MADRID.- El Presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, negó hoy que tenga problemas de conciencia con la controvertida reforma laboral que ha impulsado su Ejecutivo y que ayer fue aprobada definitivamente en el Parlamento con los únicos votos a favor de su Partido Socialista (PSOE).
"No siento que haya traicionado mis principios con la reforma laboral", aseguró el jefe del Ejecutivo en una entrevista con la Cadena Ser, la primera que concede tras el inicio de un duro curso político para él.
La reforma del mercado laboral aprobada el jueves en el Congreso de los Diputados gracias a la abstención del Partido Nacionalista Vasco (PNV) facilita a las empresas el despido de los trabajadores.
Los dos grandes sindicatos del país, Comisiones Obreras (CCOO) y la Unión General de Trabajadores (UGT), han convocado una huelga general para el 29 de septiembre.
"La huelga me da respeto.Respeto a los sindicatos y a la fuerza social. Juegan un papel fundamental en el sistema democrático", dijo hoy Zapatero al respecto.
El líder socialista pidió tiempo a los sindicatos: "Lo razonable sería esperar al resultado" de la reforma, dijo.
No obstante, el jefe del Ejecutivo español dejó claro que no dará marcha atrás en la reforma del mercado laboral aunque el paro general del 29-S sea un éxito para los sindicatos.
"Deseo seguir la capacidad de diálogo con los sindicatos. Pero si me pregunta por la reforma laboral, mi decisión es mantenerla", aseguró durante la entrevista con la Cadena Ser.
"Con la reforma laboral que ayer aprobó el Congreso situamos nuestro modelo más cercano a lo que es el modelo europeo", indicó.
"Intentamos que se eviten despidos en el futuro a través de la flexibilización de las condiciones laborales" y que "haya más contratos indefinidos y menos contratos temporales", añadió.
Los cálculos del gobierno, según explicó, apuntan a que a finales de este año o a principios de 2011 se comenzará a crear empleo, "aunque sea poco a poco".
Zapatero también se refirió al duro plan de recortes aprobado antes del verano con el objetivo de rebajar el abultado déficit público de España, que cerró 2009 en el 11,2 por ciento.
"Efectivamente tuve que cambiar una política. En mi plan no estaba rebajar el sueldo a los funcionarios ni congelar las pensiones. Tuve que hacerlo porque si no, los mercados y nuestros acreedores podían poner en duda nuestra solvencia", admitió.
Ese plan de ajuste, según dijo, está dando resultados. "Desde que hemos aprobado todo este capítulo de reformas, la tensión sobre la deuda española se ha reducido considerablemente", señaló.
"A día de hoy no hay objetivamente necesidad. El plan del déficit se está cumpliendo", manifestó el jefe del Ejecutivo, que se mostró seguro de que España está en condiciones de recuperar la senda del crecimiento.