La declaración de los pandilleros fue vigilada por policías que llevaban sus rostros cubiertos.
ReutersQUEZALTEPEQUE.- En una insólita declaración, las conocidas "maras" salvadoreñas que han protagonizado violentos hechos delictuales en ese país centroamericano confirmaron una "tregua" con las autoridades, cuyo primer paso fue declarar "zonas de paz" a las escuelas.
Las pandillas de antisociales también afirmaron que pondrán fin al "reclutamiento involuntario de personas menores y mayores", afirmó Víctor Antonio García, jefe de la Mara-18, una de las dos principales bandas de El Salvador.
García y líderes del grupo rival, la Mara Salvatrucha, convocaron a la prensa en la prisión de Quezaltepeque, al norte de la capital, San Salvador.
Las "maras", organizaciones mafiosas que actúan como elementos de choque de grupos narcotraficantes que abastecen el mercado ilícito estadounidense, tienen unos 32 mil miembros, cerca de un tercio de ellos encarcelados.
La violencia con la que actúan ha convertido a El Salvador en el segundo país con la mayor tasa de homicidios en el continente americano.
Las pandillas también aplican extorsiones y participan en múltiples delitos.
La Mara 18 y la Mara Salvatrucha mantienen una "tregua" en sus enfrentamientos desde el 9 de marzo. En la inédita conferencia, tras un minuto de silencio "por las víctimas" de los enfrentamientos, García declaró que las escuelas salvadoreñas "ya no serán consideradas como zonas en disputa territorial, lo cual permitirá que alumnos y maestros puedan desempeñar sus actividades educativas con toda normalidad y los padres de familia se liberen de toda preocupación".
Rodeado por unos 200 pandilleros profusamente tatuados, el jefe delictual sostuvo que los anuncios forman parte de "un segundo gesto de buena voluntad" luego de la tregua y tienen "el propósito de confirmar nuestro compromiso de contribuir a la pacificación de El Salvador".
Las maras mantienen un constante asedio a las escuelas para reclutar estudiantes, incluso niños de 12 años, a quienes hacen ingresar de grado o por fuerza a sus filas.
Tras la pacificación, impulsada por el vicario castrense Fabio Colindres y el otrora comandante guerrillero y ex diputado Raúl Mijango, el promedio de homicidios diarios en El Salvador se redujo de 14 a 5, según fuentes policiales.
El ex diputado Mijango resaltó que el proceso "en poco tiempo le ha brindado la paz al país y desde que entró en vigencia la tregua le ahorró la vida a 438 personas".
Colindres, en tanto, sostuvo que el pueblo salvadoreño "debe acompañar" el acercamiento de paz entre las pandillas, que constituye "un esfuerzo serio para llevar la tranquilidad a este país".
El Presidente de El Salvador, Mauricio Funes, pidió el miércoles a los empresarios su apoyo para impulsar nuevas medidas para la prevención y erradicación de la violencia de las maras.
"Sí podemos frenar que siga habiendo más pandilleros, sí podemos frenar el reclutamiento que hacen los pandilleros en la medida en que les ofrecemos oportunidades a nuestros jóvenes", previó.
Dudas de analistas
No obstante, observadores del inédito proceso mantienen muchas dudas sobre sus consecuencias para la seguridad en El Salvador.
"No termina de convencerme que este arreglo entre pandillas alentado por la Iglesia Católica y con la luz verde del Gobierno sea la salida al problema y que se pueda sostener en el largo plazo", estima el profesor universitario Roberto Cañas.
A los cuestionamientos al proceso de distensión de las maras, por su "poca transparencia", se sumó el director del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana (UCA), Benjamín Cuéllar. "Preocupa la poca transparencia", aseveró.
"El Gobierno no se hace cargo de un proceso y lo atribuye a una iniciativa de la Iglesia, y con la represión del flagelo manda señales contradictorias con el peligro de un repunte de la violencia", señaló.