SAINT-DENIS DE LA REUNION.- Cinco meses después de zarpar de California para una vuelta al mundo de vela en solitario, la estadounidense Abby Sunderland, de 16 años, pisó tierra firme el sábado en la isla francesa de La Reunión (Índico), "triste" por haber perdido su velero pero sin pesar.
"Estos últimos meses han sido los mejores de mi vida. Era una bella aventura aún cuando ahora esté triste y decepcionada. El naufragio no terminó con mi sueño", declaró al desembarcar en el puerto de Pointe des Galet del patrullero de pesca "Osiris", que la traía de Port aux Français, en el archipiélago de la Kerguelen.
Abby Sunderland zarpó de California a fines de enero a bordo del "Wild eye" (Ojos salvajes), un velero de 12 metros, para efectuar una vuelta al mundo en solitario.
El 10 de junio, la muchacha activó sus balizas de socorro después de haber perdido el mástil de su velero, durante una tempestad frente a la isla Saint Paul, al sur del Océano Índico, a 3.300 kilómetros de La Reunión.
El Centro regional de socorro y salvamento de La Reunión (CROSS) desvió inmediatamente tres navíos en el sector y alertó a las autoridades australianas.
Al día siguiente, Abby fue localizada por un avión australiano y recogida luego por el pesquero "Ile de la Reunion" en medio de un mar muy agitado. Finalmente, fue trasladada al patrullero "Osiris" que la llevó a La Reunión.
El encuentro de la muchacha con su hermano Zac, de 18 años, único miembro de su familia que vino a esperarla y que hace dos años efectuó una vuelta al mundo en vela, se produjo en privado, a bordo del navío que el muchacho pudo abordar antes que éste atracara.
Sonriente, vestida con una camiseta rosada y un suéter con capucha, la joven navegante fue acogida al bajar de la pasarela por el cónsul de Estados Unidos en las Islas Mauricio Peter Chisholm y por el director del CROSS, Philippe Museux.
La joven dio las gracias a las autoridades francesas y australianas, en particular a los marinos y a los pescadores que la socorrieron, y rechazó las críticas formuladas en Estados Unidos sobre el peligro que entrañaba su aventura en el Océano Índico en pleno invierno austral.
"Todos los marinos saben que siempre hay riesgos en cualquier parte en que uno esté. No se pueden eliminar, solamente reducir", dijo, recordando que siempre había vivido a bordo de un barco.
La muchacha también lamentó las críticas a su familia y en particular a su padre, instructor de vela. "Los que las hacen no saben de qué hablan. Mi familia siempre me alentó a cumplir mis sueños y esta aventura era la historia de un sueño", destacó, declarándose triste por haber perdido su barco.
En el futuro, la joven estadounidense no tiene más proyectos que "volver a casa, reunirme con mis padres, mis hermanos y hermanas", el último de los cuales nacerá en los próximos días, pues su madre dará a luz su octavo hijo.
En el futuro Abby cuenta con seguir recorriendo los mares. "Me gusta navegar, no pararé".