rasgo no es aplicable a todos los miembros del grupo asesor del presidente entrante, como es el caso de Powell, pero es indudable que en la mentalidad de otros personeros, persisten las visiones tradicionales de política exterior norteamericana. En este sentido, es factible prever dificultades de entendimiento y coordinación entre un Colin Powell moderado y apolítico, con una franca y controvertida Condoleza Rice como asesora de Seguridad en la Presidencia.

Por otra parte, también es posible esperar ciertas herencias y continuidades en el campo de la política económica desarrollada por la administración de George Bush padre. Sin embargo, en este ámbito la definición política debiera ser más certera y concluyente que las tendencias seguidas bajo la administración Clinton. En efecto, si existe un verdadero consenso bipartidista hoy, es precisamente en la voluntad manifestada por los líderes republicanos y demócratas en cuanto a negociar un tratado de libre comercio con Chile.

Lo anterior no significa necesariamente que este acuerdo esté entre las prioridades de la política global de Estados Unidos, pero indudablemente en el contexto de las relaciones hemisféricas, constituye una aspiración norteamericana, especialmente desde el punto de vista de su simbolismo y calidad paradigmática para avanzar en una asociación de libre comercio amplia con el resto de los países de América.

El resultado favorable de un acuerdo comercial con Chile tendría un fuerte impacto en la sociedad chilena. Basta observar los efectos de la globalización económica y de NAFTA en la política doméstica e internacional de México, como asimismo los impactos generados por los procesos de integración económica en países como España, Francia e Italia. En el caso particular de Chile, el resultado de una nueva relación comercial con Estados Unidos, sin perjuicio de prever los factores positivos y negativos que puedan significar esta vinculación para dicho país, inexorablemente contribuirá a estrechar un período de relaciones bilaterales no antes experimentado en la historia de ambas naciones.

Por Claude Pomerleau, profesor Universidad de Portland; y José Morandé, académico Universidad de Chile
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