Fariñas realiza su protesta en su casa en Santa Clara.
EFELA HABANA.- El periodista cubano Guillermo Fariñas, en huelga de hambre desde hace ocho días, reiteró hoy que está dispuesto a morir en la protesta que inició para exigir la libertad de 26 presos políticos en la isla que están en mal estado de salud.
"Si nos tenemos que morir, nos vamos a morir, y vamos a estar en esta situación hasta el final. Hay un grupo de hermanos que después que yo muera se van a plantar en huelga de hambre", dijo Fariñas, de 48 años, desde su casa en Santa Clara (280 kilómetros al este de La Habana), donde realiza la protesta.
"No le vamos a dar tregua al Gobierno de ningún tipo (...) Esto va a ser una cadena constante y vamos a ver si el Gobierno resiste esta presión", añadió Fariñas, un psicólogo que ha realizado más de 20 huelgas de hambre y ha estado preso en tres ocasiones por su actividad opositora.
El disidente, que ayer debió ser atendido en hospitales de Santa Clara tras sufrir un shock hipoglicémico, comenzó la protesta el 24 de febrero pasado, un día después de la muerte de preso político Orlando Zapata Tamayo, también huelguista.
"No le estamos pidiendo al gobierno otra cosa que un gesto humanitario. Para que el señor (Presidente) Raúl Castro no tenga que lamentarse como se lamentó", por la muerte de Zapata, "pues que haga el gesto y los libere", dijo Fariñas, quien ayer recibió sueros de glucosa y agua, y asegura tardará "entre seis y ocho días" para volver a colapsar.
Raúl Castro, cuyo gobierno sostiene que Zapata Tamayo era un preso común "maquillado" de prisionero político, lamentó su muerte, y negó que en la isla se practiquen torturas o ejecuciones extrajudiciales.
Sin embargo, Fariñas se congratuló por el abandono de huelga que los presos políticos Diosdado González (47), Eduardo Díaz (58), Fidel Suárez (49) y Nelson Molinet (45) habían declarado desde sus prisiones coincidiendo con él.
"Estoy haciendo esta huelga para que salgan presos (en libertad), no para que se me mueran allá adentro", apuntó.
Cuba niega la existencia de presos políticos -que la oposición cifra en 200- y disidentes en el país, a quienes califica de "mercenarios" de Estados Unidos.