El alud que afectó a la favela de Morro do Bumba arrasó con unas 50 viviendas, una guardería infantil y una pizzería.
APSANTIAGO.- Las torrenciales lluvias que el lunes y martes cayeron sobre Río de Janeiro y sus alrededores, no han afectado a los chilenos que residen en la ciudad brasileña, según informaron fuentes del Consulado.
De acuerdo a la información entregada por la representación chilena, hasta el momento no existen connacionales entre las víctimas o desaparecidos por las inundaciones y deslizamientos de barro provocados por las precipitaciones.
El Consulado chileno precisó que unos 3.500 chilenos residen actualmente en Río de Janeiro, ciudad que ha sido una de las más afectadas por el fenómeno climático, junto a su vecina Niteroi.
Precisamente en esta última localidad, anoche un alud de barro arrasó con decenas de viviendas en la favela de Morro do Bumba, elevando a 153 el número de fallecidos a causa de la tragedia. Sin embargo, Bomberos estima que la cifra podría aumentar, ya que unas 200 personas estarían sepultadas bajo los escombros.
Según un periodista de la AFP, gran parte de una colina se derrumbó y devastó un sector de unos 700 metros de longitud, donde arrasó con todo lo que encontró a su paso: unas 50 viviendas, una guardería infantil y una pizzería.
Sabrina Carvalho de Jesús, de 26 años, quien trabaja en un hospital, logró escapar al deslizamiento de tierra debido a que huyó de su casa luego de escuchar un ruido muy fuerte que llegaba desde la cima de la colina. Pero su abuelo, su madre y su hijo de seis años se encuentran bajo los escombros.
"Sinceramente, no tengo esperanzas. Es demasiada tierra. Y 12 horas bajo tierra, es demasiado" tiempo, dijo Sabrina a la AFP mientras un bombero intentaba consolarla.
El alcalde de Niteroi, José Roberto Silveira, decretó el estado de calamidad pública en la ciudad, en tanto que hoy se cumple el segundo día de luto decretado por el gobernador Sergio Cabral.
De acuerdo a las previsiones meteorológicas, las lluvias continuarán toda la semana en la región, aunque en menor intensidad después del peor temporal de los últimos 44 años.